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¿Hace bien Javier Milei en renunciar a su sueldo de diputado?
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Juan Ramón Rallo

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¿Hace bien Javier Milei en renunciar a su sueldo de diputado?

Al rechazar el cobro del sueldo público, el político argentino no tiene por qué estar demostrando su preferencia por una política elitista, sino acaso por una política minimalista

Foto: Javier Milei, durante una entrevista en Todo Noticias. (Wikipedia/YouTube)
Javier Milei, durante una entrevista en Todo Noticias. (Wikipedia/YouTube)

El diputado argentino, de ideología liberal-libertaria, Javier Milei ha anunciado que piensa sortear su sueldo público como congresista entre todos aquellos conciudadanos que se inscriban a la rifa en su página web. Argumenta Milei que, como libertario, incluso como anarcocapitalista, se niega a recibir dinero robado de los contribuyentes y que, como la ley argentina no le permite renunciar a su sueldo, ha optado por asignarlo vía sorteo. Milei también rechaza la alternativa de ser él quien decida discrecionalmente a quién donárselo (tal como hacían los miembros electos de Podemos en el pasado) porque ello supondría practicar la filantropía privada con dinero ajeno (algo que tampoco agrada a Milei). De ahí que la opción más razonable sea devolverles ese dinero a los argentinos atracados a través de un procedimiento puramente aleatorio.

El gesto de Milei ha desatado una fuerte polémica en, al menos, dos frentes. Por un lado, los hay que argumentan —a mi juicio con razón, tal como intentaré exponer— que no es necesariamente incoherente que un libertario reciba un sueldo público, de modo que la decisión de Milei puede ser respetable e incluso honorable, pero no es moralmente requerida a todo libertario que ocupe un espacio público (sería, si lo queremos, una acción supererogatoria). Por otro, los hay que argumentan —a mi juicio sin ninguna razón, tal como intentaré exponer— que si se generalizara la práctica de Milei, solo podrían dedicarse a la política los ricos, convirtiendo tal actividad en una actividad elitista y al servicio exclusivo de una facción de la sociedad.

Foto:  Ilustración: Raquel Cano.

En primer lugar, ¿es moralmente incoherente que un liberal perciba un sueldo (o una transferencia) del Estado? Diría que hay dos situaciones en las que no lo es (sí en todas las demás). Primero, y de un modo más evidente, que ese liberal haya entregado coactivamente más dinero al Estado del que ha recuperado de vuelta: por ejemplo, si un liberal pagara (por sus actividades privadas) 100.000 euros anuales en impuestos y recibiera del Estado servicios en especie valorados en 20.000 euros y un sueldo público de 30.000 euros, ese liberal solo estaría recuperando parte de lo que el Estado le ha quitado previamente (a efectos prácticos, equivaldría a una reducción de su tipo impositivo efectivo frente al Estado). Segundo, y de un modo más controvertido, que ese liberal esté desempeñando una actividad en favor de los/algunos contribuyentes que estos valoren tanto o más que el dinero que se les arrebata para financiarla (por ejemplo, un médico liberal que trabaja en un hospital público, desempeña diligentemente su labor y percibe una remuneración cercana a la de mercado): en sentido contrario, un liberal que desempeñe actividades detestadas por los contribuyentes (porque, por ejemplo, cercenan parte de sus libertades) o que percibe una remuneración exorbitantemente parasitaria (muy por encima del mercado) sí sería radicalmente incoherente.

Siendo así, ¿es incoherente que un diputado liberal cobre un salario público? En la medida en que suficientes electores probablemente deseen que desempeñe esa función (promover ideas y medidas liberales desde el Congreso) y le paguen gustosamente su sueldo con sus impuestos, no lo sería. Lo cual no quita, claro, que desde un punto de vista liberal no debería existir obligación alguna de pagárselo, máxime entre aquellos que no desean hacerlo.

Desde un punto de vista liberal no debería existir obligación alguna de pagárselo, máxime entre aquellos que no desean hacerlo

En segundo lugar, si los diputados no percibieran un sueldo público, ¿solo podrían dedicarse los ricos a la política? Depende. En un Estado tan gigantesco y omniabarcador como los actuales, es imposible dedicarse de un modo mínimamente diligente a la actividad política sin destinar una jornada completa o cuasi completa: por tanto, en términos generales, un diputado que desempeñe diligentemente su labor en las sociedades políticas actuales (no un diputado que se dedique a holgazanear y a figurar sin hacer nada) ha de renunciar a todas o casi todas sus actividades laborales privadas. De ahí que o se cobra un sueldo público o se es rico (en el sentido de poseer rentas patrimoniales suficientes como para sostenerse).

Pero eso es, como digo, dentro de nuestros Estados hiperintervencionistas actuales que pretenden regular (casi) todos los aspectos de nuestras vidas: en Estados mucho más reducidos, arquetípicamente minarquistas, los diputados tomarían muy pocas y ocasionales decisiones (pues el marco normativo general sería muy estable y no requeriría de una diarrea legislativa continuada), de manera que ser diputado no requeriría de dedicación exclusiva y, por tanto, se podría compaginar con otras actividades en el sector privado. Y, en consecuencia, la actividad política podría desarrollarse 'ad honorem' por personas de toda condición socioeconómica. Es decir, al rechazar el cobro del sueldo público, Milei no tiene por qué estar demostrando su preferencia por una política elitista, sino acaso por una política minimalista propia del liberalismo.

En suma, aunque no creo que Milei tenga la obligación moral de sortear su sueldo público como diputado, sí creo que se trata de una inteligente estrategia propagandística (¡en el buen sentido del término!) para visibilizar un debate moral mucho más de fondo (el origen coactivo de los gigantescos ingresos estatales y la consecuente hipertrofia parasitaria de nuestros Estados modernos) que, por desgracia, pasa desapercibido la mayoría de las veces para la mayoría de las personas.

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