¿Ya no quiere el PSOE acercarnos a Suecia o Dinamarca?

Para acercarnos a las socialdemocracias nórdicas, deberíamos aumentar los impuestos sobre el trabajo y el consumo al tiempo que rebajamos la tributación corporativa y patrimonial

Foto: María Jesús Montero, ministra de Hacienda. (EFE)
María Jesús Montero, ministra de Hacienda. (EFE)

Durante mucho tiempo, el PSOE (y no solo el PSOE) ha propalado ante los ciudadanos que su aspiración es que España se vaya acercando a las socialdemocracias más avanzadas de Europa: más en particular, a los afamados países nórdicos. A la postre, Suecia, Dinamarca o Finlandia constituyen La Meca de la socialdemocracia: países con Estados gigantescos que han logrado compatibilizar un fuerte y sostenido crecimiento económico con una intensa redistribución de la renta que ha reducido significativamente los índices de desigualdad.

Sucede que, a la hora de la verdad, muchas de las políticas que impulsan los socialistas tienen bien poco que ver con aproximarnos a las socialdemocracias nórdicas. Tomemos, si no, las recientes declaraciones de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en un curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo: allí, la titular del fisco español manifestó que la contribución de la riqueza a los ingresos públicos patrios resulta diminuta y abogó por relegitimar figuras fiscales como el impuesto sobre sucesiones y el impuesto sobre el patrimonio, así como revisar al alza tributos como el de sociedades (aun cuando este no sea un ejemplo de fiscalidad sobre la riqueza si no sobre la renta). Pero lo cierto es que la estructura fiscal de los países nórdicos tiene bastante poco que ver con la preconizada por Montero.

Empecemos con el impuesto sobre sociedades: mientras que España grava los beneficios corporativos a un tipo impositivo nominal del 25%, Suecia los penaliza al 22%, Dinamarca también al 22% y Finlandia al 20%. Acaso pensemos que la trampa se halle en las distintas deducciones, bonificaciones y exenciones presentes dentro de la ley tributaria española (de modo que las empresas terminen pagando mucho más en el norte de Europa de lo que abonen en nuestro país). Pero no: el tipo medio efectivo por sociedades es del 24,8% en España, del 19,8% en Suecia, del 19,5% en Dinamarca y del 19% en Finlandia. Por consiguiente, para acercarnos a las socialdemocracias nórdicas, no hemos de subirles los impuestos a las empresas sino bajárselos.

Algo similar acaece con la tributación que recae sobre la riqueza, muy significativamente en relación con el impuesto sobre el patrimonio y sobre sucesiones; esas dos figuras impositivas a las que Montero propone dotar de una mayor potencia recaudatoria. De entrada, España es el único país dentro de la Unión Europea donde el patrimonio sigue siendo gravado: por tanto, ni en Suecia, ni en Finlandia ni en Dinamarca existe este tipo de gabela. A su vez, en Suecia tampoco existe impuesto sobre sucesiones, mientras que en Dinamarca y en Finlandia lo gravan con unos tipos máximos de entre el 15% (Dinamarca) y el 19% (Finlandia): comparen tales exacciones con el tipo marginal máximo del 32% en Cataluña, del 34% en la Comunidad Valenciana o del 36,5% de Asturias.

Nuevamente, acaso se piense que los países nórdicos gravarán el patrimonio mediante otro tipo de impuestos no presentes en España y que, al final, la presión que recae sobre la riqueza será muy superior en el norte europeo que en nuestro país. Pero no: la recaudación por impuestos sobre la propiedad asciende en España al 2,7% del PIB, frente al 2,5% de Dinamarca, 1,6% de Finlandia y el 1,2% de Suecia (si bien este indicador no me entusiasma para medir la presión fiscal efectiva, es de los pocos que tenemos disponibles al respecto). Es decir, los países nórdicos no gravan la riqueza más que España, sino menos: por tanto, cuando Montero defiende relegitimar estas figuras impositivas está promoviendo alejarnos de las socialdemocracias nórdicas, no asimilarnos con ellas.

La ministra socialista de Hacienda, en cambio, centra sus obsesiones fiscales en cargar contra las empresas y contra los ricos

Pero si Suecia, Dinamarca y Finlandia no obtienen el grueso de sus ingresos tributarios ni de los impuestos sobre las empresas ni de los tributos sobre la riqueza, ¿cuáles son sus principales fuentes recaudatorias? Por un lado, sus elevados impuestos sobre los salarios (y sobre todos los salarios, no solo los más altos) y, por otro, una onerosísima fiscalidad sobre el consumo (el tipo medio efectivo sobre el gasto en consumo es del 15,9% en España, frente al 27,5% de Finlandia, el 28% de Suecia y el 30,7% de Dinamarca).

En definitiva, para acercarnos fiscalmente a las socialdemocracias nórdicas deberíamos aumentar los impuestos sobre el trabajo y sobre el consumo al tiempo que rebajamos la tributación corporativa y patrimonial. La ministra socialista de Hacienda, en cambio, centra sus obsesiones fiscales en cargar contra las empresas y contra los ricos. No, por ese camino el PSOE no va a conseguir asemejarnos ni a Suecia, ni a Dinamarca ni a Finlandia, sino que va a lograr asemejarse a sí mismo con el populismo de izquierdas a la Podemos.

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