Monedero se cae de la foto

La ira del personaje se venía incubando desde que empezó a percibir la falta de arropamiento por parte de la cúpula del partido a raíz de sus diferencias televisadas con el ministro de Hacienda

Foto: Juan Carlos Monedero (c), acompañado del secretario general del partido, Pablo Iglesias (D), y el secretario de Comunicación y Estrategia Política, Íñigo Errejón. (EFE)
Juan Carlos Monedero (c), acompañado del secretario general del partido, Pablo Iglesias (D), y el secretario de Comunicación y Estrategia Política, Íñigo Errejón. (EFE)

Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, anuncia su retorno a la militancia de base. Abandona el puesto de mando y vuelve al tajo, a la calle –“la calle y la reflexión”, precisa–, a los orígenes, al 15-M, a la asamblea donde se enarbolan banderas republicanas, se denigra el régimen del 78 y se sueña con la demolición del régimen, mientras Iglesias se hace un selfie con el Rey e Íñigo Errejón dice “transformaciones estructurales” donde antes decía “proceso constituyente”.

La transversalidad era eso y Monedero no ha podido soportarlo. Uno menos en la memoria fotográfica de Vistalegre. Como hacía Stalin con los compañeros de viaje que se iban quedando por el camino (Antipov, Kirov, Shvernik y Komarov), hasta que se quedó solo en la foto. Con el photoshop es mucho más fácil. Porque nadie cree que lo de Monedero sea un hecho aislado, a la vista de conflictos precedentes en algunas organizaciones territoriales de Podemos.

Ya no hará falta la espada flamígera de Esperanza Aguirre para impedir que Podemos acabe con la Democracia en España. Podemos se destruye solo, como el libro de instrucciones del agente 007. Después de dinamitar la doctrina Mafalda (“Conocerme es quererme”), la operación de rebobinado político no les ha traído más que desgracias a sus dirigentes. La última es esta sonada dimisión del coautor intelectual del partido de los indignados. El contratiempo se suma a la caída en las encuestas. Justo el efecto contrario que esperaban conseguir con el tuneado de sus propuestas fundacionales a fin de hacerse más digeribles a los ojos del establishment.

Para Monedero es una lápida mortuoria, la que ha decidido echarse encima el partido por querer parecerse a lo que dice repudiar

No caeré en la tentación de hacer comparaciones odiosas respecto a Fidel y el Che, los dos personajes centrales de la revolución cubana. Vamos a dejarlo en que al líder carismático, Pablo M. Iglesias, le ha salido respondón su compañero de escalada porque el rebobinado “nos hace parecernos cada vez más a lo que no somos”. Lógico. Entiende su gente que el hambre de poder ha tomado esa forma de traicionarse a sí mismos y de sumar los defectos ajenos a los propios.

Iglesias decía ayer que a Monedero, “un intelectual que necesita volar”, le queda pequeño el proyecto y será más útil trabajando sin tener encima “la losa de las responsabilidades orgánicas”. ¿La losa? Para Monedero es una lápida mortuoria, la que ha decidido echarse encima el partido por querer parecerse a lo que dice repudiar. Lo supo al darse cuenta de que un minuto de televisión ya era más importante que una reunión con las bases (“círculos”, en su lenguaje alternativo).

Habida cuenta de que era el teórico responsable del programa marco del partido para las elecciones territoriales del 24 de mayo, ahora entendemos los persistentes aplazamientos de su presentación en sociedad, aunque la ira del personaje –dice sentirse “defraudado, decepcionado y desengañado”– se venía incubando desde que empezó a percibir la falta de arropamiento por parte de la cúpula del partido a raíz de sus diferencias televisadas con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en relación con su bien retribuida afinidad chavista.

Al Grano
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