La derecha toma el poder en Andalucía

Ha sido irresistible la ascensión de este esqueje político que brotó del tronco del PP en torno a figuras como Vidal Cuadras, Jaime Mayor Oreja, María San Gil...

Foto: Santiago Abascal, líder de Vox. (Reuters)
Santiago Abascal, líder de Vox. (Reuters)

La abstención mató a Susana Díaz. Fue una de las formas de expresar la voluntad de cambio de los andaluces. Se escenificó anoche con un histórico fracaso del PSOE, el hundimiento del PP y una clara emergencia de la derecha alternativa representada en Ciudadanos y Vox. Ambos al grito de ¡Viva España!

El fantasma de ese temido Gobierno conservador se le vino encima a la todavía presidenta de la Junta y acabó marcando el signo de la noche electoral. Con cuatro escaños más de los necesarios para gobernar con mayoría absoluta.

Lo impone la matemática electoral. La política es otra cosa y en esta ocasión viene cargada de paradojas. Por ejemplo, que el fracaso sin paliativos del PP (pierde siete escaños) pudiera quedar gratificado con la titularidad del Gobierno, si Ciudadanos y Vox están por la labor de acabar con la resignada continuidad de los socialistas en el poder.

La derecha toma el poder en Andalucía

Ninguna otra combinación suma los 55 escaños necesarios para gobernar con mayoría absoluta. Excepción hecha, se entiende, de una impensable complicidad PP-PSOE, las dos únicas fuerzas políticas en retroceso. Casualmente las que se disputan el poder a escala nacional. Lo cual permite decir a los dirigentes de Ciudadanos que ha ganado el cambio. No solo a escala andaluza. También a escala nacional.

En ese sentido, los mensajes son demoledores para los respectivos líderes de los dos grandes partidos españoles. Si hubo efecto Casado, fue el de arruinar la causa del PP andaluz y minusvalorar sus aspiraciones a La Moncloa. Es la conclusión lógica de su generosísima participación en la campaña andaluza.

No puede decirse lo mismo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuyo paso por la campaña fue muy escaso y la propia Susana Díaz nunca dejó de insistir en la desnacionalización de estas elecciones.

No está cantado que el próximo presidente de la Junta vaya a ser Moreno Bonilla. Lo lógico es que Ciudadanos exija la presidencia para Marín

Se ve venir el pacto de las tres derechas. A mi juicio, va a ser inevitable, una vez superada la controversia que se avecina entre el PP y Ciudadanos (apenas 80.000 votos de distancia) respecto a la titularidad del poder. Por tanto, no está cantado que el próximo presidente de la Junta vaya a ser Moreno Bonilla, líder de un partido que anoche mordió el polvo. Lo lógico es que, por esa razon, Ciudadanos exija la presidencia para su candidato. Al menos a las primeras de cambio. Luego, ya veremos.

Para Vox, todo el protagonismo de la noche electoral. Y en parte gracias a la propia Susana Díaz, que lo metió en campaña, también será protagonista en las negociaciones venideras. Cuando se empiece a hablar de pactos, su papel va a ser decisivo en la formación del Gobierno andaluz.

Ha sido irresistible la ascensión de este esqueje político que brotó del tronco del PP en torno a figuras como Vidal Cuadras, Jaime Mayor Oreja, María San Gil, etc., que han encontrado unos animosos continuadores en los nombres de Santiago Abascal, Javier Ortega y, a nivel andaluz, Francisco Serrano.

Cuña de la misma madera, al fin y al cabo. Dicho sea como anticipo de que las previsibles tensiones de los próximos días, cuando empiecen las conversaciones sobre el modo de gestionar el poder conquistado anoche por la derecha, se acabarán superando en nombre de una causa que para Marín, Moreno Bonilla y Navarro es de mayor cuantía: terminar con casi 40 años de poder consecutivo de los socialistas en Andalucía.

Al Grano

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