¿Inteligencia artificial o humana?

En plena explosión del uso de la IA, la realidad es que montar estos sistemas resulta complejo, costoso y no se reciben los retornos imaginados en el tiempo esperado

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Cada vez más, distintas compañías aluden al uso de inteligencia artificial para mejorar sus procesos y la experiencia de sus consumidores. Desde recomendar una película, ayudarnos a hacer la compra, coches autónomos hasta mitigar riesgos en aeropuertos.... En este sentido, es necesario que dichos sistemas sean entrenados con ingentes cantidades de datos, de forma que sean lo más precisos posible. Además, los datos tienen que ser lo más imparciales posible si queremos que valgan para un amplio espectro de la población. Con el fin de entrenar estos sistemas, se ofrecen desde 'juegos' para identificar señales de tráfico, coches y carreteras para su utilización en coches autónomos hasta personas para replicar lo que la inteligencia artificial debería hacer, ¿y así poder replicarlo en un futuro?

Por otro lado, existe la necesidad de alinear los objetivos de estos sistemas con los objetivos que queremos conseguir. Una frase tan simple como “llegar al aeropuerto lo más rápido posible” puede significar que un humano tome el camino con menos tráfico, pero que un sistema que emplee inteligencia artificial nos lleve por rutas que nos provocarían malestar (en el mejor de los casos) o accidentes (en el peor).

Si bien estos sistemas deberían mejorar nuestras vidas, deberíamos pensar en nuestra privacidad y en nuestras identidades digitales

En plena explosión del uso de la inteligencia artificial, la realidad es que montar estos sistemas resulta complejo, costoso y no se reciben los retornos imaginados en el tiempo esperado. Es complejo en cuanto a su definición y requerimientos, costoso en cuanto al esfuerzo y no recibe los retornos imaginados, porque no siempre se pone al servicio de la resolución de un problema o aprovechamiento de una oportunidad.

Si bien estos sistemas deberían mejorar nuestras vidas, también nos crean incertidumbre respecto al futuro, y no solo a su efecto en puestos de trabajo: también deberíamos pensar en nuestra privacidad y en nuestras identidades digitales. Parece claro que todas aquellas tareas que resultan rutinarias y repetitivas en nuestros puestos de trabajo podrían ser sustituidas por sistemas basados en inteligencia artificial. Sin embargo, a fecha de hoy, existen algunos de estos casos en los que resulta más sencillo que los humanos imiten el comportamiento de las máquinas a que las máquinas imiten el comportamiento de los humanos.

En este último caso, existen compañías que imitan a 'chatbots' para agendar reuniones utilizando trabajadores en jornadas de 12 horas o para convertir mensajes de voz en mensajes de texto mediante personal contratado en 'call centers' con salarios, como mínimo, insuficientes. Aún más, recientemente salió a la luz el caso de una compañía que empleaba 'pseudo IA' para escanear los tiques en empresas, ya que eran sus empleados los que realmente hacían ese trabajo teniendo acceso a la información del personal de la empresa contratante.

Todavía queda bastante para que la inteligencia artificial elimine la necesidad de personas en muchas actividades

Todos ellos parecen contener los ingredientes necesarios para ser vistos como IA, especialmente cuando dichas prácticas no son transparentes (lo que ocurre en la mayor parte de los casos). Desde otra perspectiva, ¿estamos cómodos como usuarios cuando sabemos que no solo son sistemas sino también otras personas quienes tienen acceso a nuestra información (correos electrónicos, etc.)? ¿Cómo influyen estas prácticas en el debate actualmente abierto referente al uso de inteligencia artificial y a la desconfianza de la población en este sentido?

La inteligencia artificial, presente desde los años cincuenta, genera mucha discusión en la actualidad, aunque existe desconocimiento en cuanto a su definición y potencialidad. La utilización y el debate sobre el uso de estos sistemas deben incluir reflexiones éticas, no solo en cuanto al diseño de los mismos sino también en cuanto a la trasparencia de su uso, ya que podría llegar el caso en que no pudiésemos diferenciar si es un humano o una máquina quien pudiera estar ayudando psicológicamente a otra.

Parece que el estado actual del arte confirma que todavía queda bastante por delante para que estos sistemas eliminen la necesidad de personas en muchas actividades. Más bien parece que, hoy por hoy, nos resulta más sencillo emplear personas para que los imiten que hacerlos funcionar por sí mismos.

Ignición

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