Gana Pedro, ¿gana el PSOE?
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Antonio Casado

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Gana Pedro, ¿gana el PSOE?

Si las primarias han sido cosa de los militantes, el congreso federal de junio será cosa del 'aparato', que aún no será sanchista al cien por cien

Foto: Pedro Sánchez vota en las primarias del PSOE. (EFE)
Pedro Sánchez vota en las primarias del PSOE. (EFE)

Ganó Pedro de forma clara, contundente, inequívoca. Se quebró la vocación ganadora de Susana Díaz. Y brilló en todo su esplendor el enfrentamiento imaginado por Sánchez entre militantes y 'aparato'.

Ganaron los militantes, que acudieron a votar con una motivación sin precedentes (80% de participación) y eligieron libremente. Perdieron los 'notables', que apostaron claramente por la presidenta andaluza. Lo mismo que la comisión ejecutiva interina, presidida por el asturiano Javier Fernández, aunque puso sosiego y sentido común en el duro proceso de renovación interna a raíz del destronamiento de Sánchez el 1 de octubre de 2016 y aún pendiente del congreso federal del mes que viene.

Gana la querencia populista, roja y plurinacional, nunca del todo desmentida por Sánchez, aunque en la última fase de la campaña dijo reconocerse en el reformismo y no en el rupturismo. Una afirmación puesta en duda por los dirigentes socialistas y por las élites económicas y empresariales del país.

Sánchez ha hablado continuamente de un PSOE rendido al PP que hizo de la abstención en la sesión de investidura una declaración de amor a Rajoy

El tiempo dirá cómo resuelve Pedro Sánchez, si no es con purgas, la extravagante concepción de un partido invertebrado, sin otros referentes que el líder y la militancia, que más recuerda a un modelo de caudillaje que al de la democracia representativa clásica que nos gobierna.

Sin embargo, es evidente que, en contra de lo que algunos pensábamos —erróneamente, como se acaba de demostrar—, se ha premiado un discurso dictado por el resentimiento y la frustración mal curada de Sánchez, el que durante la campaña ha hablado continuamente de un PSOE rendido al PP que hizo de la abstención en la sesión de investidura una declaración de amor a Mariano Rajoy.

Esperemos que ese discurso caduque con el desenlace de estas primarias, a partir de la democrática aceptación del resultado por parte de todos, el ofrecimiento de integrar a los perdedores, Susana Díaz y Patxi López, y un propósito sincero de reconciliar al partido sin quedarse en las palabras. En este sentido, la dimisión anunciada el domingo por el portavoz parlamentario, Antonio Hernando, es un mal síntoma sobre los relevos que voluntaria o forzosamente se van a producir.

Ahora Sánchez tendrá que ganarse con hechos lo prometido sobre la imprescindible reconciliación entre los dos bandos enfrentados hace dos años

Hernando era un fiel cumplidor de los mandatos del comité federal y las decisiones de la comisión gestora. Pero queda claro que el triunfo de Sánchez supone, de momento, romper con esa línea (oposición útil al servicio de la ciudadanía), que cotizaba al alza en los sondeos.

Es un serio motivo de preocupación dentro y fuera del PSOE, pues no solo el partido se juega su propia existencia ante el aún vivo peligro de dispersión. Con mayor o menor fundamento, en todos los análisis también se contemplaba y se contempla como un riesgo para la estabilidad el triunfo de Pedro Sánchez. Ese riesgo no ha desaparecido. Como los retos que afronta el PSOE puertas adentro si quiere levantar cabeza y no caer en la irrelevancia.

Me refiero a los retos de identidad, unidad y liderazgo que afrontaba y aún afronta el PSOE. Una secuencia no cerrada con el recuento de este domingo. Ahora Pedro Sánchez tendrá que ganarse con hechos lo prometido con palabras sobre la imprescindible reconciliación entre los dos bandos enfrentados a cara de perro a lo largo de estos dos últimos años.

La cooperación de los seguidores de Patxi López parece garantizada, después de una campaña que hizo bandera de la unidad. Pero será difícil si Sánchez y sus seguidores siguen viéndole como un traidor. Y si por ahí es difícil ejercer de costureros, más difícil será respecto a los principales dirigentes institucionales y orgànicos del partido, que han hecho una apuesta perdedora.

Eso sí, ese poder orgánico sigue vivo y es el que tradicionalmente determina el resultado de los congresos federales. Por decirlo de otro modo: si las primarias han sido cosa de los militantes, el congreso federal de junio será cosa del 'aparato', que aún no será sanchista al cien por cien. Es la prueba del algodón para saber si el PSOE camina hacia la reconciliación o vuelve a la bronca.

(Confesión de parte: a los que hicimos análisis ganadores de Susana Díaz no nos queda otra que reconocer nuestra equivocación y felicitar a Pedro Sánchez, con la esperanza de que haya sido lo mejor para el PSOE y para España).

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