La doble trampa de Sánchez a los pensionistas

Sánchez tan solo constituye la (pen)última manifestación de esta obscena propaganda política dirigida a engañar a los pensionistas para apropiarse de su voto

Foto: El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto en Jaén. (EFE)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto en Jaén. (EFE)

El candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, ha entrado en campaña electoral mercadeando con las pensiones: “Este mismo mes de diciembre, actualizaremos las pensiones de 2020 en torno al IPC real”. Se trata de una petición recurrente entre ciertos colectivos de pensionistas: derogar el índice de revalorización de las pensiones —que limita la actualización de estos ingresos a un 0,25% anual mientras los gastos de la Seguridad Social superen sus ingresos— para volver a vincular las rentas de los pensionistas al IPC. Albricias. ¿Acaso los pensionistas pueden cantar victoria? No lo parece. El anuncio de Sánchez contiene una doble trampa: en el corto plazo, no está prometiendo nada verdaderamente sustancial; en el largo plazo, sigue manteniendo el mismo compromiso vacío de ocasiones anteriores.

Primero, cuando Sánchez anuncia que revalorizará las pensiones de 2020 de acuerdo con el IPC real, lo que está afirmando es que, por un lado, incrementará en diciembre de 2019 las pensiones según su previsión de inflación para 2020 y, por otro, que en noviembre de 2020 compensará a los pensionistas por cualquier error de cálculo en su estimación. ¿Y qué estimación de inflación tomará el Gobierno para el próximo año? No lo sabemos, pero debería ser muy baja. La inflación interanual hasta septiembre apenas asciende al 0,1% y, si la economía sigue desacelerándose durante los próximos meses, será complicado que la inflación se dispare. De hecho, en diciembre de 2018, el Gobierno revalorizó las pensiones un 1,6% de cara a 2019, pues pensaba que esa iba a ser la inflación de este año: la realidad, como decimos, es que de momento los precios solo han subido un 0,1%, de modo que lo lógico sería que los pensionistas devolvieran la diferencia entre la inflación prevista y la real. Evidentemente no lo harán, pero habida cuenta del muy reciente y muy caro error de cálculo del Ejecutivo, el porcentaje de subida aplicado de cara a 2020 debería ser muy modesto.

Segundo, Sánchez continúa prometiendo genéricamente que quiere ligar las pensiones al IPC, pero no explica cómo quiere lograrlo. Sin ir más lejos, en un reciente informe del Banco de España (que ya tuvimos ocasión de comentar el lunes pasado), el organismo estimaba que el gasto en pensiones se dispararía más de tres puntos del PIB en el año 2050 en caso de que lo reindexáramos al IPC.

Revalorización de las pensiones al IPC.
Revalorización de las pensiones al IPC.

Esta brecha, superior a tres puntos del PIB, no es una brecha en absoluto sencilla de financiar, pues equivale a aproximadamente la mitad de la recaudación anual del IVA. De hecho, si Sánchez pretendiera realmente cubrirla con ingresos adicionales para volver sostenible el sistema público de pensiones… ¡no necesitaría cargarse el índice de revalorización de las pensiones! Recordemos que este indicador únicamente limita el alza de estos ingresos al 0,25% anual si los gastos de la Seguridad Social superan los ingresos: en caso de que sean los ingresos los que superen los gastos —como debería suceder si el PSOE realmente quisiera elevar las pensiones según el IPC de un modo financieramente sostenible—, entonces el índice de revalorización no solo autoriza a elevar las pensiones de acuerdo con el IPC —o incluso por encima del IPC—, sino que impone esa elevación de un modo automático. Por tanto, si Sánchez no explica cómo sufragar semejante medida y si, para más inri, aboga por cargarse sin necesidad alguna el índice de revalorización, es que en el fondo no pretende reformar la Seguridad Social para que las pensiones se actualicen de manera sostenida al IPC: como mucho, aspirará a repartir entre los pensionistas algún aguinaldo electoralista a costa de endeudar a los contribuyentes traspasando el resultante agujero financiero a los gobiernos venideros.

En definitiva, por mucho que nuestra casta política simulara crear el Pacto de Toledo para rechazar la instrumentación política de las pensiones, con el paso de los años todos han terminado arrojándoselas a la cabeza. No es de extrañar: los pensionistas constituyen un caladero de casi 10 millones de votos que resulta demasiado tentador para nuestros prohombres sedientos de poder. El candidato Sánchez tan solo constituye la (pen)última manifestación de esta obscena propaganda política dirigida a engañar a los pensionistas para apropiarse de su voto: la nada para el próximo año y el humo para los siguientes.

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