Sanciones internacionales: arbitrariedad, crueldad y baldías

Las sanciones unilaterales de EEUU, especialmente las destinadas a socavar los cimientos de la economía, condicionan los derechos humanos y la calidad de vida de los ciudadanos

Foto:

Es cierto que las sanciones internacionales pudieron poseer alguna eficacia accidental, como la Ley contra el apartheid de 1986, que contribuyó a la supresión del 'apartheid' en Sudáfrica. Parece verosímil que estas contribuyeran a la adopción del programa de desnuclearización en Irán, pero es indiscutible que los grandes vectores de las sanciones de EEUU, generalmente orientadas a la caída de regímenes hostiles, han sido estrepitosos fracasos que tanto el país norteamericano como la Comunidad Internacional deben asumir humildemente.

Cuba, Corea del Norte, Irán y Siria no han modificado su arquitectura política y los pilares económicos y servicios públicos han resultado severamente dañados. Sin mencionar la hecatombe libia o la catástrofe iraquí donde pende una penosa reconstrucción.

"El uso de sanciones para derrocar a un gobierno electo es una violación de las normas del derecho internacional"

El relator especial designado por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Idriss Jazairy, gran especialista y autor en materias relativas a derechos humanos, reflexiona sobre las sanciones internacionales en términos contundentes y que subscribo sin paliativos: "La coerción nunca debería ser utilizada para cambiar el gobierno en un estado soberano. El uso de sanciones para derrocar a un gobierno electo es una violación de las normas del derecho internacional. Precipitar una crisis económica y humanitaria no resulta una solución pacífica del conflicto. Llamo a los estados para que participen y faciliten diálogos constructivos para encontrar soluciones que respeten los derechos humanos. Insto a todos que eviten aplicar sanciones que no sean aprobadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas".

Al margen del discurso político de las potencias sancionadoras existe un discurso moral y jurídico que debe versar sobre la protección de derechos fundamentales de los ciudadanos del país sancionado. También debe abordar los límites de la injerencia exterior en cuestiones soberanas, además de pronunciarse desde planteamientos ético-sociales sobre la eficacia real de políticas coercitivas".

Las sanciones orientadas a provocar alzamientos populares contra un régimen o líderes políticos detestados por EEUU conducen a emigraciones masivas, al deterioro y empobrecimiento de los ciudadanos y al fortalecimiento del vínculo afectivo a largo plazo en sectores significativos de la ciudadanía, que mantendrá vínculos de lealtad al sistema y a sus líderes políticos.

Esta última anotación es una apreciación trascendental: las sanciones conducen a una lealtad sostenida de una parte de la ciudadanía a sus líderes denostados por la potencia sancionadora.

Y, ¿cómo es posible que, en un contexto de empobrecimiento ostensible y progresivo de su ciudadanía, los regímenes sancionados resistan con firmeza y logren fidelizar a masas significativas que están dispuestas a defender su régimen y su país frente a una posible agresión extranjera como sucede en Cuba y Siria?

Es evidente que las sanciones internacionales crean gran incertidumbre sobre su efectividad y legitimidad. Recientemente (plasmo un ejemplo escandaloso) con el fin de asegurar una mayor eficiencia en el envío de medicamentos a Irán, la Cruz Roja iraní solicitó a un amplio número de entidades financieras la apertura de una cuenta bancaria y operativa dotada de una cifra suficiente para abordar una emergencia sanitaria como la que acaeció en el terremoto de Bam (40 000 muertos).

Ninguna entidad bancaria española ni europea ha permitido la apertura de una cuenta a la Cruz Roja iraní. En la próxima emergencia, los medicamentos más urgentes llegarán caducados con consecuencias letales para miles de ciudadanos, como sucedió en Bam.

Con este ejemplo quiero subrayar la importancia de que existan equipos jurídicos que puedan afrontar las sanciones internacionales y muy especialmente las secundarias de EE. UU., que vienen acompañadas normalmente de presiones diplomáticas que las entidades financieras y otras empresas acatan con docilidad las órdenes de los EEUU.

La frustración de expectativas no debería alentar a los gigantes 'sancionadores' a desplegar iniciativas que conducen a destruir los derechos humanos

Estudiosos poco sospechosos, como Gary Clyde, han criticado con contundencia las caprichosas y erráticas sanciones norteamericanas y su proclividad a sancionar con firmeza a los regímenes autoritarios de países «débiles» y nunca a las dictaduras fuertes o a sus aliados. También han subrayado la ineficiencia de buena parte de estas sanciones internacionales y su orientación hacia el negocio del armamento y de la guerra.

La frustración de ciertas expectativas de control o beneficio sobre países menores no debería alentar a los gigantes 'sancionadores' a desplegar iniciativas que solo conducen a la destrucción de los servicios públicos y de los derechos humanos, especialmente los derechos supervivenciales, salud y supervivencia. Tal y como señala el relator especial designado por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, la resolución de conflictos debe fundamentarse en encontrar soluciones que respeten los derechos humanos de los seres humanos.

*Lupicinio Rodríguez, filántropo y abogado, es socio director del despacho de abogados Lupicinio International Law Firm.

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios