La pobreza y la desigualdad caen en España

Este dato pone de manifiesto que la recuperación económica ya está llegando a prácticamente todos los estratos de la sociedad

Foto: Un activista protesta contra los deshaucios en 2012. (EFE)
Un activista protesta contra los deshaucios en 2012. (EFE)

La desigualdad y la pobreza cayeron en España a lo largo de 2017. El titular no ha copado tanto espacio mediático como lo hicieron los incrementos de ambos indicadores durante años precedentes, pero reviste la misma importancia. Acaso más porque pone de manifiesto que la recuperación económica ya está llegando a prácticamente todos los estratos de la sociedad y, por tanto, abre un halo de esperanza para aquellos españoles que no acababan de ver la luz al final del túnel.

Primero, de acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida del año 2017, la renta media por persona ha aumentado hasta los 11.074 euros anuales: la más alta en términos nominales desde 2010 (y desde 2011 en términos reales). Los mayores incrementos se produjeron, además, entre los españoles con menores ingresos: el límite inferior del segundo decil de la población española (es decir, los ingresos mínimos del segundo 10% más pobre de España) crecieron un 4,7% en términos nominales; los del tercer decil, un 5,9% y los del cuarto, un 5,1%. Frente a ello, los del octavo y noveno decil se expandieron un 4%, y los del décimo, un 2,8%. Así pues, no es solo que la renta media crezca, sino que además lo hace especialmente porque los ingresos de los que menos ganan se expanden con más fuerza que los de quienes más ganan.

Los ingresos de los que menos ganan se expanden con más fuerza que los de quienes más ganan

Segundo, como consecuencia de lo anterior, el porcentaje de españoles que se ubican por debajo del umbral de pobreza (relativa) ha caído desde el 22,3% al 21,6% (y eso que el umbral de pobreza ha aumentado desde los 8.209 euros anuales a los 8.522), su nivel más bajo desde 2013. La caída —de casi cuatro puntos— ha sido especialmente intensa entre los parados, el colectivo que sigue explicando las altas tasas agregadas de pobreza relativa (la tasa de pobreza entre parados es del 44,6%, mientras que, entre ocupados, es del 14,1%, lo que pone de manifiesto que la principal vía para reducir la pobreza relativa es crear empleo).

Tercero, también como consecuencia del primer punto, la desigualdad de ingresos se ha reducido dentro de nuestra economía: el índice Gini de renta cae cuatro décimas (desde 34,5 a 34,1) hasta su menor nivel desde 2013.

En suma, la desigualdad disminuye porque los más pobres están mejorando relativamente más que los más ricos. En sentido inverso, a lo largo de toda la crisis (2008-2017), la desigualdad ha aumentado porque los ingresos de los más pobres han caído relativamente más que los ingresos de los más ricos, si bien todos han perdido con la crisis en términos reales: la renta mínima del segundo decil ha caído un 17,7%, la del tercer decil un 10,2% y la del cuarto decil un 8,8%; frente a ello, la renta del octavo decil ha menguado un 4,5%, la del noveno un 2,4% y la del décimo, un 4,5%.

Cuarto, el aumento de ingresos en todos los sectores de la población, pero especialmente entre los más pobres, no sólo ha contribuido a reducir la desigualdad y la pobreza relativa, sino también la pobreza absoluta medida en función del número de necesidades básicas insatisfechas entre la población. Así, el porcentaje de españoles que sufrieron de carencia material severa cayó del 5,8% al 5,1%, su nivel más bajo desde 2011.

El porcentaje de españoles que sufrieron de carencia material severa cayó del 5,8% al 5,1%, su nivel más bajo desde 2011

De hecho, en algunos de los marcadores de carencia material severa ya estamos mejor que antes de la crisis: los españoles que no pueden permitirse unas vacaciones son el 34,3% (mientras que en 2008 era el 36,2%); los que no pueden comprar un automóvil son el 4,7% (frente al 5,9% de 2008) y los que no pueden adquirir un ordenador personal son el 5,1% (en 2008 eran el 8,9%).

En otros marcadores de pobreza absoluta, en cambio, hemos mejorado apreciablemente pero todavía no hemos escapado de la crisis: el porcentaje de españoles que no puede mantener una adecuada temperatura en el hogar (“pobreza energética”) cae desde el 10,1% al 8%, su mejor dato desde 2012; los que no pueden afrontar gastos imprevistos caen desde el 38,7% al 36,6%, su nivel más bajo desde 2009; y los que sufrieron retrasos en los gastos del hogar (hipoteca, alquiler o suministros) minoraron desde el 9,8% al 8,8%, su nivel más bajo desde 2011.

El único dato abiertamente negativo de toda la Encuesta de Condiciones de Vida es el porcentaje de españoles que no pueden permitirse comer carne o pescado cada dos días, el cual se incrementa del 2,9% al 3,7%. El indicador casa mal con todos los restantes que componen la Encuesta, así que habrá que vigilarlo de cerca durante los próximos años para averiguar si se trata de un repunte aislado (en 2006, en pleno auge económico, aumentó del 2,5% al 3,8% para volver a descender al 2,4% en 2007) o si se trata de un problema mucho más persistente (que podría indicar, por ejemplo, que la recuperación económica está alcanzando a cerca del 95% de la población, pero no a su tramo más extremadamente pobre).

En cualquier caso, la Encuesta de Condiciones de Vida del año 2017 muestra que la recuperación sí está alcanzando a la inmensa mayoría de “la gente” y que no se está concentrando en “la casta”, al contrario de lo que algunos partidos continúan repitiendo todavía hoy. Todo lo cual no quita, claro, para que el fuerte crecimiento que seguimos experimentando pudiera ser mucho más inclusivo de lo que ya es con otro marco institucional: pero para ello necesitamos de reformas estructurales dirigidas a mejorar el funcionamiento del hiperregulado mercado de trabajo y del torpemente planificado sistema educativo.

Laissez faire

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