Es noticia
Menú
La paradoja de Madrid Nuevo Norte (un relato de ficción)
  1. Economía
  2. Tribuna
Tribuna EC13

Tribuna

Por

La paradoja de Madrid Nuevo Norte (un relato de ficción)

Una tórrida mañana de julio, dos figuras muy relevantes del urbanismo madrileño del PP y del PSOE se encontraron por casualidad visitando la exposición de arquitectura

Foto: Presentación de la maqueta del proyecto final madrid nuevo norte (EFE)
Presentación de la maqueta del proyecto final madrid nuevo norte (EFE)

Una tórrida mañana de julio, dos figuras muy relevantes del urbanismo madrileño se encontraron por casualidad visitando la exposición de uno de los maestros de la arquitectura española en un céntrico edificio de Madrid. Uno de ellos, Edmundo, había ocupado altos cargos en distintos gobiernos socialistas. El otro, Luciano, había hecho lo propio en la primera etapa del Partido Popular al frente del Ayuntamiento.

Sus miradas se cruzaron fugazmente y los dos se sintieron obligados a saludarse. Sin demasiado entusiasmo pero con impecable cortesía.

¿Qué tal, Edmundo? Cuánto tiempo. Mucho, Luciano. ¿Qué te trae por aquí? Pues mira, venía a hacer un recado y he aprovechado para visitar la exposición. Entre unas cosas y otras todavía no la había visto. No está mal –apuntó Edmundo–, el despliegue de medios es impresionante, pero se centran demasiado en los edificios. ¿Dónde está la ciudad? Eso nos lo dejan a nosotros –rebatió su homólogo–, para algo estamos los urbanistas. Toda arquitectura es arquitectura urbana –proclamó Edmundo, levantando ligeramente la voz–, no se puede disociar el edificio de su entorno. Luciano dirigió su mirada hacia él y dijo: el urbanismo es una disciplina compleja y la mayoría de los arquitectos la desconocen casi por completo. Tú sabes que es así. No es tan complicado –apostilló Edmundo– pero es verdad que los jurídicos se han empeñado en complicarlo. Cuando podíamos usar los convenios, las cosas salían. Ahora todo acaba en los tribunales.

Foto: Maqueta definitiva de Operación Chamartín.

Los dos se quedaron en silencio unos segundos hasta que Luciano intervino: aprobar un Plan General, como hicimos nosotros, es cada vez más difícil. Pues el del 97 necesita una revisión profunda –contestó Edmundo–, vuestro plan ya no sirve. Discrepo, querido amigo, nuestro plan, como tú dices, define los usos en todo el suelo disponible, solo hay que ejecutarlo. Sí, ya recuerdo –prosiguió Edmundo– era aquello de urbanizar todo el territorio hasta “el límite de capacidad”, ¿verdad? Un error de bulto. La conversación empezaba a subir de tono y Luciano exclamó: el error era creer que Madrid no crecería. Pero, ¿dónde pensabais que iban a vivir quienes no podían pagar los precios de la ciudad consolidada? Nunca dijimos eso –replicó inmediatamente Edmundo–, de hecho, el plan del 85 preveía nuevos crecimientos en las “Áreas de Planeamiento Diferenciado”. Lo que no hicimos fue planificar, por decir algo, cien mil viviendas en el sureste. Por cierto, de esas cien mil, apenas se han levantado unos centenares en El Cañaveral, los otros ámbitos están igual que cuando aprobasteis el Plan hace más de veinte años. Y a saber cuándo llegarán los colegios, las dotaciones, el metro…

Se produjo otro silencio, esta vez más incómodo que el anterior, pero Luciano trató de reconducir la situación: Es evidente que en esto nunca nos vamos a poner de acuerdo. Está claro –respondió Edmundo, que se resistía a dar por zanjada la polémica–, yo defiendo un urbanismo pensado para la gente y tú para los especuladores. Bueno, amigo, creo que podemos debatir sin necesidad de que tú a mi me llames especulador y yo a ti colectivista. Los dos hemos gestionado durante muchos años y sabemos lo que es la administración. De hecho, lo habéis vivido estos cuatro últimos años de gobierno. ¿Gobierno? –preguntó molesto Edmundo–, yo dejé la administración hace mucho. Ya me entiendes –prosiguió Luciano sin apenas inmutarse– te hablo del gobierno de Carmena.

placeholder Vista general de las cuatro torres y el espacio donde arrancará la Operación Chamartín (Efe)
Vista general de las cuatro torres y el espacio donde arrancará la Operación Chamartín (Efe)

De nuevo, una pausa que apenas duró unos instantes hasta que Edmundo sentenció: ese no ha sido un gobierno suficientemente de izquierdas, al menos en lo que al urbanismo se refiere. Luciano interrumpió con una mueca de extrañeza: ¡Pero si se dedicaron a desmontar todos los proyectos del PP! No lo bastante –respondió Edmundo algo soliviantado–, no donde tenían que haberlo hecho: en Chamartín ¿En Chamartín? –exclamó asombrado Luciano– ¿Lo dices en serio? Si hasta han modificado el Plan General. Ya no se prolonga la Castellana, eso sí es un error. Ni se soterra la M30. Incluso han rebajado la edificabilidad… parece que a la izquierda os aterrorizan las torres.

Edmundo se tomó un par de segundos y alegó: ¿Las torres? Como si se hacen de cien plantas, ese no es el problema. Por cierto, salen unas cuantas con la solución que han planteado. Ahora sí que no te entiendo, Edmundo, entonces ¿cuál es el problema? La contestación no se hizo esperar: La losa. No se pueden poner zonas verdes sobre una losa de hormigón. Pero cómo puedes decir eso después de ver Madrid Río –replicó Luciano–. Y si no me equivoco, la losa solo aparece en el entorno de la estación. Al norte lo que han hecho es dejar las vías sin cubrir y descontar esos suelos al computar la edificabilidad. No sé ni cómo les salen los números. Los números siempre salen –señaló Edmundo sin dar tregua a su contendiente– y más cuando eres un banco todopoderoso. ¿O sea que ese es vuestro problema? –dijo Luciano suavizando el tono– que un banco tiene los derechos sobre esos suelos... ¡Pues claro, amigo! No se le puede entregar la ciudad a un banco. Esa operación tiene que ser cien por cien pública. Habría mucho que discutir sobre eso –apuntó Luciano– pero, en todo caso, es Adif el que vende sus suelos; el Ayuntamiento ha hecho el plan. Negociando con un banco –Edmundo no estaba dispuesto a ceder en sus argumentos–. Hablando con los propietarios, Edmundo, ¿o es que vosotros no os sentasteis con los promotores de La Vaguada?

Edmundo dudó unos instantes. La pregunta le había cogido por sorpresa pero no podía consentir que quedara sin respuesta: con esos… y con muchos otros. Pero Manuela… Manuela hizo lo que hubiera hecho cualquiera en su lugar –apuntó Luciano–, tratar de encontrar una salida. Ojalá os hubiera hecho caso y no hubiera tocado nada, así se mantendría lo previsto en el Plan del 97. ¡Una pena! Pero mira, al final lo han aprobado. Bueno, aprobarlo, lo habéis aprobado vosotros –dijo Edmundo, refiriéndose al gobierno de PP y Ciudadanos–. Sí, pero saben que no es su proyecto. Paradójicamente, ha sido un gobierno del PP el que renuncia a hacer en ese trozo de ciudad lo que el propio PP planteó hace dos décadas. Si lo aprueban será porque no están tan en desacuerdo con el proyecto –insinuó Edmundo–. Si lo aprueban –matizó Luciano– es porque saben que de no hacerlo estará paralizado otros diez años. Y a ver cómo venden eso los del “gobierno del desbloqueo”.

Ya… todo muy coherente –concluyó Edmundo–. En fin, disfrutemos de los clásicos. Mejor así –añadió Luciano–. Me ha alegrado verte. A mi comprobar, querido amigo, que seguimos en trincheras diferentes. No estoy tan seguro.

*José Manuel Calvo, Concejal del Ayuntamiento de Madrid

Una tórrida mañana de julio, dos figuras muy relevantes del urbanismo madrileño se encontraron por casualidad visitando la exposición de uno de los maestros de la arquitectura española en un céntrico edificio de Madrid. Uno de ellos, Edmundo, había ocupado altos cargos en distintos gobiernos socialistas. El otro, Luciano, había hecho lo propio en la primera etapa del Partido Popular al frente del Ayuntamiento.

Ayuntamiento de Madrid Madrid