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Podemos, contra la mochila austriaca
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Juan Ramón Rallo

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Podemos, contra la mochila austriaca

Lo que nuestra extrema izquierda parece no entender (o no querer admitir) es que las indemnizaciones por despido también se detraen del salario de los trabajadores

Foto: El candidato de Podemos, Pablo Iglesias, en un acto en Las Palmas de Gran Canaria. (EFE)
El candidato de Podemos, Pablo Iglesias, en un acto en Las Palmas de Gran Canaria. (EFE)

La semana pasada, Unidas Podemos enloqueció criticando una propuesta del PSOE contenida en el Programa Nacional de Reformas (que fue remitido a Bruselas el pasado 30 de abril, muy ágiles no han estado los de Pablo Iglesias en esta ocasión) respecto al coste del despido de los trabajadores. En particular, el texto redactado por los socialistas rezaba lo siguiente: “Abordar la implantación gradual de un sistema de cuentas individuales de capitalización para la movilidad a través de la creación de un Fondo que permita a los trabajadores hacer efectivo el abono de las cantidades acumuladas a su favor en los supuestos de despido improcedente, de movilidad geográfica, para el desarrollo de actividades de formación o en el momento de su jubilación”. O por decirlo de un modo más simplificado: el Gobierno socialista planteaba abiertamente avanzar hacia la famosa 'mochila austriaca'.

En nuestro modelo actual de relaciones laborales, el trabajador devenga un derecho de indemnización frente al empresario en caso de despido improcedente: se trata, pues, de una obligación contingente que el empresario únicamente asume en aquellos casos en los que rompa la relación contractual por causas distintas a las autorizadas por la ley. Dicho de otro modo, si el trabajador abandona voluntariamente su puesto de trabajo o si el empresario opta por despedir a otra persona, ese empleado no percibirá indemnización alguna.

Foto: Nadia Calviño. (EFE)

Así pues, el modo en que se halla configurada la indemnización por despido en España genera dos incentivos enormemente perversos. Por un lado, se desincentiva que los trabajadores —especialmente aquellos que ya llevan varios años dentro de una misma compañía— cambien de empleo, por cuanto el abandono voluntario extingue su derecho de indemnización (y, por tanto, los deja desprotegidos frente al riesgo de despido en su nueva ocupación). Por otro, se incentiva a los empresarios a que, en caso de dificultades, reduzcan su plantilla no en función de la valía relativa de los distintos trabajadores sino en función de su antigüedad (una especie de LIFO laboral: los últimos que han entrado, los primeros que salen). Por ambas vías, la distribución de los trabajadores dentro del tejido empresarial español se cronifica en la ineficiencia: los trabajadores no terminan ocupando aquellos empleos en los que son relativamente más productivos.

La mochila austriaca cambiaría muy notablemente este panorama. Si el empresario cotizara periódicamente en una cuenta individual a favor de cada trabajador cuyos fondos fuesen liberados cuando ese trabajador fuere despedido o cuando ese trabajador se jubilare sin haber sido despedido, solventaríamos de una tacada los dos problemas anteriores: por un lado, como se trata de una cuenta cuya titularidad le corresponde al trabajador, si este cambiara voluntariamente de empleo, lo único que sucedería es que su nuevo empleador sería el nuevo obligado a cotizar en esa cuenta (y, cuando se jubilara, el trabajador recibiría su importe íntegro); por otro, como el empresario ya ha dotado con fondos esa cuenta a lo largo de la vida laboral del obrero, no debería afrontar ningún coste adicional a la hora de despedir a ninguno de los miembros de su plantilla, de modo que se rescindirían los contratos no en función de la antigüedad sino de la productividad de cada ocupado.

Por supuesto, la gran desventaja que conlleva la mochila austriaca está en cómo efectuar la transición desde el sistema actual (en el que las obligaciones empresariales de indemnización en caso de despido ya están devengadas pero las cuentas individuales de los trabajadores no han sido dotadas) al nuevo (donde no existan obligaciones empresariales y en el que las cuentas de los trabajadores estén llenas). La opción más razonable pasa por que los empresarios coticen en esta cuenta individual del trabajador a cambio de una progresiva cancelación de las obligaciones contingentes devengadas hasta el momento en su favor: los mayores gastos del empresario se subsanarían con una minoración de sus pasivos.

Foto: El presidente en funciones, Pedro Sánchez (d), se reúne con el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias (i) en Moncloa. (EFE)

Pero en este punto es donde Unidas Podemos ha colocado el grito en el cielo: aumentar las cotizaciones sociales del empresario a cambio de reducir las indemnizaciones por despido que ya se hayan devengado supone, de acuerdo con los de Pablo Iglesias, que “el trabajador se pague su propia indemnización”. Es decir, que en este caso, Unidas Podemos sí reconoce que las cotizaciones sociales a cargo de la empresa son, en última instancia, sustracciones del salario de los trabajadores: a largo plazo, el empresario abona las cotizaciones rebajando los salarios de sus trabajadores (ojalá, por cierto, Unidas Podemos traslade este mismo razonamiento al sistema público de pensiones). Sea como fuere, lo que nuestra extrema izquierda parece no entender (o no querer admitir) es que las indemnizaciones por despido también se detraen del salario de los trabajadores: el sueldo máximo que los empresarios están dispuestos a pagar por un empleado se ve inevitablemente recortado por el riesgo de que haya que abonarle una alta indemnización en el futuro (al igual que el precio máximo que estoy dispuesto a pagar por una casa se ve influido por el riesgo de que aparezcan cargas ocultas que no pueda reclamar al vendedor).

Por consiguiente, la cuestión de fondo es si preferimos que el trabajador pague su propia indemnización por despido de un modo que genera enormes distorsiones sobre el mercado laboral y sobre la productividad del conjunto de la economía (modelo actual) o si preferimos que la pague de un modo que no genera tales distorsiones (mochila austriaca). Unidas Podemos opta por defender el modelo vigente porque alimenta su propaganda anticapitalista y anti-PSOE, mientras que el PSOE prefiere el segundo modelo acaso para no socavar la generación de riqueza que luego pretende redistribuir vía impuestos. Los liberales, en cambio, apostamos por una tercera opción: dejemos que el trabajador negocie libremente cuál de todas las posibles modalidades de indemnización prefiere.

La semana pasada, Unidas Podemos enloqueció criticando una propuesta del PSOE contenida en el Programa Nacional de Reformas (que fue remitido a Bruselas el pasado 30 de abril, muy ágiles no han estado los de Pablo Iglesias en esta ocasión) respecto al coste del despido de los trabajadores. En particular, el texto redactado por los socialistas rezaba lo siguiente: “Abordar la implantación gradual de un sistema de cuentas individuales de capitalización para la movilidad a través de la creación de un Fondo que permita a los trabajadores hacer efectivo el abono de las cantidades acumuladas a su favor en los supuestos de despido improcedente, de movilidad geográfica, para el desarrollo de actividades de formación o en el momento de su jubilación”. O por decirlo de un modo más simplificado: el Gobierno socialista planteaba abiertamente avanzar hacia la famosa 'mochila austriaca'.

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