Sánchez sacó de quicio a Rajoy
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Antonio Casado

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Sánchez sacó de quicio a Rajoy

Rajoy sufrió un ataque de contrariedad por la nula disposición del líder socialista a reconocerle los servicios prestados

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Un ataque un tanto desordenado de Pedro Sánchez, sin método ni objetivo claro, sacó de quicio al presidente del Gobierno. Y ahí fue donde Mariano Rajoy pudo perder a los puntos en su cruce de ayer tarde con el líder del PSOE, cuyo hilo conductor fue la desconexión entre Moncloa y la realidad cotidiana de los españoles de a pie.

Por la mañana el presidente había intervenido mirando a los más de seis millones y medio de votantes perdidos por el PP entre las elecciones generales de 2011 (10.820.400) y las europeas de 2014 (4.054.703), con la esperanza de recuperarlos, al menos en parte. Se le fue la mano en las dosis de triunfalismo, pero eso no restó eficacia al mensaje dirigido a la parte desalentada de su electorado que se declara abstencionista y aún no ha migrado hacia Ciudadanos, UPyD o Podemos.

placeholder Intervención de pedro sánchez en el debate del estado de la nación
Intervención de pedro sánchez en el debate del estado de la nación

Por la tarde se sometió a la prueba del contraste en su cruce con Sánchez. Y entonces Rajoy sufrió un ataque de contrariedad por la nula disposición del líder socialista a reconocerle los servicios prestados. No solo le acusó de vivir de espaldas a una realidad forjada sobre la pobreza, la desigualdad, el endeudamiento, la precariedad laboral, la merma de derechos sociales y las injustas subidas de impuestos. Fue otra la frase de Sánchez que realmente le hizo daño: “El PP ha causado grandes destrozos a la economía española”.

Fue una reacción despectiva, impropia de un presidente de Gobierno. Ahí perdió el terreno ganado con su bien construido discurso de la mañana

Una enmienda a la totalidad del discurso oficial (salir de la crisis sin rescate y sin tocar el Estado del bienestar), que le hizo perder los nervios hasta el punto de terminar faltando al respeto a su principal adversario político: “Usted no ha dado la talla para ser presidente del Gobierno”, “No vuelva por aquí a decir nada”, “Ha sido usted patético”. Fue una reacción despectiva, impropia de un presidente de Gobierno. Ahí perdió el terreno ganado con su bien construido discurso de la mañana (perfecto, en función de los votantes a los que iba dirigido) y su primera réplica a Sánchez, en la que había relacionado el catastrofismo del líder socialista con la preparación del terreno a “los demagogos”.

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Debate sobre el estado de la nación

Había arrancado el líder del PSOE  con una desordenada ofensiva verbal, sin estandarte ni objetivo último. Su ametrallamiento del triunfalista relato de Rajoy consiguió irritarlo. Y ahí es donde aquel obtuvo ventaja, a pesar de haber desplegado un discurso con exceso de catastrofismo y falto de frescura, tratándose como se trata de un líder cargado de futuro. No tenía necesidad de elaborar un relato tan vinculado a la hemeroteca.

En cualquier caso, Sánchez había conseguido apagarle a Rajoy el farol de la España convertida en el modelo europeo de las cosas bien hechas. A esa reprobación, por exceso de triunfalismo, se sumaron luego Duran i Lleida (CiU), Alberto Garzón (I. Plural) y Rosa Díez (UPyD). Esta última fue la más motivada al tratar los grandes escándalos de corrupción asociados a las siglas del PP que, una vez más, el presidente del Gobierno despachó con las consabidas referencias a las iniciativas legales puestas en marcha para prevenir, perseguir y castigar comportamientos corruptos.

Previamente, el socialista Sánchez ya había intentado introducir el tema. Pero, como era previsible, la réplica de Rajoy derivó hacia el y tú, más: “¿Cómo se atreve usted a hablarme de corrupción?”. Y no hubo más. Ni siquiera en la réplica a Rosa Díez, que se había esmerado al recordar el paso de Jaume Matas y Luís Bárcenas por la vida de Mariano Rajoy. Tampoco sirvió de nada. No tocaba en la agenda prevista por el presidente del Gobierno, que en su discurso matinal había empleado 40 minutos en glosar la recuperación económica y apenas dos en la corrupción, que es la segunda gran preocupación de los españoles.

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