Manuel Valls predica en el desierto

Los dirigentes de los tres partidos constitucionalistas (Sánchez, Casado y Rivera) hacen oídos sordos al grito por la centralidad del ex primer ministro francés

Foto: Manuel Valls. (EFE)
Manuel Valls. (EFE)

En una carta abierta del candidato a la alcaldía de Barcelona y ex primer ministro francés, Manuel Valls apelaba hace unos días a la supuesta condición de hombres de Estado de quienes hoy por hoy lideran los tres partidos de teórica adhesión al amenazado orden constitucional.

Pero Sánchez, Casado y Rivera han mirado hacia Valls como las vacas miran al tren. Oiga, ni caso. Silencio administrativo. Ni un triste canutazo. Sin reacciones de quienes deberían responder con una sola voz a los que quieren sustituir democracia representativa por 'momentos decisionistas'. El 'derecho a decidir', sin ir más lejos, vuelve a ser la bandera de la avalancha independentista prevista para este sábado en Madrid.

Los líderes del PSOE, PP y Cs miraron hacia la carta abierta de Valls como las vacas miran al tren. Ni una sola reacción. Ni un triste canutazo

Lejos de fraguar una respuesta conjunta, las relaciones entre las tres fuerzas comprometidas con la Constitución, la monarquía y el régimen del 78 son cainitas. Sus líderes se ladran entre sí y desoyen el grito de Valls por la centralidad y el compromiso de no pactar con los independentistas catalanes, pero tampoco con los populismos de izquierdas ni de derechas.

Ni caso. Casado y Rivera se apedrean por la primacía del centro-derecha mientras pactan en Andalucía con el nacional-populismo de Vox. Casado considera a Sánchez un traidor por aparearse con el populismo de izquierdas y el nacionalismo separatista. Rivera abre una zanja sanitaria entre el PSOE y Ciudadanos frente a futuros pactos. Y Sánchez no descarta en absoluto la posibilidad de volver a gobernar con fuerzas de declarada aversión al orden constitucional y al Rey de España.

Estamos en el cuarto año tonto de la política nacional y no es nada descartable que vuelva el desgobierno imperante desde diciembre de 2015. Seguiremos en las mismas si la matemática del 28-A o la altura de miras de los tres líderes citados no empujan “hacia la construcción de un gran pacto que garantice la gobernabilidad a los partidos constitucionalistas, sin condicionamientos de formaciones ajenas al orden constitucional”.

Así de claro lo tiene Valls. Si Sánchez, Casado y Rivera son incapaces de ponerse de acuerdo en dotar de estabilidad las instituciones, por encima de sus intereses de partido, estarán abriendo camino a una crisis de Estado. Ese Estado cuya presencia en Cataluña echan de menos los tres. O eso dicen. Como lo dice también este candidato a alcalde de Barcelona de acreditada identificación con el régimen del 78 desde que, siendo un cachorro del socialismo francés, celebró en el madrileño Hotel Palace la barrida felipista de 1982.

Treinta y siete años después de haber celebrado en el Palace la barrida felipista del 82, se queja de que “Pedro Sánchez no quiere recibirme”

Treinta y siete años después, le oigo quejarse de que “Pedro Sánchez no quiere recibirme”, a pesar de haberlo intentado en más de una ocasión. Silencio administrativo ha sido la respuesta de Moncloa. Una lástima. Al presidente del Gobierno le vendría bien escuchar las razones de Valls cuando afirma que “Sánchez no entiende el problema catalán”. Y atender sugerencias sobre la necesidad de forjar un alineamiento de los tres principales partidos de ámbito nacional que, entre otras cosas (educación, financiación autonómica, reforma laboral, pensiones), dejase fuera del debate electoral el problema de Cataluña.

Al Grano

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