Tres problemas cuando devoramos el papel higiénico

Aunque tenga un punto surrealista, la verdad es que el papel higiénico se ha erigido en uno de los símbolos más representativos de esta grave pandemia

Foto: Un trabajador transportando rollos de papel higiénico en Málaga. (EFE).
Un trabajador transportando rollos de papel higiénico en Málaga. (EFE).

Aunque tenga un punto surrealista, la verdad es que el papel higiénico se ha erigido en uno de los símbolos más representativos de esta grave pandemia que estamos atravesando. Y el motivo no es que miles de personas se hayan grabado alegremente en sus casas dándole patadas a un rollo de celulosa, sino que lo relevante del caso es que nos ha puesto encima de la mesa el debate sobre la responsabilidad individual a la hora de adquirir productos de primera necesidad en momentos de crisis.

Y es que durante estos días hemos podido comprobar cómo la cadena de suministro hace grandes esfuerzos para mantener sus niveles de existencias, con el firme objetivo de que los ciudadanos tengamos todo lo necesario para nuestra subsistencia. Desde el sector primario hasta el comercio, pasando por la industria o la logística, nos encontramos con una serie de actores estratégicos que están trabajando a destajo, a pesar de las dificultades, para que la oferta de productos se mantenga en las cotas habituales de 'stock'. ¡Y lo están consiguiendo!

El problema es que si nosotros, los consumidores, ubicados en el extremo final de esta gran cadena de suministro, empezamos a tener comportamientos insólitos y a aprovisionarnos más de la cuenta por el miedo a un futuro incierto, lo que estamos haciendo es alterar drásticamente la lógica de la demanda y, aunque sea de forma inconsciente, provocamos tres efectos muy perjudiciales.

En primer lugar, la gestión de la cadena de suministro se hace todavía más compleja y costosa, ya que es obvio que su dinámica de funcionamiento se basa en la estabilidad. En segundo lugar, y derivado de lo anterior, la distribución del 'stock' entre los distintos eslabones deja de ser eficiente e incluso podemos tener la percepción transitoria de escasez de productos. Y por último, lo más doloroso y paradójico es que también causamos un incremento del desperdicio de estos productos básicos, tanto en nuestros hogares como en toda la cadena de valor, justo cuando más trascendencia social tiene.

Así pues, si convergemos en que este colosal desafío colectivo solo lo superaremos con la suma de muchos esfuerzos individuales, es conveniente recordar que cuando hacemos la compra en comercios y farmacias también podemos actuar con criterios de racionalidad y consciencia. Se trata de un pequeño reto (mucho más sencillo que dar diez toques seguidos a un rollo de papel) que ayudará en gran medida a planificar el aprovisionamiento de productos básicos en una coyuntura ya suficientemente enrevesada.

Oriol Montanyà
Oriol Montanyà

* Oriol Montanyà es profesor de la UPF Barcelona School of Management.

Tribuna