Luces y sombras en los datos de la EPA

Las estadísticas laborales están ahora completamente distorsionadas por la intervención pública a través de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE)

Foto: Unos trabajadores realizan tareas de mantenimiento este jueves en Barcelona. (EFE)
Unos trabajadores realizan tareas de mantenimiento este jueves en Barcelona. (EFE)

La encuesta de población activa (EPA) del segundo trimestre nos ha proporcionado un resultado que no puede considerarse como otra cosa que extraordinario. La tasa de paro ha subido apenas un punto al 15.3% en el trimestre en el que vamos a experimentar la mayor caída del PIB en la historia. Como referencia, en la anterior crisis el desempleo en España se disparó hasta cerca del 27%.

Por desgracia, aunque la tasa de paro es siempre el dato que recibe más atención, es un indicador muy limitado para reflejar la salud del mercado laboral. En un entorno como el actual, donde las estadísticas laborales están completamente distorsionadas por la intervención pública a través de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), analizar los datos de la EPA se convierte en un reto incluso mayor y la relativamente baja tasa de paro oculta muchas sombras.

Vayamos por partes pues. Los datos de la EPA nos indican que la economía española perdió entorno a un millón de empleos en el segundo trimestre, la mayor caída de la serie histórica. Aunque este es un dato demoledor, hay que verlo en el contexto del actual entorno económico. El cierre de la economía durante gran parte del trimestre va a ocasionar un colapso de la actividad. Se estima que la caída del PIB puede estar entorno al 15% y el 20% respecto al primer trimestre. Una de las características tradicionales de la economía española es la alta correlación entre los movimientos del PIB y del empleo, que es mucho más alta que en los países de nuestro entorno. Esto hace que el mercado laboral español destruya mucho más empleo durante las crisis y que luego lo recupere más rápidamente. Según el patrón histórico, deberíamos ver una caída del empleo similar a la caída del PIB. Traducido en números concretos: una caída del PIB del 15-20% se traduciría en una pérdida de 3 a 4 millones de empleos.

Aunque la tasa de paro es siempre el dato que recibe más atención, es un indicador muy limitado para reflejar la salud del mercado laboral

Así pues, el dato de empleo del segundo trimestre puede considerarse un éxito, pero es aquí donde tenemos que leer la letra pequeña. Los datos de ocupación no incorporan los ERTE, gente que efectivamente no está trabajando pero que sigue computando como empleada. Se estima que el número de trabajadores afectados por este esquema estuvo entorno a los tres millones de personas. Es decir, si sumamos la pérdida de empleo más ERTE llegamos a esa cifra entorno a los 4 millones, que es mucho más consistente con la caída de la actividad.

El otro pero a los datos de hoy es que la caída del empleo no se ha traducido en un aumento de parados, sino en una caída de la población activa –gente que desiste y renuncia a buscar un empleo– y que por lo tanto no computa en la tasa de desempleo, que se mantiene 'artificialmente' baja, por decirlo de alguna manera. Un millón de personas saliendo del mercado de trabajo es una pésima noticia, estén o no oficialmente contabilizados como parados.

Una manera alternativa de analizar las cifras y que nos da una visión más precisa de la realidad económica en el momento actual es mirar el número de horas trabajadas, que se desploma un 22% respecto al trimestre anterior. Esta cifra nos da una idea de lo que nos espera en los datos del PIB.

Así pues, ¿son los datos de la EPA buenos o malos? ¿Son los ERTE “hacer trampas al solitario” como dicen algunos? La respuesta a estas preguntas dependerá en gran medida de cuantos empleos podemos salvar gracias al apoyo público. Es mucho más factible que una parte de estos trabajadores puedan volver a sus puestos de trabajo que en una situación alternativa donde simplemente se convirtieran en desempleados y tuvieran que volver a encontrar un nuevo trabajo.

La tasa de paro subirá en los próximos trimestres cuando retiremos el apoyo público y el impacto de la crisis empiece a hacer mella en el tejido empresarial, pero tendremos que esperar al 2021 para saber si esta crisis ha supuesto un ejemplo de política económica que consigue por fin limitar el impacto en el empleo o si simplemente estamos posponiendo lo inevitable.

Tribuna
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