El Pacto de Tinell ha sido y es una sombra tóxica en la imagen del Gobierno socialista
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Antonio Casado

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El Pacto de Tinell ha sido y es una sombra tóxica en la imagen del Gobierno socialista

A la espera de ver qué rumbo toman las cosas en Bruselas –esta tarde comienza la Cumbre Europea-, conviene dedicar un turno a la extravagante celebración

A la espera de ver qué rumbo toman las cosas en Bruselas –esta tarde comienza la Cumbre Europea-, conviene dedicar un turno a la extravagante celebración del llamado Pacto del Tinell, germen del Tripartito catalán con cláusula de exclusión del PP.

El oficiante fue su principal figura visible, Pascual Maragall. En la plaza del Reino hizo una forzada profesión de fe de la “nación catalana” en “la Constitución”, “el proyecto plural de España” o “el Estado español”. Sin aludir para nada a la nación española, como si su inexistencia se diera por descontada. Poco creíble, pues, la proclamación de la lealtad de Cataluña a España en boca de Pascual Maragall, escoltado por un sonriente Carod-Rovira, el otro primer actor del Pacto del Tinell.

Carod lo celebró a su manera. Genio y figura de un personaje innecesario que proyecta una sombra tóxica sobre el Gobierno de la Nación. “Están acojonados”, dice refiriéndose al estado de ánimo de Zapatero y los socialistas frente al acoso del PP. Lo curioso es que esta ocurrencia verbal de Carod se haya convertido en argumento de autoridad para ilustrar el discurso del PP. El de su portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, que ayer en el Congreso lo utilizó como pedrada contra el Gobierno en la habitual sesión de control.

Pedrada recurrente contra el Gobierno socialista a lo largo de esta Legislatura ha sido el Pacto del Tinell (diciembre de 2003). Sobre todo por ese desdichado pasaje donde los partidos firmantes “se comprometen a no establecer ningún acuerdo de gobernabilidad con el PP en el Gobierno de la Generalitat”, “a impedir la presencia del PP en el Gobierno del Estado” y a no establecer con este partido “pactos de gobierno y pactos parlamentarios estables en las Cámaras estatales”.

Aquello fue un disparate y no hay que darle más vueltas. Hasta el propio Maragall reconoce ahora el error de haber llevado a un documento formal la antidemocrática exclusión del PP. Pero también hay que reconocer que el Pacto del Tinell desbordó los límites de la política catalana hasta el punto de influir para mal en el discurso político del Gobierno del Estado.

El Pacto del Tinell ha sido nocivo para Zapatero, ha condicionado su gestión y ha cargado de elementos indeseables la propia imagen de su Gobierno. Hay muchos ejemplos. El más claro, en mi opinión, es el de la controvertida resolución de mayo sobre un eventual final dialogado de la violencia en el País Vasco, en la que se escenificó la complicidad de Carod y quedó excluida la de Rajoy, socio natural del PSOE en política antiterrorista.

Otra consecuencia negativa de aquella estúpida cláusula de exclusión, al menos en perspectiva socialista, es que sirvió para alimentar una perversa argumentación del PP, capaz de presentar a Zapatero como un traidor a la Patria por querer arrinconar a declarados defensores de España y la Constitución y apoyarse en declarados enemigos de España y la Constitución. Aberrante discurso que, por desgracia, no para de utilizar el PP. A mi juicio, de forma irresponsable.

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