Así no se acaba con "la broma"
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Antonio Casado

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Así no se acaba con "la broma"

La broma es creer que quienes aspiran a reventar le legalidad vigente en una parte de España vayan a incomodarse por una reforma legal pensada para inhabilitar a sus dirigentes políticos

Foto: El presidente de la Generalitat, Artur Mas, durante su comparecencia ante la Diputación Permanente del Parlament catalán. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas, durante su comparecencia ante la Diputación Permanente del Parlament catalán. (EFE)

Por si hubiera dudas, lo dijo mirando al enajenado caudillo nacionalista, Artur Mas. Según el candidato García Albiol, la apuesta fuerte de Rajoy en el PP catalán, "la broma se ha terminado". Frase con vidilla en todos los análisis dedicados a esa iniciativa del PP que pretende dotar de capacidad sancionadora al Tribunal Constitucional alterando su naturaleza doctrinal e interpretativa.

Dígase cuanto antes. Esperemos que el muro al desafío separatista lo levanten los catalanes en las urnas del día 27. Si se espera que el muro sea esta redundante y quizás contraproducente iniciativa, estamos apañados. Una hipotética mayoría absoluta nacionalista en el Parlament no es ninguna broma. Y muchos aplaudimos los pronunciamientos firmados por Josep Bou, Felipe González, Joaquim Coll, Angela Merkel, que quieren impedirlo por la vía democrática, confirmando la percepción de un creciente rechazo al desafío segregacionista y trabajando por la opción de una Cataluña tan catalana como española y europea.

La broma es creer que el sueño aritmético de Junts pel Sí se va a desvanecer porque a partir de ahora el Tribunal Constitucional pueda hacer lo que ya pueden hacer los tribunales ordinarios. Es decir, multar o inhabilitar a los gobernantes o funcionarios que se nieguen a cumplir una sentenciar. Exactamente lo que ya dispone el artículo 410 del Código Penal, con una única modificación en la cuantía de las multas. Amén de las causas penales que en cualquier momento pueden abrirse por el delito de desobediencia en sus distintas modalidades.

La broma es creer que el sueño aritmético de Junts se va a desvanecer porque a partir de ahora el TC pueda hacer lo que ya podían hacer los tribunales ordinarios

La broma es creer que quienes aspiran a reventar le legalidad vigente en una parte de España (no se cansan de decirlo, pero sin armas, a diferencia de lo ocurrido con los nacionalistas italianos, alemanes y españoles en los años treinta) vayan a incomodarse por una reforma legal pensada para inhabilitar a sus dirigentes. Al revés. Vean cómo se vienen arriba con sus cínicas apelaciones a la democracia y el imperio de la ley. Ya solo nos faltaba oír en boca de Artur Más que “vivimos en un Estado de Derecho que no nos protege”. Es como si Bárcenas defendiera públicamente la necesidad de acabar con los chorizos.

Vean también cómo las fuerzas políticas de ámbito nacional, inequívocamente contrarias a los planes nacionalistas (PSOE, UPyD y Ciudadanos, básicamente) han descalificado la iniciativa del PP por la forma y por el fundo. Después de celebrar en común las declaraciones de Merkel y la reciente carta a los catalanes del ex presidente González, no hacía ninguna falta este motivo de discordia entre constitucionalistas. Ni los argumentos utilizados en Moncloa frente a los discrepantes. Como decir que quien discrepa no quiere que se cumplan las sentencias del alto tribunal. Seamos serios, vicepresidenta.

Pese a todos los pesares, permítanme ustedes una confesión de parte. Ya lo hice ayer en el foro de lectores, para que no quede el malentendido entre nosotros. He escrito cientos de veces a favor del derecho del Estado a la legítima defensa frente al extravagante desafío separatista. Aun creyendo que la iniciativa del PP es innecesaria y contraproducente, me encantaría que sirviera para frenar esta locura. No lo creo pero celebraría estar equivocado. Lo digo en serio.

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