Covid-19 y la crisis de confianza en la ciencia
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Juan Carlos Barba

Gráfico de la Semana

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Covid-19 y la crisis de confianza en la ciencia

Una de las peores amenazas a que nos enfrentamos es la falta de apoyo a la ciencia por amplios sectores de la población

Foto: 'El sueño de la razón produce monstruos', de Francisco de Goya.
'El sueño de la razón produce monstruos', de Francisco de Goya.

'El sueño de la razón produce monstruos' es un grabado de Goya que tal vez sea uno de los ejemplos paradigmáticos de aquella revolución que en la mente de las personas se generó en Europa a lo largo del siglo XVIII y que condujo a lo que se conoció como Ilustración. El cambio que esta produjo en las sociedades de cultura europea, y en todas las demás progresivamente, provocó un viraje de una magnitud incomparable en la historia humana, siendo uno de sus máximos exponentes la ciencia y la confianza en los científicos.

Las decisiones importantes que atañían a la sociedad pasaron de ser arbitrarias, reveladas o fruto de la tradición a ser debatidas públicamente, probadas hasta donde era posible y consensuadas. Una vez más, el método científico y el sistema de publicación basado en la revisión por pares es una de las piedras angulares de nuestro mundo. Si bien este cambio nunca ha sido completo, sí que ha sido lo suficientemente importante como para que las consecuencias sean palpables por doquier y en todos los ámbitos de la vida humana y, aún más, de toda la biosfera.

Foto: EC.

Si bien el conocimiento humano dista mucho de ser completo —y con seguridad, nunca lo será— y nuestro mundo en cambio ha generado problemas nuevos en su camino en pos de resolver otros, no cabe duda de que hasta la fecha el balance ha sido positivo. La vida es más fácil, segura, sana y larga para amplísimos sectores de la población de lo que nunca pudieron imaginar la gran mayoría de personas que vivieron en el pasado. Afrontamos enormes crisis y retos, siendo probablemente el mayor de ellos la crisis medioambiental provocada por la búsqueda de la energía y la abundancia material.

Otra de las crisis que parecen provocadas por nuestro mundo global y en cambio ha sido la pandemia por el SARS-CoV-2 que venimos sufriendo durante este año 2020 (ver, por ejemplo, aquí), ya que la mayor interacción entre humanos, animales domésticos y animales silvestres parece facilitar la aparición de zoonosis como esta. Aunque estamos lejos de comprender en profundidad cómo funciona este nexo, está claro que solo la comprensión de este podrá facilitar la toma de medidas necesarias para minimizar estos riesgos de cara a futuro.

Foto: Los estudios aparentemente científicos o sociales no siempre tienen el rigor necesario. Foto: stavos/Flickr. (Licencia CC.)

Una de las preocupaciones fundamentales que han surgido entre los responsables de la salud pública durante esta pandemia ha sido la aparición de fuertes corrientes de opinión contrarias a la toma de las medidas oportunas para minimizar el impacto de esta. Muchas personas han ido elaborando diversas interpretaciones de las medidas de salud pública tomadas, que van desde ponerlas en cuestión aduciendo razones más o menos peregrinas con algún tipo de barniz científico hasta directamente achacar la toma de estas medidas a algún tipo de conjura para acabar con las libertades civiles. Los sociólogos han empezado a trabajar para comprender las razones de la aparición de estas corrientes de opinión y se ha llegado a conclusiones bastante interesantes.

En primer lugar, se ha encontrado que el principal predictor de si una persona se va o no a oponer a las medidas de salud pública es su falta de confianza en la ciencia (ver esta publicación alemana), lo cual resulta poco sorprendente. Yendo un poco más lejos, este otro trabajo encontró que el principal factor que predice el éxito de las medidas de lucha contra la pandemia es la confianza de la población en la ciencia. Una vez sabido esto, podemos profundizar en el perfil típico de las personas que manifiestan esta falta de confianza en la ciencia.

Foto: Foto: EFE

En EEUU, uno de los epicentros de este tipo de movimientos (antimascarillas, anticonfinamientos, etc.), es donde probablemente más se ha trabajado para tratar de comprenderlos. En este trabajo, por ejemplo, utilizando datos sobre el problema de salud pública que constituye el virus Zika, se encontró que la desconfianza hacia las agencias gubernamentales aumentaba notablemente según el perfil del votante iba siendo más conservador. Este trabajo responsabiliza en buena medida a la Administración Trump y las decisiones tomadas por esta en materia de salud pública (transmitiendo desconfianza, recorte de presupuestos) de la grave situación en EEUU y del reforzamiento de estas corrientes de opinión acientíficas. Sin embargo, esta otra publicación, que realiza un estudio estadístico a este respecto, no encontró evidencias de que Donald Trump haya reforzado la desconfianza en la ciencia entre los estadounidenses. Sí que, sin embargo, encontró un mayor escepticismo entre los hombres de clase trabajadora y las personas que viven fuera de las ciudades. Esta mayor incidencia del escepticismo entre los hombres también la encontró el estudio alemán citado al principio.

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Existen varias explicaciones posibles a esta diferencia de actitud frente a las instituciones científicas en función de la ideología. Este trabajo encontró que los países menos individualistas y con mayor uso de redes sociales para informarse confiaban más en la ciencia que los más individualistas y con menos uso de redes sociales para informarse. Así, tendría sentido que los votantes de derechas tuvieran una mayor desconfianza hacia las instituciones, ya que su ubicación en el eje individualismo-colectivismo se decanta claramente hacia el primero.

En España, una reciente encuesta ha encontrado que son los votantes del PP y Vox los más opuestos a un nuevo confinamiento. Aunque una explicación alternativa a un mayor individualismo de estos votantes sería simplemente que ahora tenemos un Gobierno de signo contrario, el discurso que encontramos en este tipo de personas parece entroncar con creencias más profundas que una simple circunstancia como que el PP o Vox estén ahora en la oposición al Gobierno central.

Foto: Los médicos que nieguen la pandemia serán investigados por sus respectivos colegios profesionales. (Foto: EFE)

Este otro trabajo encontró los mismos hallazgos de que las actitudes conservadoras, de ortodoxia religiosa y de ideación conspirativa están correlacionadas con una menor confianza en la ciencia.

El consenso de la literatura científica a este respecto (el cual lógicamente importará muy poco a quien es escéptico respecto de esta) es casi total, pero tal vez lo más preocupante de todo es el hallazgo de que la pandemia puede terminar revirtiendo la tendencia secular de la población a ir subiendo, o al menos manteniendo, altos niveles de confianza en la ciencia. Esto lo podemos ver en esta publicación.

Profundizando en esta última cuestión, resulta bastante aterrador pensar que, según vayan incrementándose los efectos colaterales del inmenso impacto en la biosfera que hemos visto en nuestro mundo desde hace 250 años, veremos aumentar la desconfianza hacia la ciencia, que es al fin y al cabo quien nos ha traído hasta aquí. Y resulta aterrador porque es evidente que solo un mayor y mejor conocimiento podrá darnos posibilidades de enfrentarnos con alguna garantía de éxito a los formidables retos globales que afrontará la Humanidad durante este siglo XXI. Esperemos que estos negros augurios, los mismos que reflejaba Goya en su grabado, no se cumplan.

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