La nueva normalidad y el liderazgo empresarial

El autor subraya la importancia de los liderazgos para afrontar el nuevo escenario pospandemia y cómo pueden abordarse esos retos desde el punto de vista de la comunicación

Foto: Imagen de una localidad española durante el confinamiento. (EFE)
Imagen de una localidad española durante el confinamiento. (EFE)

La pandemia ha alterado de manera muy brusca la vida de las personas en todo el planeta. Estamos entrando en un evidente punto de inflexión que marcará una nueva época. Se han transformado desde las rutinas cotidianas hasta el tablero geopolítico y el valor de sus distintas piezas. Vamos a tener que adaptarnos súbitamente a perspectivas y puntos de vista inéditos, porque cada uno de los planos de la realidad ha mutado o se ha acelerado vertiginosamente.

Los líderes empresariales son conscientes de que nos encontramos en ese momento que los americanos llamarían #turningpoint. La prueba clara es que la inmensa mayoría de empresas cotizadas en todo el mundo ha remitido en estas semanas diversos hechos relevantes con cambios sustanciales de previsiones, planes estratégicos, negocio o situación financiera. Ha sido un ejercicio generalizado de anticipación y transparencia, por mucho que el incierto 'new normal' (la nueva normalidad) hacia al que nos encaminamos siga en el plano de las predicciones.

La lectura atenta de esos reportes resulta muy ilustrativa. Coinciden en la necesidad de repensar sus organizaciones y su conexión con los grupos clave de los que depende cada negocio (los 'stakeholders'). Siguen presentes las cifras, la lógica de gestión y la necesaria visión racional y metódica del negocio. Pero junto a ellas han hecho su aparición la solidaridad, el compromiso, la empatía, la responsabilidad y el humanismo. La literatura de gestión empresarial ha dejado de creer en Sartre y su idea un tanto nihilista de que “el infierno son los otros”. En el mundo posterior al covid-19, es en “los demás” donde empieza la seguridad de cualquiera, y es en el “nosotros”, y no en el “yo”, donde reside la fortaleza para hacer viable el renacimiento.

Es hora de determinar cómo puede recuperarse y relanzarse la actividad empresarial, imprescindible para la salud económica de todos

Ese contenido corporativo subraya que los líderes empresariales entienden que necesitan anticiparse a esa nueva realidad. La perplejidad no es una opción. Sabedores de que estamos en el punto de no retorno, han acelerado en la aplicación de principios, valores y propósitos adaptados a esa futura neo-normalidad.

Más allá de decantar lo urgente de lo importante, resulta evidente que no basta con repensar el cómo, sino que también toca replantearse el por qué y el para qué. El 'new normal' va a ser mucho más que una etiqueta. Es el escenario donde las compañías deberán acelerar, anticiparse, reinventarse y recuperar la confianza de sus grupos de interés. Y tendrán que conseguirlo entre el recelo, el temor, la inseguridad y el viento de cara de una crisis económica que se barrunta profunda y prolongada.

En los desafíos toca avanzar, pero ¿en qué dirección? Como decía el clásico, una persona no va menos perdida porque camine en línea recta. Así que conviene plantearse de antemano las grandes cuestiones, como saber si ya ha pasado lo peor de la pandemia o si sus posibles rebrotes pueden devolvernos a la casilla de salida. Es hora también de determinar cómo puede recuperarse y relanzarse la actividad empresarial, imprescindible para la salud económica de todos. De analizar cómo se puede influir en aquellas decisiones políticas, económicas o sociales de las que dependerá más que nunca el futuro corporativo.

Toca ya recapacitar con urgencia sobre cómo recuperar la confianza e incluso el entusiasmo de los diferentes grupos de interés, porque en tiempos neo-normales la forma de establecer, cultivar y reforzar las relaciones tampoco va a parecerse a lo que hayamos conocido.

La cuestión clave de nuestro trabajo como comunicadores es allanar el camino para los grandes desafíos del negocio al menos en estas grandes cuestiones:

- Cómo recupero y relanzo mi actividad.

- Cómo influyo en las decisiones que se van a tomar y que van a condicionar el futuro de mi negocio.

- Cómo adopto los nuevos métodos conservando una parte (cuál) de aquello que me ha funcionado en el pasado.

- Cómo consigo que mi fuerza laboral adopte la nueva estrategia y la nueva visión y la defienda y apoye hasta ser un elemento esencial de la acción exterior de la compañía.

- Cómo sintonizo con los clientes, que ahora tienen una visión diferente de su mundo y de su realidad, y cómo me aseguro de hacerlo mejor que mis competidores, pues está claro que, al menos por unos años, no habrá clientes para todos.

En estas semanas ya ha habido modelos de liderazgo que han abierto camino. Sin afán de exhaustividad, Angela Merkel, Mario Cuomo, Jeff Bezos, Ana Botín, Pablo Isla, José María Álvarez-Pallete, Paco Reynés o Juan Roig, y nuevamente Bill Gates, han aportado una serie completa de cartas de navegación para conducirnos a buen puerto. Ellas y ellos tienen varios puntos en común que pueden ayudarnos a conformar la hoja de ruta:

- Han sido proactivos en comunicación.

- Han transmitido hechos en vez de opiniones (el ya más que obligado 'storydoing' corporativo).

- Se han revelado abiertamente honestos y vulnerables, pero también disruptivos e inconformistas.

Como suelen hacer los pioneros, a menudo han invocado el optimismo, el orgullo de pertenencia, la fuerza del propósito y el valor añadido de trabajar juntos y en equipo. Es tiempo de inteligencia, anticipación y de esfuerzo. Esta es una carrera que solo ganarán los mejores y los más preparados.

*José Antonio Llorente es socio fundador y presidente de LLYC.

Tribuna
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