A un hijo del PSOE le pillan copiando
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Antonio Casado

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A un hijo del PSOE le pillan copiando

La legalidad esgrimida por Espinar no tapa la vergüenza del dirigente político pillado en falta por hacer lo contrario de lo que predica

placeholder Foto: El senador de Podemos Ramón María Espinar. (EFE)
El senador de Podemos Ramón María Espinar. (EFE)

Todo encaja. El portavoz de Podemos en el Senado y candidato pablista a dirigir la izquierda mochilera en Madrid, Ramón Espinar, salta a la fama para corroborar el grito unísono del exlíder del PSOE Pedro Sánchez y del exministro Josep Borrell, sobre la necesidad de entenderse de tú a tú, de igual a igual, con Podemos porque, entre otras cosas, “muchos de nuestros hijos están con ellos”.

Cierto. Por ejemplo, el referido Ramón Espinar, hijo de su homónimo padre, un dirigente socialista imputado en el escándalo de las tarjetas 'black' por haber fundido 178.399,95 euros de aquella manera.

Al joven dirigente de Podemos le han pillado copiando, como a Francisco Correa, salvando las distancias de edad y credo político. Sobre todo de edad. Espinar es demasiado joven. No ha tenido tiempo de superar el grado de 'delincuente potencial' otorgado por su jefe, Pablo M. Iglesias, a muchos de los diputados que hoy por hoy se sientan en el Parlamento. Solo nos desmentiría un caso de prematura desvergüenza, como el del pequeño Nicolás, que antes de cumplir los 20 años ya estaba empapelado por estafa, falsedad y usurpación de identidad.

Foto: El parlamentario autonómico de Podemos Ramón Espinar. (EFE) Opinión

Espinar solo tenía 21 años cuando hizo las primeras aportaciones para la vivienda de protección pública conseguida en Alcobendas sin estar empadronado ¿Sería porque su padre era amigo del alcalde? Por aquel entonces, se sentaban juntos en el consejo de Cajamadrid el citado dirigente regional del PSOE y el alcalde de dicha localidad, José Caballero, también socialista (luego se pasaría a UPYD). Ambos representaban esa izquierda ahora vilipendiada por el partido de Iglesias.

Es difícil eludir la sospecha de que el padre pudo influir en que el hijo accediera a la vivienda por el cupo preferente reservado a los menos pudientes (un 15% de las viviendas construidas). Todo dentro de la ley, incluido el préstamo 'familiar' de 52.000 euros para pagar la entrada. Lo devolvió en su día, dice, aunque fue incapaz de documentarlo.

También a los nuevos actores de la vida pública, con la legítima aspiración de representar el malestar de la ciudadanía, les cuesta abrazarse a la ejemplaridad

Y tampoco se compadece con la valoración de familia mal dotada económicamente. Lo escandaloso es que compró por 146.224 euros y, sin haber terminado de pagar, vendió nueve meses después por 176.000 euros. Según él, el beneficio obtenido fue de “entre 19.000 y 20.000 euros”. Pero la legalidad esgrimida por Espinar no tapa la vergüenza del dirigente político pillado en falta por hacer lo contrario de lo que predica. O, dicho de otro modo, haciendo justamente lo que critica cuando ejerce de experto en vivienda pública. Siempre condenó las operaciones de compraventa de viviendas sociales.

También a los nuevos actores de la vida pública, con la legítima aspiración de representar el malestar de una ciudadanía sedienta de un orden social justo y sin trampas, les cuesta abrazarse al imperativo de ejemplaridad. Y, como sus mayores, se encubren en apelaciones al juego sucio del adversario. Espinar calificó la filtración de la noticia de “injerencia en la campaña de primarias de Podemos”. Vaya por Dios.

Por muy legal que sea, en la aireada operación de compraventa hay un componente especulativo, se ponga como se ponga este dirigente de Podemos. Lo cual es especialmente grave tratándose de viviendas pensadas por el sindicato Comisiones Obreras para cumplir un derecho reconocido en la Constitución a favor de quienes realmente las necesitan (familias escasas de medios y jóvenes que están empezando a vivir), y no de quienes aprovechan una revalorización del inmueble para engordar la cuenta corriente.

Ramón Espinar Noticias de Podemos