¿Por qué Sánchez teme un cara a cara con Casado?

Con excusas tontas, el presidente del Gobierno sigue negándose a aceptar un debate electoral con el líder del PP

Foto: Pleno del Congreso. (EFE)
Pleno del Congreso. (EFE)

Sánchez me tiene miedo”, dijo ayer Pablo Casado en Alicante, al constatar por enésima vez la negativa del presidente del Gobierno a un cara a cara público y televisado con el líder del PP. Pedro Sánchez sigue dando la callada por respuesta, aunque en Coruña recomendó a los votantes “unirse en torno a los grandes” y denunciar la “vetocracia” de Ciudadanos.

Late en estas palabras del candidato socialista una vaga alusión al bipartidismo en tiempos de fragmentaciones e ingobernabilidad inaugurados en las elecciones del 20 de diciembre de 2015. Pero no predica con el ejemplo. Al menos en lo tocante al desafío de Casado, cuando este insinúa que aquel rechaza el debate a dos por no tener que responder a la pregunta de si volvería a pactar con los independentistas catalanes.

Rasgo inherente a las campañas electorales es la malversación del lenguaje. Y si hay malversación del lenguaje también la hay de la realidad. Por tanto, es obligado desconfiar del patriótico temor de Casado a que Sánchez quiera volver a las andadas repitiendo Gobierno con independentistas, batasunos y comunistas de Podemos, "que han destrozado España durante estos ocho meses”, dijo ayer el líder del PP.

También es obligado poner en cuestión las razones del presidente del Gobierno para justificar su negativa a sostener un cruce con el principal líder de la oposición y alternativa visible de poder. La dirección de este partido lo solicitó formalmente a la Academia de la Televisión el pasado 26 de febrero, en la confianza de que “el PSOE responda afirmativamente y se pueda fijar fecha y formato lo antes posible”, en palabras de Javier Maroto.

Sánchez recomienda a los votantes "unirse en torno a los grandes" y denunciar la "vetocracia" de Ciudadanos. Es una vaga alusión al bipartidismo

La dirección del PSOE, por su parte, se muestra partidaria de un debate a cinco (junto a PP, Podemos, Ciudadanos y Vox), aunque en Ferraz se reservan la decisión de que no sea Sánchez quien participe en el mismo. Pero recela del cara a cara con Casado. La doctrina elaborada en Moncloa y pregonada por el ministro Ábalos como coordinador general de la campaña desde Ferraz consiste en negar al PP la condición de alternativa de poder, por entender que justamente en estas elecciones la está disputando con Ciudadanos.

El argumento socialista desdeña la asentada realidad institucional y se abraza a la cambiante realidad demoscópica. Se atiene a las encuestas. No a la orografía parlamentaria de las últimas elecciones generales. Pero el aún vigente dictamen de la voluntad popular está depositado en las diputaciones permanentes del Congreso y del Senado. Es poco democrático supeditarlo a la mercadotecnia como criterio en la organización de debates entre los candidatos.

La negativa del PSOE al debate desdeña la asentada realidad institucional de las últimas elecciones y se atiene a la cambiante de las encuestas

Los partidos cometen ese pecado en nombre de sus respectivos intereses. Por no reconocerse en la típica reacción de los que van por delante en los sondeos (los que mas tienen que perder), el PSOE se acoge a dos excusas tontas. Una, que tampoco Mariano Rajoy quiso un cara a cara con Sánchez en la campaña electoral del 26 de junio de 2016. Otra, que entre Casado y Rivera no está clara la supremacía de la derecha.

Excusas tontas, insisto, para rechazar un cara a cara televisado con el líder del principal grupo de la oposición, que además es hoy por hoy el grupo mayoritario en las dos Cámaras del Parlamento español. Lo recuerdo, por si acaso: 50 escaños más que el PSOE en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado.

Al Grano

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