El camino hacia una sociedad más igualitaria (I): desempleo

Primer artículo de una serie que analizará alternativas en política económica para conseguir reducir la desigualdad

Foto: El camino hacia una sociedad más igualitaria (I): desempleo. (EFE)
El camino hacia una sociedad más igualitaria (I): desempleo. (EFE)

Este es el primer artículo de una serie en que analizaré la forma de implementar políticas económicas con la finalidad de reducir la desigualdad existente en España. Partiré de dos premisas: la primera es que la sociedad española tiene margen para reducir de forma notable la desigualdad; la segunda es que existe un consenso en la sociedad española sobre que es deseable reducirla mediante la intervención pública, un consenso que no está ni mucho menos limitado a los votantes con ideología de izquierdas.

El soporte en España a las políticas sociales es muy sólido y de los mayores de Europa. Este apoyo más o menos transversal (aunque mayor entre las personas de ideología de izquierdas como es de esperar) a las políticas sociales y la extensión de este apoyo se pueden consultar en este trabajo. Aunque la campaña masiva para justificar los recortes entre 2010 y 2012 tuvo cierto impacto en las actitudes a este respecto, este parece haber sido transitorio y parece estar volviéndose a las actitudes previas a la crisis, en que existía un apoyo masivo entre los votantes hacia el Estado de bienestar excepto entre los más escorados a la derecha (que hoy día podríamos identificar con los votantes de Vox).

La primera premisa se basa en los datos de desigualdad publicados por Eurostat, en los que se usa el índice de Gini para evaluar cómo de desigual es cada país. Como podemos observar, España, dentro del entorno europeo, tiene una desigualdad medio-alta. Es decir, no es de los peores países, pero desde luego está muy lejos del grupo que podríamos tomar como referencia, formado por Francia, Bélgica, Austria y países nórdicos, todos ellos con índices de Gini entre cinco y ocho puntos menor que España. Desde luego no creo que sea razonable tomar como referencia ese grupo de países pobres como son Lituania, Letonia, Serbia, Rumanía y Bulgaria, todos ellos más desiguales, o un país decadente como Italia. Estos son los únicos países de Europa que son más desiguales que España y no deberíamos sentirnos orgullosos de pertenecer a este grupo.

Si representamos en un gráfico la evolución del índice de Gini en los últimos 25 años, vemos que en realidad ha variado muy poco desde 1995. Descendió ligeramente hasta 2007, luego ascendió hasta 2013, y después ha vuelto a descender hasta 2018, aunque sin recuperar los niveles de 2007. Con lo que mejor parece correlacionar este índice de desigualdad es con el desempleo, que es un factor tan potente para reducir o aumentar la desigualdad que enmascara el resto de factores, tanto aquellos que tienden a aumentarla como a disminuirla. Lo cual nos permite extraer una primera conclusión fundamental: la prioridad en política económica si queremos disminuir la desigualdad es reducir y, finalmente, acabar con el desempleo (excepto el inevitable paro friccional). Esto jamás debería desaparecer de ningún programa económico, siendo algo tan evidente que parece mentira que muchas veces nos olvidemos de ello.

El mecanismo por el que el bajo desempleo reduce la desigualdad no es solo que una persona sin ingresos o con ingresos muy reducidos pase a tenerlos, sino que un reducido desempleo es un arma fundamental para dotar de poder a los trabajadores a la hora de presionar para subir salarios. Aunque el fomento de la afiliación sindical y la existencia de unos sindicatos independientes es importante, en primer lugar su declive solo explica el crecimiento en EEUU y Reino Unido del 20 al 25% del incremento de la desigualdad, y en segundo lugar es muy probable que este efecto sea aún menor en países como España con tasas de paro estructural muy altas. Este es solo uno de los muchos ejemplos que irán saliendo y que demuestran que la desigualdad es un fenómeno extraordinariamente complejo y que solo una actuación coordinada en muchos frentes podrá optimizar los resultados, conduciendo a una reducción sustancial de esta. En este caso, la conclusión es que se debe fomentar la afiliación sindical y unos sindicatos independientes y fuertes, pero que es mucho más importante reducir el desempleo a niveles testimoniales.

España arrastra un elevadísimo desempleo estructural desde hace unos cuarenta años, y los sucesivos gobiernos han demostrado ser incapaces de hacernos converger con los países de nuestro entorno en niveles bajos de paro. Pero, ¿qué es lo que ha fallado? Y más importante aún, si sabemos lo que ha fallado, ¿hay algún partido que proponga políticas económicas que puedan llegar a solucionar este problema?

Las explicaciones sobre la singularidad española en cuanto a su elevadísimo desempleo han sido múltiples en las últimas décadas, tanto por parte de académicos españoles como extranjeros. Sin embargo, todos ellos han acabado tirando la toalla a la hora de encontrar correlaciones válidas y finalmente han acabado recomendando recetas clásicas como reducir la protección al empleo o pasar de convenios sectoriales a convenios a nivel de empresa, aunque sin ofrecer ninguna explicación a por qué esto debería funcionar si realmente estamos en una situación muy similar a la de otros países. Especialmente significativa es la publicación clásica de Blanchard y Jimeno (1995) en la que comparan la situación del mercado laboral portugués y español, uno con un desempleo bajo y el otro con un desempleo estratosférico, y terminan manifestando que no comprenden cómo en mercados laborales tan similares pueden existir tasas de paro tan dispares.

Sin embargo, sí que hay algunos trabajos que exploran otras posibilidades para explicar nuestra singularidad y que, a mi modo de ver, enfocan mucho mejor la cuestión, que sería la deficiente estructura empresarial española, con empresarios muy mal formados y por tanto una gran escasez de empresas de alto valor añadido.

En este punto, entraríamos de pleno en lo que es la teoría económica sobre el desarrollo, en la que no hay ni mucho menos consenso en cuanto al camino a seguir, por lo que hablamos de economía política con mayúsculas. Por ello, creo que es aquí donde los partidos de izquierdas deberían desmarcarse del consenso al uso entre el resto de partidos, que establece que serán la iniciativa privada y los mercados los que en cada momento encuentren las mejores posibilidades sobre qué hacer. Dado que llevamos 40 años esperando a que encuentren ese camino y seguimos padeciendo la lacra de un elevadísimo desempleo, está claro que ha llegado hace mucho tiempo la hora de explorar otras vías, algo a lo que los partidos de izquierdas parecen ser más sensibles pero que en realidad ha sido aplicado por todo tipo de partidos en otros países. A mi modo de ver, deberíamos seguir una senda similar a la marcada por estos países, de los cuales tenemos ejemplos muy estudiados, como son Corea del Sur, Taiwan, Finlandia, Israel o Canadá.

Parece que a los partidos políticos españoles les sigue costando asumir en sus programas esta necesidad de protagonismo del sector público

No obstante, los tiempos han cambiado y es ya más que evidente que las limitaciones impuestas a ciertos modelos de desarrollo por el cambio climático se irán extendiendo y será necesario adaptarnos a esos cambios El economista coreano Ha-Joon Chang, que conoce muy bien el ejemplo de éxito de Corea del Sur, ha escrito varios libros al respecto y destaca el importante papel que debe tener el sector público tanto en la financiación de las actividades productivas como en el fomento de la I+D empresarial y en la inversión directa del sector público en I+D. El papel del sector público en el nuevo entorno impuesto por el cambio climático es más importante que nunca, ya que se trata de una externalidad no recogida por los mecanismos de precios que rigen la economía de mercado. De alguna manera, parece que a los partidos políticos españoles les cuesta asumir en sus programas esta necesidad de protagonismo del sector público, tal vez por las implicaciones que pudiera tener de enfrentamiento con Europa por la legislación tan restrictiva que tiene la UE respecto a la intervención de este en la economía, algo puramente ideológico.

El europeísmo de estos dirigentes políticos está claro que necesita una actualización urgente, ya que parece a todas luces bastante más timorato que el de sus votantes. Estas actuaciones deberían contar con un consenso amplio de la mayoría de los partidos políticos, ya que se tratan de estrategias a largo plazo que tardan al menos una generación en dar sus frutos. Algo que no es tanto tiempo si tenemos en cuenta que ya llevamos dos generaciones con altísimas tasas de desempleo estructural. Estamos hablando desde luego de un Green New Deal para España, ambicioso y realista y que consiga que no nos descolguemos de una tendencia que a todas luces parece ya histórica.

Estamos hablando de un Green New Deal para España, ambicioso y realista y que consiga que no nos descolguemos de una tendencia histórica

Sí que vemos sin embargo propuestas de actuación, en este caso por parte de la izquierda, para limitar la oferta de trabajo rebajando la jornada laboral. A mi modo de ver, esta es una propuesta sumamente interesante, ya que utilizaría los propios mecanismos de mercado –en este caso del mercado laboral– con el fin de aumentar los salarios de equilibrio por una parte y por otra de reducir el desempleo. La única pega que se puede encontrar a esta propuesta es que, para implementarla, es necesario contar con margen en el sector exterior, en forma de superávit por cuenta corriente. Esto es así porque al incrementar el coste del factor trabajo habrá una cierta repercusión en el precio de los bienes y servicios producidos por las empresas y por tanto en las exportaciones. Del mismo modo, habría un aumento en las importaciones al incrementarse la renta disponible por la disminución del desempleo. Un superávit en el sector exterior es el caso de la economía española, por lo que tendría todo el sentido ir disminuyendo paulatinamente la jornada laboral mientras el sector exterior lo permita. Sería necesario que la reducción de la jornada fuera paulatina con el fin de permitir a las empresas adecuar sus precios a su nueva estructura de costes y que no suponga un 'shock' para estas.

El conjunto de estas medidas debería ser capaz de reducir de forma sustancial, en el plazo de unos años, el elevado desempleo estructural que arrastramos, y en el plazo de una generación, devolver la economía española a la normalidad en este aspecto. No pienso que exista oposición más que testimonial por parte de los votantes a unas medidas de este tipo y es solo la miopía de la clase política española la que permite que sigamos sumidos en esta situación, nefasta para la sociedad española en multitud de aspectos y, en lo que atañe a este artículo, para la desigualdad.

En próximos artículos seguiré analizando otro tipo de propuestas para reducir la desigualdad, que abarcarán diversos aspectos desde la política fiscal hasta el gasto social –incluyendo pensiones– pasando por la estructura salarial del sector público.

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