Debates: ¿un golpe al tablero?

Los cinco se la juegan. El que menos, Abascal, por ausencia. El que más, Sánchez, porque sale de la zona de confort y, en contra de su voluntad, ha de examinarse públicamente

Foto: Todo listo en el Estudio 1 de Prado del Rey de TVE, donde se celebrará este 22 de abril el primer debate a cuatro de la campaña del 28-A. (rtve.es)
Todo listo en el Estudio 1 de Prado del Rey de TVE, donde se celebrará este 22 de abril el primer debate a cuatro de la campaña del 28-A. (rtve.es)

Ansiosos, excesivos, chapuceros y crispados llegan los líderes a los debates de hoy (TVE) y mañana (Antena 3). Ante una ciudadanía cada vez más dispersa en lo político (adiós al bipartidismo). Y tras una operación de publicidad televisiva cuya trastienda dejó dos sonrojantes efectos colaterales. Uno, política nacional en su punto culminante de infantilización. Dos, Gobierno seriamente afectado por el síndrome del piloto borracho (léase estrategas de Sánchez).

Luminosa paradoja: indecisos deciden. Es su momento. Esta noche y mañana, ocasión de probar el género antes de adquirirlo. Con un 40% de indecisos, según la macromuestra del CIS, puede ocurrir de todo. Puede ocurrir incluso que de este debate a doble vuelta, a pocos días de la jornada de votación (28-A), salga una patada al tablero demoscópico que nos entretiene de un tiempo a esta parte.

Además, pasto fresco para la voracidad de los analistas y 'stress-test' para los cinco principales candidatos a la Moncloa. De los cinco, uno sale con ventaja: Vox, el ausente. Aprobado sin presentarse. El único que no arriesga. Como Podemos en su día, Vox crece a la contra de la doctrina Mafalda: “Conocerme es quererme”.

Los candidatos hacen los deberes. Ayer, a solas, sin despegarse del móvil. Hoy, con sus asesores. Ocasión de probar el género antes de adquirirlo

En el caso de los Abascal, Ortega Smith, Herman Tertsch, como antes en el de Iglesias, Echenique, Monedero (los hechos lo han demostrado), con Vox el roce no hace el cariño. Al revés. Al desamor por el conocimiento. Así que los dirigentes de Vox están felices con la exclusión dictada por la Junta Electoral Central porque ya tienen algo ganado: el beneficio de la ausencia.

En la desapacible tarde madrileña del domingo, de primavera traicionada, ideal para encerrarse en casa, hicieron los deberes los cuatro líderes llamados a capítulo para la doble prueba televisiva de hoy y mañana (Casado, Sánchez, Rivera e Iglesias), como opositores en vísperas del examen.

Dos efectos colaterales del laborioso doble debate: clase política en estado de infantilización y Gobierno bajo el síndrome del piloto borracho

Ayer, a solas, sin despegarse del teléfono móvil. Hoy, con sus respectivos asesores. Y las generales del caso: calma, moderación, seguridad, capacidad de encaje, afán comunicativo. Donde se enseña que en un debate televisivo, como en el juego de las siete y media, tan malo es quedarse corto como pasarse. Regla de oro. En los cruces con el adversario, en la búsqueda del equilibrio entre lo propositivo y lo reactivo, en los gestos (ay, cuidado con los planos de recursos visuales), en la compostura. Y, a ser posible, simpatizar con el realizador.

En cualquiera de esos lances del juego puede saltar la liebre, la piedra en el agua estancada de las encuestas, la demolición de las previsiones, la patada al tablero. Más difícil es esperar la novedad en cuestiones de fondo. Ante una opinión publica cada vez más escéptica y más distanciada de la clase política convencional (de ahí el éxito del populismo), no esperemos por ahí las novedades capaces de modificar el escenario demoscópico. Si se producen alteraciones, no vendrán de los programas, o de anunciar medidas puntuales, aunque no descartemos que quieran sorprendernos con algún 'bombazo' formulado con la indisimulada intención de convertirlo en titular del día después.

Los cinco se la juegan. El que menos, Santiago Abascal, pues se queda con el beneficio de la ausencia. El que más, Pedro Sánchez, porque sale de la zona de confort (disfruta de la derecha rota mientras guarda un silencio táctico sobre asuntos donde su posición es más frágil, como sus eventuales apareamientos) y, en contra de su voluntad, se ve obligado a examinarse públicamente. Dos veces, a falta de una.

Para quien va ganando sobradamente en los sondeos, abandonar su calculado distanciamiento (el gasto lo hacían otros) siempre es un riesgo. Precisamente porque quien va ganando es el que más tiene que perder. Cualquier error puede ser fatal para el PSOE en nuestra excitable democracia de último minuto.

Al Grano

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