Hacia la próxima recesión: la economía española mejora ligeramente en octubre

Si bien los factores externos siguen débiles, la mejora de la demanda interna hace crecer la economía en octubre

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En septiembre, la economía española dio signos evidentes y alarmantes de desaceleración, con un importante pinchazo de los indicadores adelantados más importantes, básicamente el PMI de servicios, que es un indicador que elabora la empresa Markit Economics para muchas economías del mundo, y el índice de confianza del consumidor (ICC), que elabora actualmente el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Sin embargo, en octubre ambos indicadores han remontado con bastante solidez (especialmente el PMI), lo que unido a los buenos datos de empleo del mes —aunque este es un indicador retrasado ha hecho que vuelva a alejarse el fantasma de una recesión de la economía española, al menos de momento.

Como se ve, el PMI, que aparece en el gráfico junto al crecimiento del PIB, marca un crecimiento en el entorno de casi el 2,5% en términos anualizados en estos momentos, aumentando desde poco más del 1,5% del mes pasado, dato este último que de confirmarse desbarataría los Presupuestos del Gobierno para 2019 (que en cualquier caso todavía está por ver si se aprueban). Por lo tanto, buenas noticias tanto para el Gobierno como para la economía española.

Aunque de momento hay pocos datos nuevos en lo que respecta al comercio exterior desde la última actualización que escribí sobre la economía española, los datos del holandés CPB siguen marcando un debilitamiento del crecimiento del comercio mundial, que crece, según los últimos datos, al 2,6%, bajando desde el 4% de hace un año.

El segundo factor que está debilitando la economía española es el petróleo, que pese a las últimas bajadas sigue estando a precios mayores que hace un año, lo que supone una notable carga sobre nosotros.

Ambos factores hacen que el sector exterior español esté contribuyendo negativamente al crecimiento de la economía (-0,5% en el tercer trimestre), cuando en 2016 contribuyó con 0,8 puntos al crecimiento y en 2017, con 0,1 puntos.

Otros factores que inciden negativamente sobre nuestro crecimiento son la progresiva desaparición de las compras de deuda española por parte del BCE —en octubre, apenas aumentó la deuda española en su balance— y la mala evolución del turismo, que en septiembre ha encadenado por sexto mes consecutivo un mal resultado en lo que respecta al turismo exterior.

El tipo de cambio del euro está más o menos estabilizado, lo que está siendo neutral de cara a los factores externos a los que he hecho referencia.

Entonces, si todos estos factores negativos están confluyendo, ¿a qué se debe este súbito fortalecimiento de la economía española en octubre? A mi modo de ver, la respuesta hay que encontrarla en la evolución del nuevo crédito. Como se ve en la tabla del Banco de España, está creciendo a una notable tasa del 6,2%, lo cual supone nada menos que una inyección de unos 2.000 millones de euros en la economía española, cada mes, respecto al año pasado. Esto, en tasa anualizada, supone algo más de dos puntos del PIB.

Pero si vamos más allá, hay que preguntarse por qué los bancos están concediendo más crédito. A mi modo de ver, probablemente están actuando dos factores. El primero es que la banca está en un proceso de pérdida de miedo después de las altísimas tasas de morosidad de años anteriores. Estas tasas fueron en realidad mucho mayores que las oficiales por el inmenso esfuerzo hecho en renegociaciones para evitar tener que provisionar los créditos morosos, algo que hubiera puesto en situación de quiebra técnica a la mayoría del sector. Como se ve en el cuadro, las renegociaciones han ido bajando con muchísima fuerza, estando actualmente a menos de la mitad en el sector empresarial y a menos de la cuarta parte en el hipotecario particular respecto a fecha tan próxima como 2015.

Y por otra parte el mismo debilitamiento de la economía provocado por la evolución de los factores exógenos a los que he hecho referencia ha provocado que muchos agentes económicos —solventes— hayan acudido al crédito y por tanto provocado una parte indeterminada de esa expansión. Muchas veces, la economía actúa como una especie de organismo vivo en que el mal funcionamiento de una parte es equilibrado por el sobreesfuerzo de otra. Esto en biología recibe el nombre de homeostasis y en economía sopongo que estamos pendientes de asignarle un nombre, aunque lo más apropiado podría ser autorregulación. Por supuesto, todo tiene un límite, y si el problema progresa lo suficiente ya no habrá autorregulación que funcione y entonces veremos cómo se desencadena la crisis. Una crisis en que todos los problemas de nuestra economía volverán a aflorar con toda su crudeza.

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