La influencia global se desplaza al terreno digital

La carrera tecnológica está desplazando el conflicto geopolítico desde el ámbito público al ámbito privado. Trump, por ejemplo, ha adoptado una postura mucho más dura con China y con Huawei

Foto: Debate electoral en Nashville entre Donald Trump y Joe Biden. Foto: Reuters.
Debate electoral en Nashville entre Donald Trump y Joe Biden. Foto: Reuters.

En pocos días sabremos quién gobierna los EEUU durante los próximos cuatro años. Es difícil sobreestimar la importancia de estas elecciones en lo que respecta al orden mundial y la economía global, o mejor dicho, de cara a la seguridad internacional y la prosperidad de nuestras sociedades. Esto es especialmente relevante para Europa, que depende del vínculo transatlántico para el comercio y su seguridad.

Bajo la presidencia de Donald Trump, los EEUU no solo han mostrado una falta absoluta de interés en la gobernanza mundial, sino que incluso han erosionado las instituciones en las que esta se apoya. Han retirado el apoyo financiero a la ONU, obstaculizado la resolución de conflictos de la OMC y cuestionado y socavado la autoridad de la OTAN. Los poderes revisionistas han intensificado sus provocaciones, incrementando las campañas subversivas y avanzando en la erosión de nuestra competitividad mediante, por ejemplo, el espionaje industrial.

A esta deteriorado contexto se ha sumado el covid-19, que no ha hecho más que degradar la situación. El Partido Comunista chino ha avanzado sus posiciones militares y ha implantado nuevas leyes de seguridad en Hong Kong. La presidenta de la Comisión Europea Von der Leyen, de hecho, ha señalado a China como responsable de los ciberataques en hospitales y centros de investigación en Europa. Del mismo modo, el Kremlin ha movido ficha durante la crisis en Bielorrusia, con sus continuas injerencias para influir en las elecciones estadounidenses y con el envenenamiento de Alexei Navalny.

Que Apple haya superado el DAX30 evidencia cómo Europa se está quedando rezagada y por qué está luchando por conseguir su 'soberanía tecnológica'

La pandemia ha evidenciado la importancia del ámbito digital en la contienda por la influencia global. Uno de los hitos más interesantes, aunque relativamente poco notorio durante la crisis del covid-19, fue el hecho de que dos empresas privadas decidieran cómo se iban a utilizar 3.200 millones de smartphones en todo el mundo para el rastreo de infecciones. Ni siquiera los estados más poderosos de Europa (Alemania y el Reino Unido) fueron capaces de implementar sus propias soluciones tecnológicas y acabaron rindiéndose ante los protocolos descentralizados de Apple y Google para sus apps de 'contact-tracing'.

En enero, el valor de capitalización de Apple superó la de todo el DAX30, las 30 empresas más grandes de Alemania. La economía alemana es la cuarta más grande del mundo y la más grande de Europa. El hecho de que Apple haya superado el DAX30 evidencia cómo Europa se está quedando rezagada y por qué está luchando por conseguir su 'soberanía tecnológica' y por convertirse en un 'actor digital relevante a nivel mundial'. Pese a que esta estrategia es la adecuada, hasta ahora no se han visto grandes avances. Como muestra de ello, las empresas europeas recibieron únicamente el 11% del capital riesgo mundial en 2016, y en 2018 contaban con solo cuatro de las 100 principales empresas de inteligencia artificial.

La carrera tecnológica está desplazando el conflicto geopolítico desde el ámbito público al ámbito privado. La administración Trump ha adoptado una postura mucho más dura con China, y con Huawei en particular. Una muestra de ello es que en los últimos meses, EEUU ha dejado de suministrar materiales semiconductores a Huawei, mermando significativamente su capacidad para fabricar smartphones y equipamiento para las redes móviles. Esto pone de manifiesto que la competencia global ya amenaza incluso a las empresas privadas que se limitan a producir componentes tecnológicos.

Las grandes empresas tecnológicas representan ya la infraestructura física a través de la cual accedemos a Internet. Su modelo de negocio se basa en el control y la explotación de los flujos de información, es decir, en la recolección y análisis de la mayor cantidad de datos posible para maximizar el contenido que tiene más probabilidades de interesar al usuario. Esto es fantástico cuando uno quiere encontrar videos divertidos de gatitos, pero empieza a ser peligroso cuando se convierte en la piedra angular del debate democrático.

Incluso si el candidato demócrata Joe Biden gana las elecciones, el conflicto tecnológico y comercial global está lejos de ser solucionado

Este modelo resulta especialmente vulnerable frente a ataques por parte de actores nacionales, como ya demostró el caso de Cambridge Analytica, o por parte de agentes externos, como los servicios de inteligencia rusos y chinos. Aun así, las tentativas extranjeras palidecen ante la propia desinformación impulsada por Trump y las recientes amenazas de que no aceptará el resultado de las elecciones. Si queremos reparar el ámbito de la información, debemos elevarlo a la categoría de bien público y dotarlo de un apoyo legislativo adecuado, así como protegerlo de la influencia de actores externos.

Incluso si el candidato demócrata Joe Biden gana las elecciones, el conflicto tecnológico y comercial global está lejos de ser solucionado: existe un amplio consenso político para endurecer las medidas contra China y un importante respaldo popular para seguir implantando barreras comerciales y aranceles. Y es que la pandemia va a acelerar la protección de las cadenas de suministro, componentes y materias primas y va a redefinir los flujos comerciales y productivos durante los próximos años.

En la periferia de todo esto, la UE lucha por encontrar su rol estratégico y mejorar su competitividad digital. Esto indudablemente pasará por crear un verdadero mercado único digital, realizar inversiones cuantiosas en tecnologías relevantes y crear un ecosistema financiero que apoye a las empresas europeas y evite que estas sean adquiridas por compañías extranjeras. Necesitamos apoyar a las universidades europeas para que consigan atraer talento internacional y así aumentar su capacidad de transferencia de conocimientos, algo que las grandes universidades estadounidenses ya hacen con bastante más acierto. La seguridad y la prosperidad de Europa a largo plazo están amenazadas. La reelección de Trump no mejoraría esta situación y seguramente añadiría una capa adicional de imprevisibilidad. Queda por ver si un ejecutivo liderado por Biden sería capaz de corregir estas tendencias.

Oscar Jonsson es director académico del Center for the Governance of Change de IE University y doctorado en Estudios Bélicos en el King's College de Londres.

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