Pedro Sánchez, obligado a jugar por el centro

La irrupción de Ciudadanos ha desplazado el arco político, dejando al partido naranja, junto con el PSOE, en el centro y enviando a Podemos y PP a los extremos

Foto: Reunión del Comité Federal del PSOE. (EFE)
Reunión del Comité Federal del PSOE. (EFE)

Habla, pueblo, habla/ habla sin temor/ no dejes que nadie apague tu voz. El primer Gobierno de la Transición utilizó esa canción del grupo Vino Tinto para llenar de síes las urnas del referéndum que abrió por dentro las puertas del franquismo en diciembre de 1976. Por allí entraron los españoles con hambre atrasada de libertad y en aquellas horas de aprendizaje democrático empezó a tomar cuerpo la idea del “centro político”, asociada desde entonces a la figura del ya fallecido Adolfo Suárez.

Aquel centrismo de aluvión (UCD) tuvo una vida muy corta. Apenas cuatro años. Hasta la histórica barrida socialista de 1982. Sin embargo, ninguna de las dos grandes fuerzas que iban a protagonizar el futuro dejarían nunca de reclamarse centristas como pilares del sistema: el centroizquierda (PSOE) y el centroderecha (PP). Entre ambas aparece ahora el partido dirigido por Albert Rivera, ocupando el centro de la nueva orografía electoral junto al PSOE, puesto que el otro partido emergente (Podemos) queda en el extremo izquierdo del abanico. Lo cual deja al PP en el extremo derecho.

La irrupción de Ciudadanos ha desplazado el eje del centro colocando a Podemos y PP en los extremos -a izquierda y a derecha- del arco político español

Pura descripción. La completo con el hecho de que los ocupantes del centro, PSOE y Ciudadanos, están unidos por un pacto. Ninguno de los dos reniega del mismo de cara a las elecciones del 26 de junio. No es cosa de cambiar de opinión solo dos meses después de airear las doscientas coincidencias por un Gobierno “reformista y de progreso” que defienda la unidad de España dentro de la UE. “Otra cosa es que la aritmética nos permita aplicarlo”, dice Rivera en distancia corta. Por supuesto, depende del nuevo reparto de escaños que guardan las urnas. Si es propicio a la suma de ambos, el pacto puede tener una segunda vida.

La hipótesis se asienta en una lógica de amplia circulación entre los politólogos. A saber: las elecciones se ganan en el centro, desde el centro se gobierna y el centro es el eje de todos los consensos. A partir de ahí, conviene rastrear el discurso de los dos líderes comprometidos por ese pacto de centralidad, respecto a los partidos extremos con los que limitan. Los destinatarios son los mismos: PP y Podemos. Y no es más firme Rivera que Sánchez, o al revés, en los embates contra la corrupción y el populismo, asociados a PP y Podemos, como los dos leviatanes marinos que deben ser destruidos a toda costa.

Con calculada aversión específica a las figuras de los líderes fronterizos, dejando manos tendidas hacia partidos en principio afines, Rivera se declara incompatible con Rajoy, por verlo políticamente asociado a la corrupción, aunque hace elogios de los nuevos dirigentes del PP, con los que sí estaría dispuesto a entenderse. Y Sánchez también introduce en su discurso una calculada diferenciación entre la figura de Pablo Manuel Iglesias, al que acusa de favorecer la continuidad de Rajoy en La Moncloa, y el alma izquierdista de Podemos representada en dirigentes más razonables, como Íñigo Errejón.

El futuro político de Sánchez, dentro y fuera del PSOE, depende de que su facturación electoral mejore en las urnas el próximo 26 de junio respecto al 20-D

En todo caso, el futuro político de Pedro Sánchez depende de que su facturación electoral mejore sustancialmente en las urnas del 26 de junio, después de haber salvado un 'match-ball' con huida hacia delante (aceptar la misión imposible de formar gobierno con 90 diputados). Eso descolocó a quienes quisieron eliminarle después del pobre resultado en las elecciones del 20 de diciembre, pero lo encajonaron en una resolución del Comité Federal que le obligó a hacer de la necesidad virtud. O sea, a jugar por el centro, en nombre del interés nacional y en insalvable incompatibilidad con PP y Podemos, mientras sigan en las mismas manos.

El actual líder socialista, por tanto, queda obligado a mantener vivo el espíritu y la letra del llamado “acuerdo para un gobierno reformista y de progreso”, aunque no se haga bandera de ello durante la campaña electoral por que, como bien ha dicho Susana Díaz ,“si hablamos de pactos estamos dando a entender que no esperamos ganar”. Aunque, insisto, goza de buena salud ese pacto firmado el 24 de febrero, como la señal definitiva de que, por mucho que se escenificase posteriormente, la convergencia política del PSOE con Podemos (el “pacto a la portuguesa”, inicialmente soñado por Sánchez) jamás se iba a producir. Ni se producirá después del 26-J. Ni con 'sorpasso' ni sin él.

Al Grano
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