Fase de “wall of worry”: cuando las subidas son verticales

En mi opinión, la renta variable americana -la de mayor capitalización mundial- está inmersa en la fase de mercado llamada “wall of worry” (en castellano “muro

En mi opinión, la renta variable americana -la de mayor capitalización mundial- está inmersa en la fase de mercado llamada “wall of worry” (en castellano “muro de preocupación”). Puede que la expresión “muro de preocupación” suene rara pero, para entenderla en todo su sentido, tenemos que describir cuáles son las fases típicas de una corrección de mercado.

La regla general es que todo movimiento secundario alcista (duración aproximada entre 2 y 10 meses) hace “techo” en un momento de descarado optimismo o incluso de euforia. Cuando el optimismo invade los mercados, la renta variable se encuentra en su punto de máxima debilidad técnica, ya que, cuando todos son optimistas, significa a la vez que no queda casi nadie por comprar y ver mayores subidas se vuelve altamente improbable. Es en medio de este optimismo que el mercado hace una corrección que,  a diferencia de otras correcciones menores, toma mayor entidad y se convierte en un movimiento secundario legítimo.

Los movimientos secundarios bajistas se desarrollan de manera muy veloz, creando muchas veces auténtico terror. Esa es la naturaleza del mercado. Tras el primer retroceso que tiene lugar inmediatamente después de la fase de optimismo, llega siempre el pánico y el final del pánico lo llamamos fase de claudicación. Una fase de claudicación se describe fácilmente como la fase en que la mayoría “tira la toalla” y vende al precio que sea porque teme perder su inversión. Típicamente ese es el momento en que el mercado hace suelo o establece una zona de soporte.

Este tipo de caídas violentas, aunque suelen ser breves, acaban marcando la psicología de los operadores durante mucho tiempo. A mi me gusta explicar lo que ocurre en el mercado durante los siguientes meses con la analogía de perder un familiar. Perder un ser querido es un proceso doloroso y traumático y nos cuesta mucho tiempo -tal vez muchísimo- aceptar la nueva realidad y seguir adelante con nuestras vidas. En los mercados ocurre igual. Tras una violenta caída, la mayoría tiende a pensar que la primavera no volverá o que  la última caída es la peor caída de todos los tiempos y no hay esperanza para un nuevo mercado alcista.

Sin embargo, la vida continúa y como el pánico ha hecho vender a todas las manos débiles resulta que, paradójicamente, tras la fase de claudicación el mercado se encuentra en su punto de mayor fortaleza técnica. Si todos los que tenían que vender han vendido y nadie aparece para forzar más caídas, al mercado, simplemente, le cuesta horrores caer.

Lo que suele pasar tras esta fase de máximo pesimismo es que el mercado consume mucho tiempo estabilizándose. No cae porque una gran mayoría es bajista y no queda casi nadie por vender. No sube porque no aparece una masa compradora. Y así la fase de miedo máximo da lugar a la fase de estabilización. Esta fase es la fase de la desidia. El bajista ve que pasa el tiempo y su posición no genera beneficios adicionales. El alcista compra con la esperanza de haber comprado una ganga pero lo único que observa son pequeños rallies de corta duración que no van a ningún lado.

Como los bajistas aún están al mando del mercado en esta fase, lo que solemos escuchar  tras un nuevo recorte es aquéllo de “el mercado está a punto de desplomarse” y, cuando hay un rebote, lo que escuchamos es lo de “solo es un rebote técnico antes de la gran caída”. Pero el mercado, como dijimos, se encuentra en un punto de fortaleza técnica y basta un ligero cambio de dirección en las condiciones macroeconómicas para que uno de esos “rebote técnicos” vaya más allá y se convierta en un rally con todas las de la ley.

El principio de este rally siempre se produce en medio de una fuerte negación por parte de la mayoría bajista y por un renovado optimismo por parte de los alcistas. En esta fase de negación el mercado continúa volátil y los vaivenes están asegurados. Hasta aquí, típicamente veremos un tercio de lo que será el movimiento secundario alcista. Este primer tercio volátil del rally, poco a poco se estabiliza y, da lugar a la fase llamada “wall of worry” o “muro de preocupación”. Es el segundo tercio del movimiento secundario alcista.

Esta fase se caracteriza porque se produce un extraño consenso entre alcistas y bajistas: ambos son bajistas o pesimistas a corto plazo. El acérrimo bajista piensa que “el rally es ficticio” y algo así como un error que pronto se subsanará. El alcista deja crecer en su interior la idea de “esto ha ido demasiado lejos demasiado rápido y es necesario un sano retroceso”. ¿Y qué ocurre? que el mercado, en palabras de Ken Fisher, es un “gran humillador” y gusta de engañar a la mayor parte de la gente la mayor parte del tiempo. De esta manera, cuando en medio de un rally, tanto el alcista como el bajista no dan crédito a mayores subidas, el mercado continúa subiendo de manera vertical y sin apenas correcciones hasta alcanzar la fase de optimismo o último tercio del rally.

Como se puede entender, la expresión “subir el muro de preocupación” viene de todo esto. El mercado sube en medio de la incredulidad general. Y a mayor la incredulidad mayor la subida y menores las correcciones. Los bajistas o pesimistas, empiezan a decir a viva voz que el optimismo es extremo. Sin embargo cuando se escucha en muchos sitios alertas de “extremo optimismo” significa que en realidad hay incredulidad y escepticismo. El optimismo o la euforia real nunca se dan cuando se oyen esas alertas de extrema alegría. No. El optimismo y la euforia siempre se da en un ambiente en que las subidas se creen seguras por una mayoría y cuando los pesimistas han tirado la toalla y callan humillados, callan tanto que no se escucha a nadie diciendo que hay mucho optimismo. Ese es el momento en que el mercado se vuelve peligroso.

¿Por qué funciona el “wall of worry”? porque mientras los bajistas públicamente dicen que el rally es ficticio, en privado están cerrando posiciones perdedoras forzando el mercado a ir mucho más arriba. Y a su vez, como hay mucha incredulidad con las subidas todavía no hay una masa alcista madura y, por tanto, hay mucha gente fuera del mercado con mucho dinero para seguir comprando que se animarán a comprar más y más a medida que los precios continúan escalando. Por todo esto, las correcciones son mínimas y las subidas verticales.

Y ésta es la fase en la que en mi opinión nos encontramos. Como todo en esta vida, no hay certezas sino probabilidades. Pero apostaría a que mientras exista todo este pesimismo la subidas pueden continuar.

Hugo Ferrer es CEO de Ferrerinvest

La Opinión Contraria
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