Quim Torra: de su alma y de su pluma

Quim Torra: de su alma y de su pluma

Quién nos iba a decir que el 155 y los jueces nos darían la ocasión de re-conocer el rostro de la versión menos evolucionada del nacionalismo

Foto: Quim Torra. (Ilustración: Raúl Arias)
Quim Torra. (Ilustración: Raúl Arias)

No eran fogonazos digitales perdidos en la polvareda del tiempo, por los que Torra ya pidió disculpas. Lo que se le ha venido encima es un volquete de declaraciones, frases, artículos, ensayos, que la hemeroteca ha ido vomitando desde que Puigdemont, el ausente, puso su dedo sobre quien, en ceremonia “breve, sobria y sin invitados”, se va a convertir hoy en el 131º presidente de la Generalitat de Cataluña.

Quién nos iba a decir que el 155 y los jueces nos darían la ocasión de re-conocer el rostro de la versión menos evolucionada del nacionalismo. Tal vez el verdadero. O el único, en estado natural, que se reactiva en el populismo y el relato insidioso. Nadie podía imaginar que las obras completas de Quim Torra, cargadas de xenofobia, racismo y odio a España, acabarían cursando en los circuitos políticos y mediáticos como un inesperado cómplice de los defensores de la legalidad.

Nada nuevo, por otra parte. Ochenta años antes de que Torra se refiriese a los españoles como “bestias con forma humana que se reproducen y viven entre nosotros” (finales de 2012) a las que “repugna cualquier expresión de catalanidad”, el fundador del PNV, Sabino Arana, ya comparaba el castellano con los rebuznos de un asno.

“Al menos los asnos no blasfeman ni profieren voces indecentes”, decía el padre de la patria vasca, cuya arquitectura intelectual y moral queda reflejada en este patriótico llamamiento: “Ya lo sabeis, euskaldunes, para amar el euskera tenéis que odiar a España”.

Ochenta años antes de que Torra se refiriese a los españoles como “bestias”, Arana comparaba el castellano con los rebuznos de un asno

Tomo estas citas de un librito titulado 'De su alma y de su pluma'. Se publicó en 1932 con motivo de las bodas de oro del nacionalismo vasco. Y quien tuvo el acierto de reimprimirlo para los lectores de nuestros días (editorial Memoria Histórica) glosó en un breve prólogo la toxicidad del pensamiento y la palabra de este tipo de ideólogos. Los que acaban dando pie a la xenofobia, el racismo y la marginación del diferente.

Quim Torra: de su alma y de su pluma

Cuando el nuevo presidente de la Generalitat, por delegación del oráculo de Berlin, habla del “fascismo de los españoles que viven en Cataluña” y otras lindezas semejantes, se pone a tiro de la advertencia del referido editor sobre la necesidad de difundir las antologías de este tipo de dirigentes. Y de sus ideólogos de cabecera. En el caso de Torra, nada menos que los guías de un fascismo a la catalana que, afortunadamente, no llegó a cuajar en los convulsos años treinta (Josep Dencás, los hermanos Badía y los ‘escamots’ del ‘Estat catalá’).

Tal cual: “Los herederos de estos ideólogos suelen ocultar los orígenes de su pensamiento. Disfrazan las palabras, pero en ellas siempre subyacen los principios del pensador original”. Así es. Arana, en el caso del nacionalismo vasco. El austriaco Dolfus y el catalán Dencás en el caso del nacionalismo etnicista y xenófobo que representa Torra.

El malestar que produce leer a Arana cuando dice que la mirada de los españoles “solo refleja idiotismo”, o cuando dice que un verdadero euskaldún “debe sentir rencor hacia el maketo”, no es muy diferente al que se siente cuando, 80 años después, la expresidenta del Parlament, Núria de Gispert, pide a Inés Arrimadas que se vuelva a Cádiz. O cuando el nuevo presidente de la Generalitat se refiere a la “vieja y noble raza de los socialistas catalanes, extinguida por sus continuos cruces con los socialistas españoles".

Nada muy distinto de otra antológica reflexión de Sabino Arana sobre “la “ignorancia y el extravío que el roce con el español causa en nuestra raza”.

Al Grano

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