España también es cuántica y el debate electoral es la prueba

El síntoma más evidente del síndrome de Schrodinger que padecemos es, por ahora, el debate electoral. ¿Existe? ¿Está vivo? ¿Se hace el muerto? ¿Será a cuatro, a cinco, a cero candidatos?

Foto: Un penitente pasa por delante de un cartel electoral del PSOE. (Reuters)
Un penitente pasa por delante de un cartel electoral del PSOE. (Reuters)

La jodimos. La política española se ha catalanizado del todo: nos hemos vuelto cuánticos. La desviación de las normas de la física euclidiana ha penetrado hasta el corazón de España por el Supremo, donde vemos a unas personas que crearon de la nada una república que al mismo tiempo no existió jamás, y que tratan de explicar esto a una acusación que sostiene que la república sí existió, mientras los jueces intentan encontrar el plano longitudinal de alguna galaxia reconocible.

Claro, en Cataluña ya estábamos habituados al galimatías, pero a escala española va a ser demencial. Las primeras manifestaciones del fenómeno están ahí y basta con cambiar de óptica para reconocerlas. Los últimos Presupuestos se presentaron para ser negados por quienes habían hecho a Sánchez presidente, de manera que lo deshicieron. Fuimos a unas elecciones a las que se presenta gente que no está en su escaño, gente que no cree que existan los escaños y un tercer grupo que no sabe ni cómo ha llegado al escaño. Ya no necesitamos analistas políticos: necesitamos a Albert Einstein.

El síntoma más evidente del síndrome de Schrodinger que padecemos es, por ahora, el debate electoral. Durante unas horas estuvimos como liebres ante las largas de un coche. ¿Existirá? ¿Será a cuatro, a cinco, a cero candidatos? ¿Habrá un debate, ninguno, varios? ¿Sucederán en el mismo lugar o en universos paralelos? Ayer, comunicado de Rosa María Mateo y cabreo de todos los partidos que no son el PSOE. Se anuncia la fecha del 23 de abril, efeméride de la muerte de Shakespeare y Cervantes, que no coincide con la de Kafka porque no lo quiso Dios.

Hay más: ahora mismo, Sánchez es Rajoy. Sí. Ambos y uno. Falta un Cristo guapo y gallego para la Cuántica Trinidad. ¿Pruebas? Allá van: el Jueves Santo, mientras sus decisiones causaban estragos y escándalos de proporciones pantagruélicas, Sánchez subió una foto a Instagram tan tranquilo y dijo que había corrido 10 kilómetros, pero no sudaba ni una gota. Surgió entonces la duda: ¿debíamos someter al presidente a un debate o al test de Turing? Aunque no he leído el 'Manual de resistencia', sospecho que el secreto de Sánchez, como el de Rajoy, son las pilas de plutonio.

Respecto al debate cuántico, podríamos hablar de desorden si no fuera porque es peor: Sánchez se maneja peor en la distancia corta que en las sesiones de fotos y las encuestas, así que quería un único debate. Está como la murciana del chiste: ¿pa qué hablá, pa cagal-la? El Debate Único iba a ser en Antresmedia el 23, pero la Junta Electoral vetó a Vox mientras RTVE echaba espuma por la boca. Sánchez dijo que sin Vox no lo hacía, y entonces aceptó moverlo a la pública, pero en Atresmedia dijeron que ellos seguían adelante. El Consejo de Informativos ofreció a Sánchez hacer el debate un día antes, el 22, y aquí es donde nos fuimos a tomar por saco.

Sánchez dijo que el 22 naranjas, y exigió a Rosa María Mateo, presidenta de RTVE, que el debate se hiciera simultáneamente al de Atresmedia, el 23. Mateo, que no pasará a la historia por su independencia, aceptó la orden. El Consejo de Informativos y el presentador, Xabier Fortes, se enfadaron entonces con Mateo; y el PP, Ciudadanos y Podemos se enfadaron con Sánchez. Amenazaron con irse a Atresmedia a debatir sin presidente, y en ese momento se produjo la duplicación del universo y en la NASA estaban buscando otro planeta habitable.

Conclusión: durante el Jueves Santo hubo... no se sabe cuántos debates simultáneos. Uno en TVE con Sánchez, otro en Atresmedia con el resto de líderes, y ningún debate en absoluto. Por no debatir, ni se pusieron de acuerdo en esto. El cero y el infinito, vaya, y dos huevos duros. Al final, pensábamos ayer, habrá un debate entre ángeles y demonios en Localia sobre el sexo de los primeros.

Como para no liarnos, como Cayetana Álvarez de Toledo, con lo del “no es no”, el “sí no es no” y el “sí es sí”. Ante la duda, no preguntéis a Sánchez, porque cada vez os dirá una cosa. Finalmente, dos debates en dos días sucesivos, uno el 22 en la pública y otro el 23 en la privada. ¿Creéis que estamos a salvo? Esperad a que se pongan a discutir.

28-A: Diario de campaña
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