¿Hay pacto de Sánchez con el independentismo?

Se la juegan Casado y Rivera cuando dicen que PSOE y ERC han hecho teatro con la malograda candidatura de Iceta para el Senado

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

Ante una plaza de toros de Mérida abarrotada, el presidente en funciones se vio en la necesidad de recordar que “la Constitución es la patria de todos”. Mensaje a PP y Ciudadanos, en cuanto también se ven en la necesidad de denunciar supuestos pactos secretos de Sánchez con el independentismo.

La denuncia cursa como prueba de apego al orden constitucional amenazado en una parte de España. El desapego de quienes lo amenazan se refleja mañana en la exclusión del independentismo de las Mesas del Congreso y del Senado por decisión estratégica de Moncloa. Y si hubiera complicidades para ganarse su apoyo en la investidura, dentro de dos semanas, los ministros Ábalos y Celaá no andarían por ahí recordando que la matemática ofrece a PP y Cs la posibilidad de impedirlo.

Aunque ayer se refirió a “la derecha de las tres siglas”, Sánchez miraba hacia las fuerzas políticas lideradas por Pablo Casado y Albert Rivera, que no pierden ocasión de referirse a él como un peligroso agitador de la España plurinacional cuya misión en la vida es reventar el artículo 2 de la Carta Magna.

La gente no es idiota. Las mentiras tienen vuelo corto. Se la juegan Casado y Rivera cuando dicen que PSOE y ERC han hecho teatro en el caso Iceta, desconfiando del ataque de contrariedad sufrido por los partidos independentistas, hasta el punto de frenar en seco la candidatura de Iceta para presidir el Senado.

PP y Cs no pierden ocasión de referirse a Sánchez como un peligroso agitador de la plurinacionalidad que quiere reventar el artículo 2 de la Constitución

Ahora, PP y Cs ven en las nominaciones de Meritxell Batet y Manuel Cruz, que presidirán las dos Cámaras que mañana se constituyen, una vía abierta por el líder socialista hacia una España plurinacional compatible con la Cataluña soñada por Oriol Junqueras en el camastro de Soto del Real. Pero sus pruebas de convicción son endebles, oportunistas y mal traídas de antiguas declaraciones de los nominados (indultos, plurinacionalidad, derecho a decidir).

En todo caso, esas pruebas decaen frente a las concluyentes y reiteradas declaraciones de Pedro Sánchez sobre el innegociable perímetro constitucional y estatutario, donde no caben el derecho de autodeterminación ni el referéndum para decidir la desconexión de una parte del territorio nacional. Lo que sí cabe es el diálogo como método de una política apaciguadora, cuya resultante siempre tendrá que ver con la mejora del autogobierno de Cataluña y nunca con la independencia.

Las derechas ven en las nominaciones de Batet y Cruz para presidir Congreso y Senado una vía abierta por Sánchez hacia una España plurinacional

Que Sánchez haya puesto en danza los nombres de Iceta, Cruz y Batet a punto de arrancar la nueva legislatura pretende mejorar la visibilidad de la Cataluña que razona en nombre de un Estado acogedor pero no claudicante, frente a la Cataluña que ladra contra un imaginado Estado represor.

Mi colega y amigo Francisco Rosell utilizaba ayer la figura del conductor que señaliza un giro con el intermitente contrario. Por despistar a los otros conductores. Pero ese supuesto engaño, denunciado por los dirigentes del PP y de Cs, no está bien documentado en lo tocante a las reiteradas advertencias sobre un Sánchez ansioso de volver a las andadas junto a “comunistas y separatistas”.

Poner en danza los nombres de Iceta, Cruz y Batet pretende mejorar la visibilidad de la Cataluña que razona frente a la Cataluña que ladra

Al discurso de Casado y Rivera le va bien un Sánchez vendido a Junqueras y Torra. Si la realidad no colabora, torturemos la realidad. Dígase lo mismo por el otro lado. El independentismo se alimenta de un Sánchez al servicio del Estado represor con peligrosos defensores del 155 entre sus filas, como Iceta, Batet y Cruz.

A veces, la política se convierte en un contradiós. Y en eso estamos.

Al Grano
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