El PP, entre la Operación Soraya y la gestión del fracaso

Si el PP obtuviera un resultado desahogado no se plantearía la hipótesis de prescindir de Rajoy, ni éste se vería concernido por el fracaso -porque fracaso habrá- como para dar un paso atrás

Foto: La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. (EFE)
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. (EFE)

La aparición de la vicepresidenta del Gobierno en el debate a cuatro en sustitución de Mariano Rajoy respondió a dos claves bastante evidentes: el jefe del Gobierno tiene demasiados flancos débiles (el manejo de la corrupción en su partido y sus contradicciones programáticas) para salir airoso de una discusión de tres contra uno, en tanto Sáenz de Santamaría se ha mantenido alejada del partido y, además, la vallisoletana complementa lo que quiere ser un tándem electoral que combine la veteranía de Rajoy con la joven madurez de su colaboradora.

La Operación Soraya sólo tiene ese propósito inicial de carácter instrumental y no permite otra interpretación, como se observa también en los carteles electorales con su imagen y la de Rajoy, hecho que no es nuevo en el marketing del PP: Aznar compartió imagen con Rato. La intención de esta sobreexposición de la vicepresidenta no respondió en su origen al propósito de disponer de un plan B para el caso de que Ciudadanos exigiera el degollamiento político de Rajoy, pero sería una alternativa funcional si Rivera se acerca al PP y éste se mantiene por debajo del 30% del voto emitido como siguen, persistentemente, asegurando la mayoría de las encuestas, como la de El Confidencial que le atribuye un escuálido 26,7% tras haber obtenido en noviembre de 2011 el 45,3% de los sufragios.

Sáenz de Santamaría -que estuvo sólo correcta en el debate a cuatro- podría ser un recurso temporal si las listas del PP no aportan al Congreso más de 120 escaños. La vicepresidenta carece de liderazgo en su partido y es discutida en el Gabinete y, por sí misma, dispone de atributos valiosos pero puramente tecnocráticos, no políticos ni ideológicos. Para un Gobierno de gestión -por no más de dos años- podría resultar útil. Pero nada más. Si los populares obtuvieran un resultado más desahogado, en ningún caso se plantearía la hipótesis de prescindir de Rajoy, ni éste se vería concernido por el fracaso -porque fracaso habrá- como para dar un paso atrás.

Santamaría carece de liderazgo en el PP y es discutida en el Gabinete y, por sí misma, dispone de atributos valiosos pero puramente tecnocráticos, no políticos

El PP está gestionando muy bien su previsible desplome. Siguiendo las recomendaciones de los comunicólogos más acreditados -la mayoría deudos de George Lakoff- está creando el marco mental colectivo en el que una pérdida de 50 ó 60 escaños resultaría asumible, especialmente por el descalabro previsible del PSOE. Obviamente, la situación no es tan lineal como la quieren plantear los maquinistas de la propaganda popular. El PP y Rajoy se desplomarán sin paliativo si sus listas no alcanzan los 140-145 diputados (que consiste en perder nada menos que entre 40 y 50 escaños) y Ciudadanos no supera los que los populares se dejen en el camino.

Porque el fracaso tan bien gestionado por el PP podría ser doble el 20-D: de una parte, por la merma radical de su grupo parlamentario y, de otra, por la quiebra del gran éxito histórico de la obra de José María Aznar que consistió en aunar bajo las siglas populares desde el centro hasta la extrema derecha. Con grave peligro, además, de que, en el medio plazo, Ciudadanos sustituya al PP si éste no se introduce de inmediato en un proceso de refundación que renueve sus estructuras, su discurso político y a sus actuales dirigentes. Sabe muy bien el presidente lo que se le viene encima porque en Génova se siguen ansiosamente los trackings diarios.

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