Azaña y Machado, despojados de la tricolor

En el homenaje de Pedro Sánchez se ocultó la bandera republicana, cuarenta años después del abrazo del rey Juan Carlos con la viuda de Azaña

Foto: Sánchez homenajea al exilio español en Francia. (EFE)
Sánchez homenajea al exilio español en Francia. (EFE)

La visita del presidente, Pedro Sánchez, a las tumbas de Machado (“al alejarse le vieron llorar”) y Azaña (“paz, piedad, perdón”) en el sur de Francia, allá donde los soldados senegaleses desinfectaban a los españoles como si fueran animales, según llegaban derrotados y empobrecidos a la playa de Argeles-sur-Mer, ahora hace ochenta años, es un aldabonazo sobre la deuda que el Estado democrático tiene con los perdedores de la guerra civil.

No es la primera vez, pero sigue siendo una asignatura pendiente del régimen del 78. Lo seguirá siendo, al menos en el plano simbólico, mientras no se respete la bandera republicana en este tipo de actos. Justamente cuando el propio presidente del Gobierno, como dijo ayer, reconoce que “la Constitución de 1978 restauró los valores de la república de 1931”.

Por tanto, y con más razón, me parece vergonzante que el Gobierno socialista no colocase en los actos de ayer, junto a la bandera oficial de España, aquella por la que lucharon los españoles homenajeados. Una ocasión perdida de anudar simbólicamente la fe en los valores del régimen republicano de entonces (libertad, justicia, solidaridad, pluralismo, tolerancia, igualdad ante la ley) con los que asume y defiende la Monarquía parlamentaria de ahora. Son los mismos, por mucho que Ada Colau, Iglesias Turrión, Carles Puigdemont, y los cafres 'indepes' que ayer quisieron amargar el homenaje, se pasen la vida jugando a las siete diferencias.

No ocurrió igual en el precedente inmediato a esta iniciativa de Sánchez. Me refiero a la del expresidente Rodríguez Zapatero, nieto de un republicano fusilado por el bando sedicioso. En pacífica y ejemplar convivencia de la bandera tricolor con la actual bandera oficial de España, transcurrió la visita en enero de 2015, cuando aquel ya llevaba cuatro años fuera de la Moncloa.

Después de visitar en Montauban la tumba de Azaña, Zapatero depositó el preámbulo de la Ley de Memoria Histórica (2007) en un buzón de mensajes dirigidos al presidente de la Segunda República. Aquel retazo del BOE iba acompañado del siguiente texto. “Para rendir un homenaje y un tributo a todas las personas que perdieron la vida, la familia y la patria durante la guerra civil (1936-1939) y la dictadura de Franco (1939-1975)”.

La deuda del Estado democrático con los perdedores de la guerra civil sigue siendo una asignatura pendiente del régimen del 78

También es digna de mención la exposición organizada en el otoño de 2002 por la Fundación “Pablo Iglesias”, cuyo recorrido cronológico iba desde la sublevación militar del 36 hasta el abrazo de don Juan Carlos a la viuda de Manuel Azaña en 1978 ¿Lo ven ustedes? Dos banderas en un abrazo. Lo que ayer olvidó Pedro Sánchez.

Tanto aquel elocuente conjunto de documentos, objetos, fotografías, carteles, como las palabras del actual presidente del Gobierno ante las tumbas de Machado y Azaña nos acercan a la tragedia. Cientos de miles de españoles condenados al desarraigo por haber cometido el terrible delito de ser fieles a un régimen legalmente constituido, que fue derribado en un acto de insumisión armada.

Cientos de miles de españoles condenados al desarraigo por ser fieles a un régimen legalmente constituido y derribado en un acto de insumisión armada

De esa fuerza evocadora me permito remitirles al libro de Andrés Trapiello (“Días y Noches”), documentado precisamente en los fondos expuestos en la mencionada exposición promovida por el exvicepresidente, Alfonso Guerra, en el Palacio de Cristal (Retiro madrileño). En especial, el pasaje donde se describen las emociones de aquellos exiliados cuando, al paso del barco por Gibraltar, rumbo a lo desconocido, España se va diluyendo en el horizonte como “una franja de tierra amortajada de bruma”.

A Machado y Azaña les cubre “el polvo del país vecino” y están bien elegidos como símbolos de la España trasterrada. Pero otros, como el socialista Julián Zugazagoitia o el catalanista Lluis Companys, detenidos en Francia por la Gestapo y devueltos a la España franquista, donde fueron fusilados, también son de “la tierra en que se muere”. La propia.

Al Grano

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