QE-n: la madre de todas las burbujas

Si fueron ustedes a la EGB, quizás recuerden aquel programa de televisión presentado por Paco Costas llamado La segunda oportunidad. Orientado a instruir a los telespectadores

Si fueron ustedes a la EGB, quizás recuerden aquel programa de televisión presentado por Paco Costas llamado La segunda oportunidad. Orientado a instruir a los telespectadores en cuestiones de seguridad vial, este espacio televisivo emitido a finales de los años 70 y principios de los 80 contaba con una inolvidable cabecera –que los más jóvenes y los nostálgicos pueden recordar gracias a YouTube– en la que un Jaguar se estrella contra una roca que yace en mitad de la carretera, mientras la voz en off del presentador nos recuerda que "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". Pues bien, cuando las políticas de impresión indiscriminada de dinero de la Fed, ratificadas el pasado jueves por el Federal Open Market Committee (FOMC), nos conducen directos al pinchazo de una nueva burbuja, aquella frase cobra sentido.

Como ustedes saben, el banco central norteamericano tiene actualmente en marcha un programa de estímulo monetario o 'relajación cuantitativa', que no dejan de ser dos eufemismos para evitar declarar abiertamente que están imprimiendo dinero de la nada. Este plan de suministro de metadona al heroinómano, conlleva crear 85.000 millones de dólares cada mes –unos 63.000 millones de euros– para comprar deuda pública y activos hipotecarios -mortgage based securities (MBS)-. Para que se hagan una idea, es como si mensualmente la Reserva Federal 'imprimiera' los billetes necesarios para cubrir, más o menos, todo el déficit de 2013 del Estado español. Es decir, una monetización salvaje de la deuda que las autoridades monetarias de EE.UU. no se atreven a detener, a juzgar por sus recientes comunicados.

Naturalmente, los adoradores del PIB, ese indicador tan idolatrado por el mainstream como inútil para analizar en profundidad la naturaleza de los ciclos, han saludado la decisión de la institución presidida por Ben Helicopter Bernanke de continuar expandiendo la burbuja. Para ellos, el crecimiento, siquiera sea nominal y agregado, siempre es buena noticia. Aunque sea insostenible e implique la creación de burbujas, tal y como Krugman le recomendó a Greenspan en el 2002, sugiriendo crear una burbuja inmobiliaria para solucionar el estallido de la burbuja dotcom. A fin de cuentas, en el frontispicio del templo keynesiano figura la frase “après moi, le déluge”. Ya saben, "a largo plazo, todos estaremos muertos". Y sus hijos y nietos, que se busquen la vida.

Una ilustración de la enorme burbuja que se está gestando puede verse en el gráfico sobre la evolución del S&P 500 que la semana pasada Graham Summers –jefe de Estrategia de Mercados de Phoenix Capital– publicó en su boletín diario. En él puede comprobarse cómo el índice se situaba un 30% por encima de la media móvil de las últimas doscientas semanas. Diferencia que era incluso superior a la existente cuando nos encontrábamos en lo más alto de la euforia inmobiliaria y crediticia en 2007. Como mínimo, es para reflexionar si no estamos, de nuevo, encaminándonos hacia la misma roca con la que nos estrellamos entonces

Y es que los ciclos económicos de auge y depresión siempre son de naturaleza monetaria. Los periodos de boom económico que se apoyan no en el crecimiento sano de la productividad gracias al ahorro y la inversión, sino en la creación de burbujas, siempre están relacionados con la laxitud monetaria. Es decir, con la creación de dinero de la nada, sea a través de la expansión artificial del crédito por el sistema financiero vía reserva fraccionaria, sea por medio de la 'impresión' –en sentido figurado– de dinero por los bancos centrales, como ocurre con los QE. Y los periodos de crisis profunda que le siguen, proporcionales en intensidad a la burbuja creada, siempre tienen que ver con la ralentización de esa misma expansión crediticia o monetaria, que provoca la caída del castillo de naipes.

Para medir el grado en el que esta expansión se produce, los agregados monetarios clásicos (M1, M2, etc.) tienden a mezclar churras con merinas por partir de una definición inexacta del dinero, y, por tanto, resultan de escasa utilidad. Una alternativa que, con mayor o menor fortuna, persigue suplir estas carencias es la que ha desarrollado Michael Pollaro, autor del blog The Contrarian Take. Bautizado como True Money Supply (TMS2), este indicador se construye a partir de la definición 'austriaca' del dinero y de sus sustitutos monetarios. Los detalles técnicos pueden consultarlos aquí si tienen interés y curiosidad por conocer una aproximación diferente a la corriente dominante de economistas.

Pues bien, resulta interesante –a la par que preocupante– observar a dónde nos pueden conducir las políticas expansivas de una Reserva Federal que se resiste a retirar la distorsión que provoca en la vida económica con sus planes de estímulo. No hay más que fijarse en la similitud en la evolución reciente de la oferta monetaria, con los crecimientos acumulados y los tempos del mismo indicador durante la fase de gestación y posterior pinchazo de la burbuja inmobiliaria. La economía americana, medida en términos de PIB, puede que esté cogiendo velocidad, sí. Pero, como el Jaguar de Paco Costas, lo hace para estrellarse contra una roca. Como comentaban en el blog ZeroHedge ayer, el QE también funcionó durante un tiempo en la República de Weimar.

Ayer mismo, el que fuera miembro del Banco Central Europeo, José Manuel González-Páramo, coincidía en el encuentro organizado por El Confidencial con Daniel Lacalle que "cuanto más se tarde en retirar los estímulos más riesgo de futuras crisis". Parece mentira que esto lo diga precisamente un banquero central, aunque es justo reconocer que el modelo Draghi-Merkel es, siquiera marginalmente, más contenido que el del expansivo dueto Bernanke-Obama. La cuestión es cómo retirar los estímulos cuando el mero anuncio de que el FOMC se lo estaba planteado ha convulsionado los mercados de todo el mundo. Como a buen seguro nos recomendaría Paco Costas, cuando se lleva exceso de velocidad, casi tan peligroso como el choque con el obstáculo es dar un volantazo brusco y salirse de la calzada dando vueltas de campana.

Pero lo que es evidente es que no se puede continuar eternamente con el programa de Quantitative Easing. Como escribió Mises en su Acción Humana –y también cita Pollaro–, no hay forma de evitar el pinchazo de la burbuja originada por las políticas expansivas. Las únicas alternativas posibles son el abandono del QE de forma controlada y gradual –pero siendo consciente de las consecuencias recesivas– o estirar la situación hasta el extremo, con el desenlace del colapso total del sistema monetario vigente. Más nos vale, pues, que se vayan dando los pasos adecuados, porque la vida real no es un programa de TV en el que hay moviolas y segundas oportunidades.

 

 

 

Monetae Mutatione
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