Los seguidores de Mas quieren justicia catalana

La tradición popular ha querido denominar “justicia catalana” a la que se aplica sin dilación ni miramiento de reglas procesales

Foto: Alcaldes catalanes y ciudadanos arropan al presidente de la Generalitat, Artur Mas. (Reuters)
Alcaldes catalanes y ciudadanos arropan al presidente de la Generalitat, Artur Mas. (Reuters)

Un coro de independentistas con y sin mando en plaza pidió ayer el retorno de la justicia catalana ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, donde declaró como imputado el presidente de la Generalitat, Artur Mas. ¿Sabían lo que estaban diciendo o hablan de la “justicia catalana” con la misma ignorancia histórica que del 11 de septiembre de 1714?

Los seguidores de Mas no estaban para hacer memoria sino para asegurar su investidura. Primero por aclamación en la calle, en oportuno aprovechamiento patriótico del empapelamiento a cargo de un tribunal 'español' (“¡español el que no bote!”, decían). Y cuando los de la CUP hayan tomado nota, como ya apuntaba ayer Antonio Fernández en El Confidencial, la investidura oficial en el Parlament, dentro de unos días, será pan comido bajo promesa de una inmediata declamación de voluntad de ruptura con España. De momento, sin consecuencias jurídicas. Solo por hacérselo saber a Andorra y al resto del mundo.

Pero a los amantes de la historia no nos da igual tan ruidosa reclamación de una justicia de fabricación casera.

Está al alcance de cualquiera que maneje un teléfono móvil saber que la tradición popular ha querido denominar “justicia catalana” a la que se aplica sin dilación ni miramiento de reglas procesales. Se ejercía hasta que los tribunales centrales (la nueva planta judicial borbónica, en el reinado de Felipe V) acabaron con los corruptos tribunales locales de origen medieval.

Lo de ayer fue una dosis de recuerdo sobre el pensamiento tóxico de los nacionalistas cuando conjugan a su modo democracia con legalidad

También hablamos de justicia catalana cuando rememoramos la que impusieron a sangre y fuego los almogávares (mercenarios de la Corona de Aragón) en venganza por el asesinato de Roger de Flor y otros compañeros de armas en tierras bizantinas. En los países balcánicos de hoy, siete siglos después, se ha perpetuado la imaginaria figura de 'Katalán', un guerrero-gigante sediento de sangre que se usa para asustar a los niños. Y si un griego quiere maldecir a alguien, aún hoy en día, le espeta: “Así te alcance la venganza de los catalanes”.

Pues ni más ni menos eso es lo que gritaban ayer entre pancartas y 'esteladas' los fans de Artur Mas 'for president', incluidos sus compañeros de viaje en la lista de Junts Pel Sí, los consejeros de su Gobierno, 400 alcaldes y varios parlamentarios de inequívoca confesión independentista. Por el fin de la justicia española y el retorno a la justicia catalana. Si no deshacen la ucronía quienes coreaban “fuera, fuera, fuera, la justicia española”, apostando por el pronto restablecimiento de la justicia catalana, habrá que ponerse en lo peor. Y la verdad es que no empezamos bien. El precedente no puede ser más inquietante, si resulta que estamos ante un desafio al orden vigente sin miramientos procesales. Es decir, unilateral.

En ese sentido, lo de ayer fue una dosis de recuerdo sobre el pensamiento tóxico de los nacionalistas cuando conjugan a su modo democracia con legalidad. Un representante de la voluntad popular no puede ponerse fuera de la ley con la excusa de haber sido elegido democráticamente. Así que, o se cambia la ley o se inhabilita a ese representante si el juez aprecia el incumplimiento. No es de recibo el espectáculo de unas personas reclamando la inmunidad judicial de un ciudadano solo porque se comparte con él un determinado ideario político.

Al Grano
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
29 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios