Pedro Sánchez se envuelve en la bandera nacional

El PSOE ha reaparecido después de haber estado al borde del desahucio, cuando todo el mundo lo veía camino de la irrelevancia. Pedro Sánchez es ya un aspirante creíble a La Moncloa

Foto: Pedro Sánchez. (EFE)
Pedro Sánchez. (EFE)

A falta de adversarios en la carrera interna, Pedro Sánchez ya es el candidato socialista a la Moncloa. El acto de proclamación le vino al pelo para desmentir a Mariano Rajoy, pregonero mayor de la radicalización del PSOE, empeñado en persuadir a los españoles de que el joven líder socialista se ha echado en brazos de la izquierda alternativa liderada por Pablo Iglesias. Sin embargo, por lo visto y oído ayer en el teatro Circo Price de Madrid, cualquier parecido con ese discurso oficial del PP es una pura coincidencia.

Sánchez no tiene la menor intención de suicidarse políticamente. De momento, quiso aparecer sobre fondo de una enorme bandera nacional. La letra también fue inconfundible: “Mi proyecto es el de la moderación”. Por si había dudas: “La única revolución que necesita España es la del diálogo, el respeto y la tolerancia”, dijo ante la aristocracia de su partido (Ejecutiva en pleno, miembros del Comité Federal, barones regionales….).

El objetivo: liderar el cambio. Acabar con el paro y la corrupción. Con garantías de “seguridad y realismo”. Desde la centralidad de un partido vertebrador y de izquierdas que se reconoce en el legado de sus antecesores: Felipe González, Joaquín Almunia, Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba. Allí presentes, salvo el primero, de viaje a Brasil. Ni la imaginación más encendida podría detectar en ese discurso las veleidades revolucionarias -por supuesta impregnación de Podemos- que el PP le atribuye en el precalentamiento de las elecciones generales. Más bien suena a reiteración del consabido pensamiento socialdemócrata. El que declara compatibles mercado y democracia, competitividad y derechos del trabajador, crecimiento y cohesión social. Sánchez se limitó a recitarlo.

Para consumo interno quedaron las apelaciones a la unidad. No porque ahora esté en peligro sino para que no se repita el insensato juego de ciertos enredadores. Guardan silencio ahora que la figura de Sánchez crece y su liderazgo se consolida. Pero las hemerotecas demuestran que han venido utilizando a Susana Díaz y sus supuestas aspiraciones a la Moncloa como elemento desestabilizador de quien se ganó limpiamente el derecho a liderar el PSOE, mientras la presidenta andaluza se dejaba querer sin esforzarse demasiado en reparar su desconexión con el nuevo secretario general.

Para consumo interno quedaron las apelaciones a la unidad. No porque ahora esté en peligro sino para que no se repita el insensato juego de ciertos enredadores

Esa desconexión norte-sur, en todo caso, no ha impedido que el PSOE reaparezca después de haber estado al borde del desahucio, cuando todo el mundo lo veía camino de la irrelevancia. Tampoco ha impedido que Pedro Sánchez sea ya un aspirante creíble a la Moncloa, cuando hace unos pocos meses nadie apostaba por él, incluidos los dirigentes del partido que llevaba la estampa de Susana Díaz en el devocionario. Pero ayer ya fue nominado por aclamación del Comité Federal como candidato socialista a la Presidencia del Gobierno. Y los propios ataques de Rajoy le confieren máxima visibilidad al distinguirle como principal adversario en la lucha por la Moncloa.

En cuanto al apoyo directo o indirecto del PSOE a plataformas o partidos nacidos del malestar social, claro que encierra una apuesta de cambio respecto a muchos años de formidable poder territorial del PP. Y claro que encierra un cálculo de Sánchez no exento de riesgo: que el PSOE acabe colonizado por Podemos. También puede ser al revés: que el PSOE colonice a Podemos, como ya he escrito con anterioridad. Ese es el objetivo: liderar desde la izquierda los cambios que reclama la sociedad española.

Al Grano