Corrida bancaria patriótica, apunten este término

Para cuando el presidente quiera deleitarse con sus primeras volutas de habano, el panorama bancario puede ser muy diferente. Lo que vea quizá no sea lo que espere

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La fragilidad de toda estructura

Si usted conduce y pierde el control del coche, muchas cosas pueden ocurrir. Pero si cae al agua,si el tema es peligroso. Desde que toma conciencia de la situación hasta que reacciona, no le queda mucho tiempo. Ante el bloqueo de la puerta por presión la opción correcta es bajar la ventanilla. Sin embargo, lo habitual es entrar en pánico e intentar romperla. Su intento será en vano: en pocos minutos estará usted muerto.

Sin embargo existía una alternativa. Todo coche moderno está fabricado con un tipo de vidrio denominado laminado. Los parabrisas delanteros y traseros son irrompibles. Pero la ventanilla izquierda del conductor reviste una particularidad: su diseño, generalmente en vidrio templado, permite una opción de salida. Si usted golpea de forma precisa en su esquina inferior derecha, la ventana saltará hecha añicos.

La moraleja es clara: toda estructura es susceptible de colapsar si se percute en el lugar preciso.

Con un banco ocurre igual.

Los ejemplos recientes

El Banco Popular era una institución legendaria. Una entidad que por su prudencia y buen hacer durante mucho años detentó el título de “banco más rentable del mundo”. Su balance era cuestionable, cierto, pero había sorteado la crisis. Tras 10 años de resaca inmobiliaria, podía continuar desapalancando durante otros 10. Solo hacía falta paciencia, prudencia y no llamar demasiado la atención. Pero entonces sobrevino el cambio de gestión.

El expresidente del Banco Popular, Emilio Saracho. (EFE)
El expresidente del Banco Popular, Emilio Saracho. (EFE)

A finales de 2016 Emilio Saracho fue propuesto como presidente del Popular. Su primera gran aportación doctrinal fue anunciar en plena junta de accionistas que “estamos abocados a aumentar capital para seguir adelante”. Tras el estupor inicial la reacción no se hizo esperar. La estampida fue general. Dos meses después el Santander lo compraba por un euro. Accionistas y bonistas lo perdían todo.

Los ejemplos lejanos

2008 fue un año turbulento para la banca de inversión. Pero lo peor vendría a final de verano. De forma inesperada un histórico de Wall Street, Lehman Brothers, se declaraba en quiebra. Tras intentos de absorción y reuniones de última curva, las autoridades norteamericanas cortaron por lo sano. Se dejaba caer un banco de 600 billones de dólares de activos.

Cuando el pánico depositario se activa, resulta imposible de parar. Y el catalizador de ese pánico suele tener un origen común: la condición humana

Lo interesante es que lo que quebró Lehman no fueron humildes minoristas retirando sus depósitos. Los que provocaron su caída fueron sofisticados 'hedge funds' cambiando de 'prime broker'. La conclusión a extraer es que da igual banca de inversión o minorista. Cuando el pánico depositario se activa, resulta imposible de parar. Y el catalizador de ese pánico suele tener un origen común: la condición humana.

La condición humana

Apostar contra la naturaleza humana no es buena opción. Pensar que contra la experiencia acumulada durante siglos en la ocasión presente el tema “será diferente”, suele ser receta de fracaso asegurado. Lo llamativo es que al repasar los factores que han concurrido en toda quiebra bancaria, convergen dos ciertamente humanos: codicia y miedo.

Codicia, porque nuestro comportamiento se determina en buena medida por incentivos. Como dicen los anglosajones, “we tend to behave as we are remunerated”. Cuando se vislumbra negocio el bien colectivo importa poco. En el caso de Lehman, sus bancos rivales entraron sin piedad a por sus clientes, conminándoles a saltar de un barco que se hundía. Durante las 48 horas finales la desbandada fue general.

Junto a los elementos clásicos de codicia y miedo, podemos vernos en una situación en la que un tercer factor, se una en un cóctel explosivo: la furia

Miedo, porque nada aterroriza más que la posibilidad de perder tu patrimonio de la noche a la mañana. Cuando el fruto de años de trabajo está en juego, no se toman prisioneros. La consigna que el cerebro dicta de forma compulsiva es toma el dinero y corre. El efecto manada en un sistema de reserva fraccionaria cobra toda su dimensión.

Lo novedoso, lo realmente preocupante del entorno que hemos experimentado, es que junto a los elementos clásicos de codicia y miedo, podemos vernos en una situación en la que un tercer factor, también muy humano, se una en un cóctel explosivo: la furia.

La furia como catalizador

Algo cambió en España el día 2 de octubre. Mientras la atención internacional y el foco mediático seguía centrándose en las imágenes del día 1, una profunda transformación se gestaba en un porcentaje notable de la ciudadanía. Gente de apariencia tranquila ponía pie en pared diciéndose, hasta aquí hemos llegado.

El detonante fueron unas imágenes, sí. Pero no las repetidas compulsivamente el día del “referéndum”, sino las del acoso al que se sometió en determinadas poblaciones catalanas a Policía Nacional y Guardia Civil. Una grieta emocional había surgido. La visualización del trato denigrante recibido resultó ser, para buena parte de la población, simplemente insoportable. Muchos ciudadanos con memoria y retina suficiente como para recordar los centenares de agentes asesinados durante los años más oscuros de nuestra historia reciente, sintieron como suya la injusticia que se cometía.

La reacción no se hizo esperar. Una ola de retirada de depósitos comenzó a sacudir a las entidades bancarias catalanas. Desde conocidas presentadoras de televisión a populares blogueros, los anuncios de traspasos de cuentas se multiplicaban. La preocupación en los centros de mando financieros subió por momentos. Una fatalidad, un error de cálculo y podría desencadenarse un camino de no retorno.

El camino de Génova

El 20 de julio de 2001 se reunía el G-8 en Génova. La habitual concentración de grupos antiglobalización iniciada en Seattle, se hizo ese año mucho más virulenta. Entre cargas y carreras, un Land Rover militar quedó aislado. En su interior, un conductor y dos carabinieri; en el exterior una turba de encapuchados apedreando. Uno de los jóvenes del interior, Mario Placanica, 21 años, entró en pánico y disparó su arma. Uno de los antisistema, Carlo Giuliani, 23, cayó fulminado.

Que un muchacho de 21 acabe con la vida de otro muchacho de 23 debería hacernos reflexionar. Ambos italianos; ambos de la misma generación. Un fracaso colectivo en toda regla. Pero la canalización de muchedumbres combinadas con pánico puede desaguar en situaciones fuera de control.

Los irresponsables que han dividido a la sociedad catalana harían bien en tomar buena nota a futuro

La desgracia de Génova debería ser un aviso general a navegantes. Los irresponsables que han dividido a la sociedad catalana harían bien en tomar buena nota de cara al futuro. Hace apenas 4 semanas no estuvimos nada lejos de cruzar umbrales peligrosos. Combinar muchedumbre, ira, aislamiento operativo y potencia de fuego, nunca trajo nada bueno.

'Spain is different'

El secesionismo reclama su hecho diferencial pero olvida que también 'Spain is different'. España es un país extraordinario. Una nación quijotesca y distinta, capaz de lo mejor y lo peor. Pero por aquí hemos estado cerca de superarnos. Junto a la corrida bancaria minorista tradicional (Banco Popular) y la más sofisticada corrida bancaria institucional (Lehman Brothers), de perseverar en nuestros errores podemos tener el dudoso honor de, en el futuro, poder aportar un nuevo concepto a la literatura financiera internacional: la “corrida bancaria patriótica”.

Por mucho 'stress test' y líneas de liquidez abiertas, cuando la herida se convierte en boquete, la torrentera sanguínea resulta imposible de restañar

Recordemos lo básico. La cimentación de un banco es por definición inestable. Activos a largo plazo se financian con pasivos a corto. Y eso apalancado muchas veces. Cualquier fisura en términos de confianza y la completa estructura se viene abajo. Por mucho 'stress test' y líneas de liquidez abiertas, cuando la herida se convierte en boquete, la torrentera sanguínea resulta imposible de restañar.

Muchos, desde un patriotismo mal entendido, se regocijaban con la diáspora de entidades catalanas hacia el resto de España. Otros, se vanagloriaban de sacar el dinero de sus bancos. Pues que no se engañen. De la misma manera que la estampida de compañías catalanas es una calamidad para la mitad de la Cataluña no secesionista, un potencial colapso bancario sería una hecatombe colectiva. No tengan dudas: la debacle la acabaríamos pagando todos.

Conclusión

Mantenga su guardia bien alta la autoridad competente y no se relaje. El traslado de sedes sociales tranquilizó, cierto. La fuga de depósitos se revertió, correcto. Las elecciones del 21 de diciembre han sofocado los ánimos, seguro. Pero estabilidad presente no garantiza estabilidad futura. Ante tiempos complejos más vale tener muy claro el protocolo de contingencia. De la misma manera que en Cataluña todo el mundo empresarial tenía un plan B, la misma labor preventiva deberían tener las más altas magistraturas del Estado ante potenciales repuntes de tensión futuros. El cortafuegos debe estar perfectamente perfilado.

Un grupo de barceloneses sigue la comparecencia de Carles Puigdemont desde Bruselas en un bar. (Reuters)
Un grupo de barceloneses sigue la comparecencia de Carles Puigdemont desde Bruselas en un bar. (Reuters)

Hay que recordar que no hemos estado nada lejos de presenciar situaciones peliagudas. Antes del peregrinar belga de Puigdemont, el escenario de tensión se podía desbordar en cualquier momento. Un presidente autonómico encastillado en el Palau, unos mossos de élite custodiándole, un horizonte penal sombrío, una orden de detención por ejecutar y la tensión se hubiese disparado a niveles críticos.

La moraleja a extraer para el futuro es que ante una potencial corrida bancaria: hay que estar muy preparados. Y la doctrina Rajoy no vale. El manido recurso presidencial de sentarse sobre el problema y fumarse un puro esperando a que escampe, no funciona. En la era de internet la inacción no es una alternativa. Los acontecimientos pueden ser muy rápidos.

En un mundo de eslogan simplón, viralización y transferencias a doble clic, la transición entre nudo y desenlace puede ser meteórica. Para cuando el presidente quiera deleitarse con las primeras volutas de su habano, el panorama bancario puede ser muy diferente. Lo que vea quizá no sea lo que espere. Si no está hábil, se puede encontrar una escombrera.

* Eduardo Pascual es experto en Relaciones Internacionales por Georgetown y cofundador de Contrarian-View (@visioncontraria)

Tribuna

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