¿Indulto? El falso paso atrás de Iceta

Denota falta de respeto al trabajo de los jueces contra los enemigos del Estado. Es como cantar que se acabará perdiendo en una medida política

Foto: Miquel Iceta en un acto electoral del PSC en Vilanova. (EFE)
Miquel Iceta en un acto electoral del PSC en Vilanova. (EFE)

El candidato socialista a la presidencia de la Generalitat, Miquel Iceta, se mostró favorable al futuro indulto de los dirigentes independentistas eventualmente condenados por presuntos delitos de rebelión y otros. Lo pediría sin ninguna duda, llegado el caso, "porque en este país tendremos que cerrar heridas de origen político", dijo hace dos días.

El inesperado movimiento del líder del PSC cogió por sorpresa a los dirigentes del PSOE. Pedro Sánchez no tardó en hacerle llegar su desacuerdo. Y por eso dio marcha atrás veinticuatro horas después. Pero de aquella manera: "Después de ver las reacciones que ha suscitado, debo decirles que sin duda se trata de una propuesta prematura".

Iceta rectifica a medias. Dice que la propuesta es prematura, pero el fondo del asunto es que interfiere en una causa judicial en instrucción

Rectificación a medias. Se reprocha la prisa, pero el fondo del asunto sigue intacto. Implícitamente se ratifica, aunque cree haberse apresurado al anunciarlo. Queda viva una cuestión de principios. No es admisible que, por razones electorales, un líder político interfiera en una causa judicial que ni siquiera ha superado la fase de la instrucción.

La censura flota en el aire de la campaña tras el falso paso atrás de Iceta, muy criticado en las filas constitucionalistas. Con razón, a mi juicio, aunque no deja de ser un brindis al sol. Nada tiene que decir este candidato a la presidencia de la Generalitat sobre una competencia que ni tiene ni tendrá.

Denota falta de respeto al funcionamiento del Estado de derecho y, más precisamente, al principio de separación de poderes. Es como cantar por adelantado a los jueces que su trabajo contra los enemigos del Estado se acabará perdiendo en una medida política en nombre de la reconciliación.

Miquel Iceta, acompañado del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
Miquel Iceta, acompañado del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

No es mala noticia para Puigdemont, que se pasea por Bruselas haciéndose la victima del Estado español. O para los dirigentes independentistas que, encarcelados o no, huidos o no, siguen considerando legítimo el Gobierno Puigdemont y prometen la restitución de Trapero, la reapertura de las "embajadas" y la implementación de la república independiente de Cataluña (Marta Rovira 'dixit').

Sin embargo, en medios socialistas se reconoce en voz baja el acierto táctico de Iceta a escala catalana. A efectos electorales, se entiende. O electoralistas. Pone en apuros a Pedro Sánchez pero funciona en Cataluña. Allí el tema de los dirigentes encarcelados no se ve como en el resto de España.

Iceta no arriesga nada, salvo incomodar a Pedro Sánchez, que ha decretado silencio sobre la propuesta. No se aplaude pero tampoco se critica

Es una forma de romper la ley de hierro de la campaña electoral, según la cual hay trasvases de voto entre independentistas y entre constitucionalistas, pero no de uno a otro bloque. El cálculo de Iceta, que se ofrece de puente entre las dos orillas y adalid de la transversalidad, es arañar votos del bloque contrario marcando diferencias con Ciudadanos y PP, que han descalificado la propuesta.

Una propuesta que, aún así, a Iceta le sale gratis. No arriesga nada, salvo incomodar a Sánchez, que ha decretado silencio sobre la misma. No se aplaude pero tampoco se critica porque, en realidad, se está remitiendo a un trámite legal y democrático. Me refiero al derecho de gracia, recogido en el artículo 62 de la Constitución.

Al Grano

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