Caso Cifuentes: pendientes del dedo de Rajoy

Ahora que se desploman las apuestas por su figura, de imparable ascenso hasta que saltó el escándalo, se hace dolorosa la desproporción entre la causa y sus tardías consecuencias

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tras la reunión con su homólogo danés, Lars Løkke Rasmussen. (Reuters)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tras la reunión con su homólogo danés, Lars Løkke Rasmussen. (Reuters)

Ciudadanos estira el plazo de espera para que el PP tome una decisión. Sus dirigentes entienden que el asunto lo merece. Eso permitió a Rajoy seguir mareando la perdiz cuando, en rueda de prensa junto al primer ministro danés, fue preguntado ayer por el caso Cifuentes.

Reproche a Ciudadanos por querer romper un pacto que, según él, va bien. Reproche al PSOE por presentar una moción de censura. Y reproche a todos los que adornan sus historiales con falsos títulos: "Cada nuevo caso que vamos conociendo es peor que algunas de las cosas que están tan de actualidad".

En traducción simultánea del dialecto marianista queda clara la devolución de la pedrada a quienes en otros partidos (Errejón, Franco, Zafra, Valenciano) han hecho lo mismo que Cifuentes. Pero al no respaldarla expresamente frente a la amenaza de Ciudadanos (o se va o la echan), alimentó la documentada sospecha de que la todavía presidenta madrileña está en capilla.

Más allá de una simple sospecha es que todas las miradas políticas y mediáticas quedan pendientes del dedo de Rajoy. Empezando por la interesada, que ya dijo que hará lo que diga el jefe. El que tiene la clave del final reservado al culebrón del máster obtenido en rebajas.

Al no respaldarla expresamente Rajoy frente a la amenaza de Cs, alimentó la sospecha de que la todavía presidenta madrileña está en capilla

La decisión de adornarse en su día con un título fabricado de aquella manera va a ser la tumba política de Cifuentes. Ahora que se desploman las apuestas por su figura, de imparable ascenso hasta que saltó el escándalo, se hace dolorosa la desproporción entre la causa y sus tardías consecuencias. Una carrera tontamente malograda. Pero así de dura es la política.

Con un fin de semana por delante, el presidente del Gobierno y líder nacional del PP se ha llevado el dilema a casa. Mantener a Cristina y perder el trono. O conservar el trono y perder a Cristina. No hay más. A eso se reduce la salida del charco. Susto o muerte.

Lo uno supone desoír las amenazas de Ciudadanos y dejar que la moción de censura coloque al socialista Ángel Gabilondo en el despacho de la Puerta del Sol. A cambio, el PP se dispondría a pregonar por España la tendencia de Albert Rivera a encamarse con los rojos ¿Entenderá Rajoy que le compensa? No creo.

Mantener a Cristina y perder el trono. O conservar el trono y perder a Cristina. No hay más. A eso se reduce la salida del charco. Susto o muerte

Lo otro es buscar un candidato alternativo (Rollán, Garrido, Gómez Angulo, Andradas), que sacrificaría a Cifuentes pero desactivaría la moción de censura sin entregar al PSOE el emblemático baluarte y toda su potencia de fuego electoral ante las urnas del año que viene.

Es la llamada solución "murciana". Parece la más verosímil. Y la que proyecta el lenguaje verbal y no verbal de los dirigentes del PP, excepción hecha de su secretaria general, María Dolores de Cospedal.

Al Grano

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