Tsipras irrumpe en la batalla electoral española

España no es Grecia ni Syriza es Podemos, pero si el primer ministro griego, Alexis Tsipras, se empeña, acabará consiguiendo que lo parezca, para desgracia de su amigo, Pablo Manuel Iglesias

Foto: Alexis Tsipras. (REUTERS/Alkis Konstantinidis)
Alexis Tsipras. (REUTERS/Alkis Konstantinidis)

España no es Grecia ni Syriza es Podemos, pero si el primer ministro griego, Alexis Tsipras, se empeña, acabará consiguiendo que lo parezca. Para desgracia de su amigo, Pablo Manuel Iglesias, único de los líderes políticos españoles perjudicados con la intromisión de su amigo griego en nuestra campaña electoral. Los adversarios de Podemos están encantados con la inesperada denuncia de Tsipras de una conjura hispano-portuguesa para empujar a Grecia hacia el abismo.

De entrada brinda a Rajoy la ocasión de referirse a Podemos como un producto político de los anabolizantes: “Es muy fácil inventarse un partido en media hora; gobernar y tomar medidas realistas es otra cosa”, dijo ayer en Sevilla el presidente del Gobierno. “España no es responsable de la frustración que la izquierda radical ha creado en Grecia”, había afirmado previamente.

Ni en sueños imaginaron Rajoy y su colega, Passos Coelho, que algún día tendrían el poder de doblegar a Merkel, Hollande, Christine Lagarde, Junker, Draghi y compañía, para impedir la remontada de Grecia. Afortunadamente, no lo consiguieron, pero juraría que España y Portugal han conspirado contra el Gobierno griego para “derribarlo, desgastarlo o llevarlo a la rendición incondicional”, según el delirante relato del flamante primer ministro heleno ante la dirección de su partido.

Ni en sueños imaginó Rajoy que algún día tendría el poder de doblegar a Merkel y compañía para impedir la remontada de Grecia

Lo malo de sucumbir a un ataque de contrariedad es que puede derivar en frustración mal curada. Vean ustedes con qué facilidad un político se declara víctima de una conjura en vez de hacer sus deberes de gobernante o de dirigente cuestionado desde dentro por haberse bajado los pantalones ante la troika (dígase ahora “instituciones”). Quizás Tsipras aprendió de su correligionario, el español Juan Carlos Monedero, que hace unos días se sentía víctima inocente de una magna conspiración de las fuerzas ocultas del “régimen del 78”, sólo porque sus adversarios quieren que abra la mochila y porque sus propios compañeros le reprochan que no la hubiera abierto a la primera.

Ojo, que me desvío (o no). Sólo quería llegar a poner sobre la mesa dos reveladores hechos contantes y sonantes que la memoria selectiva de Tsipras trata de aparcar:

El primero, que la reciente prórroga por cuatro meses del segundo rescate concedido a Grecia (no solo del dinero, sino también de las condiciones) se aprobó en el Eurogrupo por unanimidad. Es decir, que la negativa de los socios europeos a financiar los compromisos electorales de Syriza no fue exclusiva de España y Portugal, ni de los partidos conservadores. Lo cual, y para hacer aún más absurda la queja de Tsipras contra un imaginario frente ibérico, no ha impedido que ante su gente alabe las excelencias del acuerdo.

Y el segundo son los conatos de rebelión interna que han surgido en Syriza desde que la semana pasada se cerrarse el acuerdo del Eurogrupo, que concede cuatro meses más de respiración asistida al nuevo Gobierno griego. Cinco destacados dirigentes de la izquierda radical lo han criticado sin rodeos como una verdadera rendición. Uno de ellos, la mítica figura de la izquierda histórica, el eurodiputado Manolis Glezos. Y otro, nada menos que el nuevo superministro de Energía y Medio Ambiente, Panayotis Lafazanis. Ninguno de los dos, que se sepa, tiene antecedentes españoles ni portugueses.

Al Grano
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios