¿Por qué fallamos al predecir el futuro tecnológico?

Cuando se trata de tomar decisiones, es fundamental poder predecir el potencial de la tecnología. Pero la investigación muestra que nuestra capacidad de predicción es limitada

Foto: Foto: EFE.
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Situémonos en noviembre de 2007. El primer Kindle de Amazon llega al mercado y se agota en pocas horas. Si eras de los que siempre buscaban los últimos 'gadgets', en los meses siguientes muy posiblemente hiciste todo lo posible para obtener uno. ¿Qué hacían los demás? Tal vez recordemos conversaciones con amigos que comentaban: nunca renunciaré a mis libros en papel; no me puedo imaginar leyendo en la cama en un 'gadget' de metal y plástico. Una década más tarde, puede que nuestros amigos todavía lean algún libro en papel, pero cada vez más prefieren contar con ese 'gadget'. Los libros electrónicos se han convertido en una realidad: sus ventas en 2013 sumaron alrededor de 4.500 millones de dólares en EEUU y 11.000 millones de dólares en el mundo, según PwC.

A nivel económico, la tecnología se encuentra entre los impulsores más importantes de la innovación. Y no solo eso, también es un agente de cambio en nuestras vidas. La tecnología enciende la chispa de lo nuevo. Tiene el potencial de generar nuevas ideas, nuevos procesos, nuevas formas de trabajar, nuevas formas de vivir. Por ello, el título de este blog es 'Ignición'.

Las tecnologías emergentes consideradas como sobrevaloradas están siendo subestimadas en cuanto a su potencial para impactar positivamente

Como directivos, empleados, padres y ciudadanos, sabemos que el impacto de las nuevas tecnologías es importante para poder tomar decisiones en nuestro trabajo y en nuestras vidas. Sin embargo, cuando se trata de hacer estas predicciones, a menudo nos quedamos cortos. ¿Por qué?

Sesgo negativo

La llegada y adopción de una nueva tecnología implica cambio, es inevitable. Para entender cómo podemos predecir el impacto que tecnologías como la inteligencia artificial o Blockchain pueden tener en un proceso comercial o en nuestro hogar, primero debemos entender la forma en la que gestionamos el cambio.

Aquí es donde las ciencias del comportamiento, que han experimentado una revolución en la última década, toman especial relevancia. Hallazgos de expertos como el Premio Nobel Daniel Kahneman dan luz sobre la psicología del cambio y cómo afecta a nuestro pensamiento.

Un usuario lee un libro electrónico en el metro. (Reuters)
Un usuario lee un libro electrónico en el metro. (Reuters)

Un hallazgo fundamental es que los aspectos negativos (costos, pérdidas, fallos...) tienden a tener un impacto psicológico negativo dos o tres veces mayor que los positivos (beneficios, ganancias, éxitos...), lo cual pone de manifiesto nuestro sesgo negativo. Por ejemplo, imagina que recibes un certificado para disfrutar de un fin de semana por valor de 1.500 euros. ¿Emocionado? Seguramente. Ahora imagina que al día siguiente te decimos: "Lo siento, ha sido un error, era para otra persona. Tienes que devolvernos el certificado". ¿Molesto? Por supuesto. La ciencia del comportamiento demuestra que las emociones negativas que experimentas al perder el regalo son mucho mayores que las emociones positivas que experimentaste al recibirlo.

Modelo 'gana-pierde'

Entonces, ¿cuál es la conexión con el cambio y con la adopción de nuevas tecnologías? Volvamos hacia atrás en el tiempo, a 2007, y pensemos en nuestro 'e-book'. Te encuentras cómodamente leyendo un libro en papel, te damos el 'e-book' y hablamos de las posibilidades de comprar varios libros 'online' y poder llevarlos todos y leerlos dónde y cuando quieras de forma más cómoda. Esto es cambio tecnológico en acción.

El cambio tecnológico a menudo trae consigo muchos aspectos negativos. Además del 'multiplicador psicológico' (ese impacto psicológico negativo mayor que el positivo), la ciencia del comportamiento también nos dice que, como humanos, se nos da mejor simular mentalmente los efectos negativos que los positivos. ¿Por qué? Porque los efectos negativos a menudo son reales, concretos e inmediatos, a diferencia de los efectos positivos. En este caso, es necesario imaginar los beneficios de una nueva tecnología que están por llegar y que, con frecuencia, son inciertos y abstractos en el futuro.

Una batalla mental

En nuestro proceso mental (muchas veces, una batalla) entre la adopción de una tecnología y nuestra manera de percibir el cambio, la tecnología a menudo es la perdedora. La nueva tecnología implica un cambio positivo y a la vez negativo, y para que abandonemos nuestra forma actual de pensar sobre la adopción de una nueva tecnología, los aspectos positivos tienen que superar con creces los aspectos negativos que percibimos.

En nuestro proceso mental entre la adopción de una tecnología y nuestra manera de percibir el cambio, la tecnología muchas veces es la perdedora

Esta misma dinámica de adopción de tecnología se aplica a la predicción. Por ejemplo, echa un vistazo a la cobertura mediática sobre inteligencia artificial. Encontrarás ávidos partidarios, pero a medida que la AI se adentra cada vez más en nuestras vidas, la percepción pública dominante es que la AI es una amenaza y que tenemos mucho más que perder que ganar: empleos, control, autonomía, seguridad personal... y la lista sigue.

Un mundo nuevo

Nuestra creencia es, en realidad, que muchas de las tecnologías emergentes consideradas como sobrevaloradas están siendo subestimadas en cuanto a su potencial para impactar positivamente en nuestro trabajo y nuestras vidas. Los aspectos negativos asociados a las tecnologías emergentes son claros: cambios costosos y emocionalmente difíciles en procesos actuales, preocupaciones sobre la invasión de tecnología en nuestros hogares y amenazas sobre la seguridad e integridad de la infraestructura y de los datos. Estos efectos negativos deben ser considerados y gestionados.

Sin embargo, la nueva tecnología prende y una vez prendida la chispa, rara vez hay vuelta atrás. Pensemos en tecnologías como las criptomonedas, Blockchain, los robots inteligentes y empáticos, 'internet of things', nanodispositivos, vehículos autónomos y dispositivos de mejora cognitiva.

Como tecnólogos, lo que podríamos aprender de las ciencias del comportamiento es que cuanto más nos acerquemos mentalmente a los aspectos positivos de las tecnologías emergentes —sus nuevos usos potenciales, sus beneficios potenciales, la experiencia del usuario—, mejor podremos predecir su impacto real.

Predecir el impacto de la tecnología y, como mínimo, tener en cuanta nuestro sesgo psicológico es exactamente lo que necesitamos hacer para tomar mejores decisiones, tanto como empleados, directivos, padres o políticos. De esto trata 'Ignición'. Esperamos que os unáis a nosotros mientras exploramos en futuros artículos las posibilidades que tienen las tecnologías para dar forma a nuestro futuro.

Ignición