'Sandbox': de una sociedad en beta a una regulación beta
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'Sandbox': de una sociedad en beta a una regulación beta

El sistema 'sandbox' consiste en la creación de espacios seguros para la experimentación de innovaciones y tecnologías

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Es instintivo recurrir a la regulación para intentar dar encaje a nuevos fenómenos que friccionan con nuestro ordenamiento jurídico. En este sentido, la actual transformación de nuestra economía y sociedad por la digitalización y el surgimiento y adopción de nuevas tecnologías supone, desde un punto de vista regulatorio y administrativo, un escenario de evolución constante que en ocasiones resulta difícil de abarcar. Ante tales cambios, se pide regular y regular cuando en realidad es difícil prever no solo la aplicabilidad eficaz de esa regulación sino también la evolución en el corto plazo de aquello que se pretende legislar.

El sistema sandbox (literalmente ‘caja de arena’, cuyo origen proviene del ámbito de las TIC como alegoría de ‘entorno de pruebas’ para testar nuevos programas o aquellos considerados no fiables o fraudulentos) consiste en la creación de espacios seguros para la experimentación de innovaciones y tecnologías en base a dos fundamentos principales. El primero, que personas físicas o jurídicas prueben de forma real ante consumidores productos y servicios con un claro componente innovador. Y el segundo, el establecimiento de un sistema que libere a dicho testeo de la aplicación de determinadas obligaciones legales que funcionen como barreras de entrada, por su complejidad, costes e ineficiencia.

Aunque estos espacios combinan la flexibilización o no sujeción a marcos legislativos específicos, son siempre sometidos a supervisión y evaluación pública durante un período de tiempo limitado. De esta forma, el sistema sandbox minimiza la inseguridad jurídica para las innovaciones, valida su aplicación efectiva y ayuda a mejorar el acceso a inversión. Además, esta dinámica de ensayo y error genera datos de impacto social y económico que posteriormente se pueden aplicar para justificar la funcionalidad de legislación en vigor o futura, permitiendo finalmente modernizar el contexto regulatorio de muchas actividades productivas. Un objetivo estratégico que está siendo promovido por la Comisión Europea dentro de su agenda de “Better Regulation”.

'Sandbox' minimiza la inseguridad jurídica para las innovaciones y ayuda a mejorar el acceso a la inversión al validar su viabilidad como negocio

La tendencia del sandbox se enmarca en el contexto actual de regulación basado en datos, en el que los reguladores pueden acceder a información que, de forma automatizada, permiten una evaluación real de actividades innovadoras y tecnológicas. Esta gobernanza con datos es un enfoque cada vez más relevante para instituciones como la mencionada Comisión Europea, la OCDE y autoridades de competencia como la CNMC o la Autoridad Catalana de la Competencia.

Por sectores, el sistema sandbox es una de las principales tendencias regulatorias en la industria global de servicios financieros, en la que organismos nacionales como la Financial Conduct Authority (FCA) de Reino Unido ha sido pionera en la puesta en marcha de programas de este tipo. Este año, por ejemplo, la FCA ha aceptado a 31 start-ups del ámbito fintech a un programa que forma parte de su compromiso de promover la innovación y la competencia en los mercados bajo su jurisdicción. En esta línea, la EFR (European Financial Services Round Table), que agrupa a las principales compañías bancarias y de seguros del continente, está demandando la creación de estructuras de este tipo a nivel europeo.

Nuestro país podría atraer empresas, talento y reforzar su ecosistema 'startup' si lograse reducir la rigidez normativa y barreras de entrada

Francia, Japón, Holanda o Singapur, entre otros, son un ejemplo de países que también han diseñado sistemas de sandbox, tendencia global que España debería ver como oportunidad. Nuestro país podría atraer empresas, talento y reforzar su ecosistema startup, si lograse reducir la rigidez normativa y barreras de entrada que en algunos casos hay en diversidad de sectores en transformación como el biotech, el financiero, el de la movilidad o la economía digital en general. Al mismo tiempo, más allá de la regulación, la creación de entornos de prueba es claramente aplicable a la Administración Pública, mediante la experimentación de tecnologías y nuevas formas de gobernanza de forma controlada en algunos entes públicos, en línea con ejemplos como la compra pública innovadora.

España necesita urgentemente abordar medidas para la mejora de la regulación y sus políticas públicas, donde espacios de prueba como las sandbox y el uso de nuevas tecnologías contribuyan a una mejor gobernanza. La voluntad de favorecer nuestra competitividad y el desarrollo de empresas debe evitar fricciones sectoriales que propicien la judicialización de nuevas actividades en detrimento de un proyecto ambicioso de ordenación por una economía innovadora.

*Miguel Ferrer es Digital + Tech Policy director en Kreab.

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