Los 'okupas' de Gràcia rompen los esquemas

Sólo con echar un vistazo a lo que está sucediendo estos días en Barcelona se llega a la conclusión de que, efectivamente, Cataluña 'is different' aunque sea de sainete

Foto: Colau se encuentra ahora en una situación propia de un sainete. (EFE)
Colau se encuentra ahora en una situación propia de un sainete. (EFE)

A mediados del pasado mes de abril, en agradable conversación privada, el diputado Xavier Domènech (En Comú Podem), que viene del activismo y es hombre de confianza de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, me explicó que así como ellos no iban a intervenir en un eventual pacto Podemos-Izquierda Unida (“Eso tiene que resolverse más allá del Ebro”), Podemos tampoco tendrá ningún pito que tocar en el proceso que arrancará en septiembre para construir “una fuerza política nueva en Cataluña”, llamada a desbordar las dinámicas de su actual coalición con el partido morado. “Tanto Iglesias como Errejón saben que Cataluña es un espacio político diferenciado con características distintas a las de España”, añadió.

Y tanto. Los efectos políticos de lo ocurrido estos días en el barrio de Gràcia nos han roto los esquemas. Un conflicto digno de ser estudiado por expertos en ciencias sociales, a la luz de principios básicos como la propiedad privada y el ejercicio de la autoridad en quienes están obligados a cumplir la ley y hacerla cumplir. De nada sirven las coordenadas previas para procesar dichos efectos con un mínimo de lógica.

Los efectos políticos de lo ocurrido estos días en el barrio de Gràcia nos han roto los esquemas si se interpreta desde algún ejercicio de lógica

A saber:

Un alcalde burgués que, por tener la fiesta en paz en vísperas electorales, paga el alquiler a unos okupas hasta que una alcaldesa amiga de manteros y desahuciados deja de pagarlo. Un partido antisistema (CUP) que tiene a diputados y concejales repartiendo su tiempo entre la moqueta y las barricadas. La derecha españolista de toda la vida (PP) y los separatistas de ERC votando juntos para que Colau se cese a sí misma como responsable de Seguridad del Ayuntamiento de Barcelona. O, en fin, una alcaldesa que pide prudencia a los policías y no a los violentos alborotadores (anarquistas pero perfectamente organizados en la guerrilla urbana)

Vale. 'Catalunya is different'. Tal vez la última lección aprendida por Pedro Sánchez, tras la no bien explicada entrada de los socialistas catalanes en el extravagante consorcio municipal formado en torno a Barcelona en Comú, que es Podemos a la catalana, mientras el PSOE y sus dirigentes entran en campaña electoral a cara de perro contra Podemos: “No son de fiar e Iglesias es un impostor”. Muy buena conciencia no debe tener el líder de los socialistas a la catalana, Miquel Iceta, que ni siquiera quiso salir en la foto del jueves. La formalización del pacto Colau-Colboni se produjo en un acto casi clandestino, cuando el barrio de Gràcia era un paisaje después de la batalla entre okupas y 'mossos d'esquadra'.

Ahí le han dado. La responsable de Seguridad del Ayuntamiento de Barcelona, Ada Colau, que además es alcaldesa, ha puesto en duda que los antidisturbios actuasen con “proporcionalidad”. Por eso se ha ganado la antipatía de todos los sindicatos policiales dentro y fuera de Cataluña. Y por eso los representantes de CiU, Ciudadanos, ERC y PP le han pedido que se cese a sí misma como concejal de Seguridad. Como es sabido, la proporcionalidad reclamada por Colau es una de las exigencias consabidas en el protocolo de actuación de los agentes. Ergo, reclamarla supone ponerla en duda.

El representante de un partido burgués y de orden como Trias se dedicaba a amparar a okupas y la alcaldesa critica a la Policía que depende de ella

“No hay un policía decente”. Es un fogonazo verbal extraído de las obras completas de una alcaldesa que ahora pide a los agentes que extremen la prudencia para no hacer daño a los okupas. Evidente. Colau está más cerca de estos que de los policías. Cuña de la misma madera (la de los árboles, no la de la porra y el casco). Sin embargo, es Colau el origen de los enfrentamientos de estos días debidamente secuenciados.

Los okupas han estado más de un año ocupando un espacio privado ('Banc expropiat' de Gràcia) por cuenta del Ayuntamiento, que se ocupaba de pagar el alquiler al dueño del local (una antigua sucursal bancaria). Pero no en el actual mandato de Colau -que es la que interrumpió el pago, y de ahí el desalojo reclamado por los dueños del inmueble-, sino por el alcalde anterior, Xavier Trias, en nombre de un partido de orden y sediento de centralidad (la CDC de Pujol, Mas y Puigdemont) que, eso sí, ahora está amontonado en la Generalitat con el gamberrismo anarquista representado por la CUP. Vean hasta qué punto Cataluña 'is different'.

 

Al Grano
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