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El seguro, la medalla olímpica que no se ve
En disciplinas de invierno, donde confluyen velocidad, desnivel y alta exigencia técnica, la severidad potencial de los accidentes se incrementa, haciendo que esta protección sea aún más relevante
Mientras se celebran los Juegos Olímpicos de Invierno como los de Milano-Cortina, la atención informativa se dirige inevitablemente hacia los deportistas, las sedes y la dimensión espectacular del evento. Sin embargo, existe un pilar silencioso, determinante y poco visible sin el cual el deporte contemporáneo no podría sostenerse: el seguro. No entendido como un requisito burocrático, sino como una auténtica infraestructura de protección, confianza y equilibrio.
La práctica deportiva, en todos sus niveles, está íntimamente ligada a la exposición al riesgo. Lesiones, accidentes, contingencias operativas, fenómenos meteorológicos adversos o interrupciones inesperadas forman parte del ecosistema del deporte. En el ámbito del alto rendimiento, una lesión grave no supone únicamente la pérdida de una competición o de una temporada, sino que puede truncar una trayectoria profesional y tener consecuencias duraderas en la vida personal y financiera del atleta. En este escenario, el seguro no elimina el riesgo, pero lo convierte en gestionable.
Proteger la salud es proteger el talento
Desde el punto de vista de la salud, el valor del seguro resulta incuestionable. El acceso a atención médica especializada, intervenciones quirúrgicas, procesos de rehabilitación y seguimiento clínico permite a los deportistas afrontar la recuperación con garantías y regresar a la competición en condiciones óptimas. En disciplinas de invierno, donde confluyen velocidad, desnivel y alta exigencia técnica, la severidad potencial de los accidentes se incrementa, haciendo que esta protección sea aún más relevante.
El efecto de esta red de seguridad trasciende al individuo. Cuando el riesgo está adecuadamente cubierto, entrenadores, clubes y federaciones pueden planificar con una visión de largo plazo, invertir en desarrollo deportivo y priorizar la prevención. En este sentido, el seguro no actúa únicamente como mecanismo reparador, sino como impulsor de una cultura de profesionalización y gestión responsable del deporte.
Cuando el seguro condiciona la viabilidad de los Juegos
La relevancia del seguro en el ámbito deportivo no es una abstracción teórica. La historia olímpica ofrece un precedente especialmente ilustrativo. En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, celebrados en un contexto de elevada incertidumbre global tras los atentados del 11 de septiembre, el Comité Olímpico Internacional adoptó una medida inédita: la contratación de una póliza de cancelación por valor de 170 millones de dólares para cubrir riesgos excepcionales como atentados terroristas o catástrofes naturales de gran escala.
Aquella decisión supuso un punto de inflexión. Medios especializados del sector asegurador, coinciden en que esta cobertura marcó un antes y un después en la gestión del riesgo de los grandes eventos deportivos. Más allá de la protección financiera, fue un factor clave para garantizar la celebración de los Juegos en un entorno donde la cancelación era una posibilidad real.
Desde entonces, ningún acontecimiento deportivo internacional de primer nivel se concibe sin un esquema asegurador sólido y bien articulado. El mensaje es inequívoco: el seguro no es un complemento del deporte, es una condición de posibilidad.
Un motor económico que necesita estabilidad
Esta realidad cobra aún más peso si se atiende a la dimensión económica del deporte. De acuerdo con el informe Sports Market Size, Share & Trends de Global Growth Insights, el mercado deportivo global alcanzó en 2025 un volumen aproximado de 484.450 millones de dólares y se prevé que supere los 539.000 millones en 2026, con una trayectoria de crecimiento sostenido en los próximos años.
Cuanto mayor es el impacto económico, mayor es también la exposición a riesgos financieros y operativos. Derechos audiovisuales, patrocinios, turismo, infraestructuras y empleo dependen de que los eventos se desarrollen con normalidad. En este contexto, el seguro se consolida como una herramienta esencial de estabilidad, capaz de proteger inversiones, asegurar la continuidad operativa y preservar la confianza de todos los agentes implicados.
Milano-Cortina: competir con respaldo
En el caso de Milano-Cortina, esta lógica se hace especialmente visible. Los Juegos de Invierno combinan una exigencia física extrema con entornos naturales complejos y una logística altamente especializada. Coberturas como la responsabilidad civil, la asistencia médica, el rescate, la cancelación o la protección frente a daños materiales conforman un entramado discreto pero imprescindible que permite que la atención se centre donde debe estar: en la competición.
Rendir al máximo nivel implica asumir riesgos. Hacerlo sin una red de protección adecuada no sería valentía, sino imprudencia. El seguro aporta previsibilidad en un entorno inherentemente incierto y permite que el deporte siga siendo un espacio de superación, no de vulnerabilidad.
Rendir al máximo nivel implica asumir riesgos. Hacerlo sin una red de protección adecuada no sería valentía, sino imprudencia
El seguro es, probablemente, la medalla que no aparece en el podio, pero sin la cual el deporte no alcanzaría sus mayores logros. Salvaguarda la salud de los atletas, sostiene eventos de alcance global, impulsa la profesionalización y protege un sector económico de enorme relevancia social.
En un mundo en el que el deporte es espectáculo, industria y elemento de cohesión colectiva, asegurar el deporte es asegurar su continuidad. Porque ningún récord, ningún salto ni ninguna bajada justifican competir sin la certeza de que, ante cualquier imprevisto, existe una red preparada para responder.
* Veit Stutz es CEO de Allianz Seguros en España.
Mientras se celebran los Juegos Olímpicos de Invierno como los de Milano-Cortina, la atención informativa se dirige inevitablemente hacia los deportistas, las sedes y la dimensión espectacular del evento. Sin embargo, existe un pilar silencioso, determinante y poco visible sin el cual el deporte contemporáneo no podría sostenerse: el seguro. No entendido como un requisito burocrático, sino como una auténtica infraestructura de protección, confianza y equilibrio.