Sillón o principios, principios o sillón

Los eventuales costaleros de Sánchez (ERC) reiteraron ayer tarde en el Parlament la defensa del derecho de autodeterminación y la reprobación de la monarquía

Foto: El candidato socialista, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, junto al portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en la segunda votación de su investidura. (EFE)
El candidato socialista, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, junto al portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en la segunda votación de su investidura. (EFE)

En el entorno de Pedro Sánchez, se habla de “escenificación” y “pragmatismo” como claves de una venidera rebaja en las exigencias de los dirigentes de ERC. Te invitan a distinguir entre 'lo que son' y 'lo que están dispuestos a ser', cuando aún está fresco el 94% de militantes partidarios de impedir la investidura si el aún presidente en funciones no se rinde.

Sillón o principios, principios o sillón

El precio es la coherencia. El órdago, reforzado sobre los 13 diputados de ERC llamados a facilitar la gobernabilidad del Estado que quieren destruir, coloca a Sánchez ante un dilema de propia supervivencia política. El sillón o los principios. Los principios o el sillón.

Imposible salvar las dos cosas a la vez, a menos que solo haya teatro y simulación en todas estas cosas: mandato de la militancia republicana, reafirmación secesionista de ayer tarde en el Parlament (derecho de autodeterminación y reprobación de la monarquía, por vía de enmiendas), miedo existencial a que los de JxCAT acusen a ERC de colaboracionismo con 'el Gobierno del 155' y ponencia política de su inminente congreso (llamadas a la movilización, sin descartar la desobediencia civil), convocado para el próximo 21 de diciembre.

El resorte persuasivo de los guionistas de Sánchez sigue siendo el miedo a un Gobierno derechoso con aversión al diálogo. Pero no ha hecho mella

El resorte persuasivo de los guionistas de Sánchez sigue siendo el miedo a un Gobierno derechoso con aversión al diálogo. Pero no ha hecho mella en la contraparte. Algunos pensamos que incluso puede ser al revés. Es decir, que prefieran tenérselas con un Gobierno inspirado en el fundamentalismo constitucional, sin Sánchez, como el que propone José María Aznar (Casado prefiere que el primer paso lo dé Ciudadanos). Ese escenario, deseado por el ala más radical de ERC, reactivaría el discurso soberanista contra la España represora y antidemocrática.

Podemos hacer quinielismo o ser todo lo creativos que nos dé la gana, como corresponde a la chispeante voracidad del tertuliano (mea culpa), pero no veo por ninguna parte que, de momento, a ERC le convenga más hacer presidente a Sánchez que ganar las elecciones a JxCAT en las autonómicas.

Insisto: sillón o principios, principios o sillón. Dilema de Sánchez equivalente al que le plantea Marta Vilalta, portavoz de la contraparte en los tratos partido a partido que comienzan mañana en Barcelona. A saber: mesa negociadora España-Cataluña o investidura fallida, dando por sentado que la negociación afectará al “conflicto político con el Estado”. Algo que nunca reconoció el PSOE. ¿Lo reconocerá ahora desmintiendo al propio Sánchez y su doctrina sobre el problema de “convivencia entre catalanes”? Si no lo reconoce, es que “no se ha movido”, según Vilalta. Y si no se mueve, es que ha elegido investidura fallida.

Después del inequívoco mandato de la militancia, carece de lógica que los 13 escaños de ERC en el Congreso ayuden a Sánchez por acción u omisión

No hay más, salvo que la malversación de las palabras utilizadas nos lleve a la malversación de las intenciones declaradas por una y otra parte. Cosa que, naturalmente, nadie puede descartar en la España confusa y desalentada que hace unos días plasmaba El Roto en una de sus viñetas: “¿A quién votaste el otro día?”, “ya se me ha olvidado”, responde el otro.

Después del inequívoco mandato de la militancia, carece de lógica que los 13 escaños de ERC en el Congreso puedan devenir en costaleros de Sánchez por acción u omisión, ni en primera ni en segunda votación, sin asumir previamente lo que es inasumible: bilateralidad, autodeterminación, amnistía y otras formas de desbordamiento de la Constitución y el Estatuto sin reforma previa de los mismos.

Si Sánchez se rinde a eso, estaría iniciando el tramo final de su carrera política. Y si no se rinde, es muy dudosa su continuidad en Moncloa, tras su malograda esperanza en la “mayoría cautelosa” y la “fuerza tranquila” del constitucionalismo.

Al Grano
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