Más empresas, menos paro

Los Gobiernos no crean puestos de trabajo. No es su función. Los puestos de trabajo los crean las empresas: grandes y pequeñas, incluyendo a los empresarios individuales o autónomos

Foto: Más empresas, menos paro

La bajada del número de parados en marzo (-60.214 personas) y el aumento del número de afiliados a la seguridad social (+160.579 nuevas afiliaciones), pese a ser una buena noticia, no evitan que el drama del paro siga siendo la principal losa de nuestra economía.

En este año electoral, todos los partidos políticos centran una parte relevante de su discurso en el problema del paro. Algunos hasta cuantifican los empleos que se crearían si se aplicaran sus recetas económicas, pero ninguno parece ir a la raíz del problema: los Gobiernos no crean puestos de trabajo. No es su función. Los puestos de trabajo los crean las empresas: grandes y pequeñas, incluyendo a los empresarios individuales o autónomos. El cometido de cualquier Gobierno debe ser propiciar las condiciones adecuadas para fomentar, por un lado, la creación de empresas, y por otro, facilitar la contratación de trabajadores por parte de las mismas.

Aunque sea una obviedad, sin empresarios no hay empresas, y sin empresas no hay creación de puestos de trabajo posible. Lamentablemente, hoy en día la imagen del empresario está injustamente denostada, ignorándose la existencia de millares de ellos, anónimos, que luchan honradamente día a día por sacar adelante sus negocios y los puestos de trabajo asociados a los mismos. 

Cuando se habla de empresarios suele asociarse a la imagen de los responsables de las grandes empresas consolidadas y con elevados beneficios. Se ignora que, salvo en el caso de las empresas herederas de los antiguos monopolios u oligopolios o de aquellas cuyos ingresos están muy asociados a los presupuestos públicos, el camino hasta convertirse en una compañía de éxito y rentable ha sido un proceso largo y lleno de momentos de incertidumbre. Adicionalmente, la mayoría de las empresas en España son de reducida dimensión, en las que el empresario incluso arriesga su patrimonio personal con tal de sacarla adelante.

Si la tasa de natalidad empresarial no aumenta, es decir, si no se crean más empresas de las que se destruyen, será difícil que se generen suficientes puestos de trabajo como para mitigar considerablemente el drama del paro. Ahora, para no utilizar la palabra empresario, se ha puesto de moda el término “emprendedor”. Es un término de momento inmaculado, sin la connotación negativa del otro. Quien decide emprender o montar una empresa, bien por vocación, bien por necesidad al haberse quedado fuera del mercado de trabajo y no tener otra opción, no tiene garantizado un nivel mínimo de ingresos. La incertidumbre es una característica de la actividad empresarial. Cuanto más elevados sean los costes laborales adicionales a los sueldos (seguridad social a cargo de la empresa y retenciones fiscales), y cuantas más trabas existan a la posible finalización de la relación laboral, menos incentivos tendrán las empresas, especialmente las de menor dimensión, para contratar personal. 

Existe unanimidad en catalogar el paro como el mayor problema económico de España. Ojalá exista también unanimidad en aceptar lo obvio: sin empresarios no habrá empresas, y sin empresas no habrá más puestos de trabajo. 

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