Rajoy y Moragas cometen un grave error

La ausencia del presidente del Gobierno en el debate a cuatro que se celebra hoy podría tener unos efectos negativos adicionales mayores de los que Moncloa ha calculado

Foto: Mariano Rajoy habla con Jorge Moragas en el Congreso. (Reuters)
Mariano Rajoy habla con Jorge Moragas en el Congreso. (Reuters)

En las elecciones autonómicas andaluzas de marzo de 2012, el candidato popular que aspiraba a la mayoría absoluta, Javier Arenas, se negó a debatir con José Antonio Griñán (PSOE) y Diego Valderas (IU) en Canal Sur. Dejó la silla vacía. En ese momento, el PP perdió la mayoría absoluta que tenía a tiro de piedra. Fue un error de estrategia colosal.

El que hoy cometen Mariano Rajoy y su director de campaña, Jorge Moragas, al delegar en la vicepresidenta del Gobierno la representación del PP en el debate a cuatro (Sánchez, Rivera, Iglesias) en las plataformas de Atresmedia, es de una dimensión considerable.

El debate a cuatro -el único que se celebra en esta campaña- será retransmitido por Antena 3 TV, Antena 3 Internacional, La Sexta y Onda Cero. Y por la plataforma de internet de la multicompañía. Podría alcanzar una audiencia -teniendo en cuenta que es un lunes de puente- de entre cuatro y cinco millones de espectadores y oyentes, y una cuota de pantalla de entre el 25% y el 30%. Tirando por lo bajo.

Soraya Sáenz de Santamaría (no hay ninguna 'operación Menina') está preparada y, aunque sale con un hándicap importante, quedará en buen lugar. Ese no es el problema de fondo para el PP. El gran problema es que Rajoy rehúye confrontar con sus adversarios políticos en una tesitura en la que los ciudadanos se han transformado en votantes más justificadamente exigentes que antaño. El presidente del Gobierno debilita así su liderazgo aunque aumente la dimensión política de su vicepresidenta. En 'La Sexta Noche' del sábado, el gallego cumplió bien dentro de su perímetro de limitaciones.

Soraya Sáenz de Santamaría, en el foro organizado por El Confidencial. (EFE)
Soraya Sáenz de Santamaría, en el foro organizado por El Confidencial. (EFE)

Mariano Rajoy es un buen parlamentario, tiene larga experiencia en política (lleva en ella 35 años) y conoce los argumentos para cualquier debate. La valoración de los riesgos de su comparecencia ha hecho que él y su director de campaña, el jefe de su Gabinete, Jorge Moragas, hayan optado por una decisión extremadamente conservadora.

Se entendería que lo fuera si las expectativas del PP estuvieran muy por encima del 30% del voto estimado y 140 o más diputados. Si Rajoy no arriesga, es que él y su partido se resignan a ganar por la mínima y a planear por el número medio de parlamentarios que le atribuyen todas las encuestas: por debajo de los 130 y sin llegar al tercio del voto emitido.

El error de no acudir al debate se agranda en el caso del PP con la posible brillantez y acierto de cualquiera de los líderes, sea Sánchez, sea Rivera, sea Iglesias, de manera tal que la ausencia de Rajoy -que tendrá mucho volumen en los argumentos contra Sáenz de Santamaría- podría tener unos efectos negativos adicionales mayores de los que Moncloa ha calculado.

Escribe, en el periódico semanal 'Ahora' ('La neopolítica en la postelevisión'), el profesor de información audiovisual Mario García de Castro que “es muy probable que las próximas elecciones generales se decidan en las televisiones con apoyo de las redes sociales. Los debates, con sus presentes y ausentes, pueden ser la práctica que más influencia alcance en esta campaña”. Seguramente tiene razón, porque el número de indecisos es muy alto y las charlas con Bertín Osborne no les van a sacar de dudas. La 'política pop' vale para entretener, pero ¿también para convencer?

 

 

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