Iglesias quiere secuestrar el concepto de democracia

La trampa que está cometiendo Iglesias es la de equiparar democracia con socialdemocracia

Foto: El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, momentos antes de su intervención en la sesión de control al Ejecutivo. (EFE)
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, momentos antes de su intervención en la sesión de control al Ejecutivo. (EFE)

Pablo Iglesias aprovechó la sesión de control al Gobierno del pasado miércoles para controlar a la oposición y reflexionar ampliamente sobre el significado de democracia. A juicio del vicepresidente segundo, los fundamentos de la democracia son “las bases materiales que constituyen los derechos sociales”, de modo que quienes rechacen tales derechos sociales solo pueden ser considerados antidemócratas. Más en concreto, para Iglesias solo se puede ser demócrata defendiendo, entre otras políticas sociales y económicas, la sanidad estatalizada (no vale ni siquiera la concertada), educación estatalizada (no vale ni siquiera la concertada), impuestos progresivos, pensiones estatalizadas o el ingreso mínimo vital.

'A contrario sensu', quienes defiendan la sanidad privada o la sanidad concertada, la educación privada o la educación concertada, los impuestos proporcionales, las pensiones de capitalización o la ausencia de ingresos mínimos vitales son enemigos de la democracia. Siguiendo el argumentario de Iglesias, pues, EEUU no sería una democracia (por su sanidad privada, por su educación superior privada o por la ausencia de ingresos mínimos vitales), Suiza no sería una democracia (por su sanidad privada o por sus pensiones parcialmente de capitalización), Australia no sería una democracia (por su sistema educativo parcialmente concertado o por su sistema sanitario y de pensiones parcialmente privados), Alemania no sería una democracia (por su sistema sanitario parcialmente privado), Holanda no sería una democracia (por su sistema sanitario concertado), Bélgica no sería una democracia (por su sistema educativo parcialmente concertado), Irlanda no sería una democracia (por su sistema educativo mayoritariamente concertado), Chile no sería una democracia (por su sistema de pensiones de capitalización o por su sistema sanitario y educativo parcialmente privados), Estonia no sería una democracia (por su impuesto de tipo único sobre la renta), Corea del Sur no sería una democracia (por su sistema sanitario concertado y por su sistema educativo parcialmente privado), Islandia no sería una democracia (por su sistema de pensiones mayoritariamente de capitalización), etc.

Evidentemente, la trampa que está cometiendo Iglesias es la de equiparar democracia con socialdemocracia. Difícilmente una persona podrá ser socialdemócrata sin suscribir la totalidad de las políticas anteriores, pero por supuesto que se puede ser demócrata sin aceptar ninguna de ellas. ¿O es que los liberales clásicos, los socioliberales o los conservadores no pueden ser demócratas y promover su modelo de Estado dentro de la democracia? ¿Votar a favor de la educación concertada o de la educación privada es contrario a la democracia? ¿Votar a favor de las pensiones de capitalización es contrario a la democracia? ¿O justamente la esencia de la democracia es que se pueda votar, a favor o en contra, de esas y de otras opciones? A su vez, y en sentido contrario, ¿las dictaduras —como la cubana o la franquista— no pueden apostar por sistemas públicos de educación, de sanidad o de pensiones? ¿En qué sentido, por tanto, existe una relación de identidad entre democracia y servicios estatalizados? En ninguno. Se trata de dos debates que deberían ser claramente diferenciados: el uno, qué regímenes políticos son democráticos; el otro, cuáles son las mejores políticas públicas para una sociedad.

¿En qué sentido hay una relación de identidad entre democracia y servicios estatalizados? En ninguno

Iglesias, en última instancia, está adoptando una definición de democracia tremendamente estrecha y excluyente: democracia es la garantía estatal de las condiciones materiales de existencia para así alcanzar la igualdad aboliendo las relaciones jerárquicas entre individuos (todas las relaciones jerárquicas salvo una: la jerarquía entre un Estado omnipotente y un ciudadano-súbdito). Desde esta óptica es, de hecho, desde la que el propio Iglesias afirmaba hace años que “la dictadura del proletariado es la máxima expresión de la democracia”. El problema, claro, es que cuando Iglesias promovía mensajes tan venenosos y peligrosos como ese, él no era más que un joven profesor universitario sin poder político alguno; hoy, en cambio, es un adulto vicepresidente del Gobierno de España con un enorme poder político, tanto para abusar del BOE en medio del actual estado de alarma como para generar un clima de opinión pública refractario al pluralismo político.

En definitiva, conforme se va alimentando la idea de que determinados partidos políticos o determinadas ideas políticas que no calcan el ideario de Podemos —y, en última instancia, el de su líder supremo, Pablo Iglesias— no son partidos políticos o ideas políticas aceptables dentro de una democracia, se van sentando las bases para cercenar la diversidad ideológica que debería poder acoger una democracia. Se reemplaza un procedimiento de toma de decisiones colectivas —la democracia— por la imposición de un proyecto ideológico determinado —la socialdemocracia o incluso el socialismo— sobre el colectivo. Todo ello, claro, en nombre de la democracia (y no de la dictadura porque, como ya afirmara Iglesias, “la palabra dictadura no mola”). Secuestrar el concepto de democracia para secuestrar el poder dentro de la 'democracia'.

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