Las interconexiones eléctricas como instrumento de cohesión energética

Nos encontramos en un momento crucial para Europa en todos los ámbitos, incluido el energético

Foto: La tuneladora Alberes, durante las obras del túnel para la interconexión entre España y Francia. (EFE)
La tuneladora Alberes, durante las obras del túnel para la interconexión entre España y Francia. (EFE)

El histórico resultado del referéndum sobre el Brexit celebrado el pasado 23 de junio en el Reino Unido ha supuesto un grave revés para el proyecto europeo. Sin duda, nos encontramos en un momento crucial para Europa en todos los ámbitos, incluido el energético. Las consecuencias energéticas del Brexit se sumarán a elementos que ya tienen un gran impacto en el sector, como el cumplimiento del nuevo marco comunitario sobre energía y clima para el año 2030, los resultados de la Conferencia sobre el Cambio Climático de París, la implantación de la Unión de la Energía y el nuevo diseño del mercado energético en el que trabaja la Comisión Europea.

En este momento, es importante no perder de vista un aspecto imprescindible para el cumplimiento de los objetivos de la política energética de la Unión: la interconexión de las redes energéticas de Europa. Refiriéndonos en particular a las redes de transporte de electricidad, estas resultan fundamentales para que el suministro eléctrico se realice en condiciones de calidad y seguridad. Además, facilitan la diversificación de las fuentes de suministro, favorecen la convergencia de precios entre los países interconectados, aumentan la competencia entre los agentes y posibilitan una mayor integración de las energías renovables. Y todos esos beneficios se maximizan si el mallado de la red es el adecuado.

Esto implica considerar nuestro continente como un todo y eliminar los cuellos de botella que aún existen en la red. No por casualidad, esos puntos de congestión se encuentran fundamentalmente en las fronteras entre Estados miembros y constituyen el legado histórico de un pasado en el que cada país perseguía la optimización de sus recursos a espaldas de sus vecinos.

Según ENTSO-E, en el año 2030, el Reino Unido estará más interconectado con el continente europeo que España. El Brexit no será un Brexit energético

De la misma forma que el adecuado dimensionamiento de las redes europeas de carreteras, ferroviarias y de tráfico aéreo es fundamental para asegurar el comercio transfronterizo y la libre circulación de mercancías y personas entre los países de la Unión, también es crítico para el mercado único de la energía que la red de transporte de electricidad esté lo suficientemente interconectada en toda Europa.

El anhelado objetivo de un mercado único europeo de la energía no se alcanzará mientras sigan existiendo regiones tan débilmente interconectadas como la península Ibérica. Aun con los futuros desarrollos y con los proyectos acordados en la Cumbre para las Interconexiones Energéticas, celebrada en marzo de 2015 en Madrid, la Península continuará incumpliendo los objetivos del 10% y del 15% de interconexión que, en el ámbito europeo, se han fijado para los horizontes 2020 y 2030 respectivamente.

Como muestra paradigmática, puede mencionarse al Reino Unido. Aunque las condiciones de su salida de la Unión Europea y su futura relación energética con el Mercado Interior son aún una incógnita, no cabe la menor duda de que seguirá conectado eléctricamente con el sistema europeo. Según la Red Europea de TSO (ENTSO-E), en el año 2030, el Reino Unido estará más interconectado con el continente europeo que España. El Brexit no será un Brexit energético. Sin embargo, en el mismo año, la frontera entre España y Francia será el principal cuello de botella de la red eléctrica europea. España seguirá siendo miembro de la Unión Europea, pero eléctricamente será todavía una isla.

Tendido eléctrico en Pamplona. (EFE)
Tendido eléctrico en Pamplona. (EFE)

Frente a quienes cuestionan la necesidad de una mayor interconexión eléctrica entre España y Francia y aluden a lo complejo y costoso de los proyectos, los números se imponen. El reciente estudio de Engie para la Comisión Europea, en el que se evalúan los costes y beneficios de la futura interconexión España-Francia a través del golfo de Vizcaya, arroja unos beneficios anuales de entre 250 y 290 millones de euros, que cubrirían los costes del proyecto en apenas nueve años. Con las interconexiones adicionales previstas en la mencionada cumbre de Madrid, se lograrían beneficios añadidos.

Las dificultades políticas y legales inherentes a todo proyecto transfronterizo no pueden privar a los ciudadanos de estos beneficios. Ahora más que nunca, es necesario reafirmar el compromiso político para el refuerzo de las interconexiones europeas y continuar la senda iniciada en Madrid y continuada en el ámbito europeo con el Foro de Infraestructuras de Copenhague. Son pasos en la dirección correcta: el comienzo de un importante camino hacia la cohesión energética de toda Europa.

*Luis Villafruela es director de Regulación de Red Eléctrica Española (REE)

Tribuna
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