La España política, al borde de la esclerosis

Repetir las elecciones para mejorar las posiciones de poder y volver a las andadas, empeorando la mejora calculada por los guionistas de Sánchez, es hacer un pan de obleas

Foto: Albert Rivera, tras los resultados de este 10-N.
Albert Rivera, tras los resultados de este 10-N.

Ya no es una España bloqueada sino una España al borde de la esclerosis. Eso dicen las urnas del 10 de noviembre. Repetir las elecciones para mejorar la posición ante la conquista del poder y volver a las andadas, empeorando la mejora calculada por los guionistas de Sánchez, es hacer un pan de obleas.

Y eso es lo que ha ocurrido:

Que los votantes castigan a los responsables de una repetición electoral nunca bien explicada (PSOE y Ciudadanos, los grandes derrotados). Que la España política sigue bloqueada, pero con menos salidas que antes a izquierda y derecha. Que se debilita el centro y se encrespa la periferia, pues retrocede la moderación y avanza la crispación (patriotas de Vox y patriotas del bloque independentista, grandes beneficiarios). Y que España va camino del quinto año tonto de la política nacional.

Se debilita el centro y se encrespa la periferia (Vox e independentistas, grandes beneficiarios). Y la España política va hacia su quinto año tonto

Son los vectores de una noche trágica que pudo evitarse si tras las elecciones del 28 de abril los intereses generales se hubieran impuesto a los de partido. La carga de la prueba recae sobre Pedro Sánchez y Albert Rivera, que se ciscaron en una mayoría absoluta (180 escaños) capaz de superar en clave de centro-izquierda el doble reto de la estabilidad institucional por un lado y el desafío separatista por otro. Los dos salen políticamente tocados de las elecciones de ayer.

El PSOE ni siquiera alcanzó el umbral de los 123 diputados del 28 de abril y se deja 750.000 votos en su temeraria apuesta del 10-N. No cuela proclamarse ganador de las elecciones. Se notó en la gestualidad del líder socialista, presa de un visible ataque de contrariedad frente a los militantes que acudieron a 'celebrar' la amarga victoria frente a la sede de la calle Ferraz.

Más autocrítico estuvo Rivera. Sabe que el cordón sanitario al PSOE previo a las elecciones de abril y la espantada catalana (qué manera de tirar por la borda la primacía de las últimas elecciones autonómicas) han cavado su tumba política.

El cordón sanitario al PSOE y la espantada catalana (tiró por la borda su primacía en las últimas autonómicas) cavaron la tumba política de Rivera

Anoche no dimitió, que es lo que procedía ante un descalabro cantado en todas las encuestas, pero creó las condiciones de su relevo en la inminente reunión de la dirección del partido o en el congreso anunciado anoche por él mismo, donde se espera que aflore el malestar larvado durante estos últimos meses y alcen la voz los dirigentes de Cs dispuestos enseñar a Rivera la puerta de salida.

No funcionaron las llamadas a la participación. Los cinco puntos más de abstención respecto al 28 de abril perjudicaron a los partidos de la centralidad, los más comprometidos con la Constitución (solo mejoro su facturación el PP, en 22 escaños, insuficiente para erigirse en alternativa de gobierno), y favorecieron notablemente a los votantes más movilizados. Por un lado, el independentismo catalán, encendido por la ira contra la sentencia del Supremo. Por otro, la alternativa 'patriótica' de Vox, alimentado a su vez por la aversión a los independentistas (“a por ellos”, gritaban anoche los seguidores de Abascal) y, sobre todo, por el malestar de una ciudadanía que así castiga a unos políticos incapaces de hacer sus deberes en materia de gobernabilidad.

Al Grano
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