Junqueras y la transversalidad

Las exigencias de Moncloa y Ferraz a ERC se centran en el apoyo a la investidura, aunque sea por omisión (abstención), y el apoyo de al menos los dos próximos PGE

Foto: Gabriel Rufián junto a una foto de Junqueras en un cartel en el que se pide su amnistía. (EFE)
Gabriel Rufián junto a una foto de Junqueras en un cartel en el que se pide su amnistía. (EFE)

El inconfesado objetivo de desalojar a JxCat de la Generalitat, en negociada complicidad con los socialistas de Iceta y los comunes de Colau, es el motor de los negociadores de ERC en sus tratos con Lastra, Illa y Ábalos. La segunda sesión está convocada para mañana por la tarde en el Congreso.

A diferencia de los enviados de Sánchez, los “republicanos” no tienen prisa. De momento, aguardan el resultado de la primera sentada socialista con Borrás y Nogueras (JxCat), una hora antes. Servirá para constatar que Rufián, Vilalta y Jové se mueven entre el deseo de compartir el poder con el PSC, como ya hacen en cuarenta ayuntamientos, y el temor de que encamarse con “el partido del 155” dispare la cotización de JxCat.

En cuanto a la marcha del diálogo, no se sienten impresionados por las iniciales referencias de la contraparte a una mejora de la financiación, más inversiones del Estado y mayores cotas de autogobierno.

Los negociadores de ERC se mueven entre el deseo de compartir el poder con el PSC y el temor de que encamarse con “el partido del 155” dispare a JxCat

Desde la cárcel Oriol Junqueras espera acontecimientos (vísperas congresuales en su partido, posible inhabilitación de Torra, clima preelectoral en Cataluña, reaparición de Artur Mas) sin retirar su ojo vago de Torra y Puigdemont, con los que disputa una singular carrera de sacos hacia la Cataluña como “unidad de destino en lo universal”, según formulación del fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera. Dedicada a España, claro, aunque le viene pintiparada a la quimera independentista que envenena los sueños de media Cataluña frente a la otra media.

Inspirado en el hambre atrasada de normalidad de los catalanes, Junqueras pretende superar esa dramática factura mediante su pregonada apuesta por la transversalidad, reproduciendo allí la misma ecuación de gobernabilidad que en el resto de España más el “derecho a decidir” pactado.

En Moncloa y en Ferraz han puesto precio a la apuesta. A pagar por adelantado. Convertir a los 13 diputados “republicanos” en costaleros de Sánchez. Es decir, apoyar la investidura, aunque sea por omisión (abstención), y “apoyo de al menos los dos próximos Presupuestos Generales del Estado”, según me dicen en fuentes muy próximas al presidente en funciones.

Los de Junqueras no se apean de la autodeterminación y la amnistía como disolventes del “no” a la investidura. Si es que se lleva a cabo

El peaje exigido por los socialistas mantiene muy alejadas las posiciones. En ERC no se apean de la autodeterminación y la amnistía como disolventes del “no” a la investidura. Si es que se lleva a cabo. “No iremos a una investidura fallida”, dicen en el entorno del presidente en funciones.

Los de Junqueras, claves de la fumata blanca, ponen condiciones negociables para los socialistas de Iceta (PSC, Illa) e inasumibles para los de Sánchez (PSOE, Lastra y Ábalos), más allá del mutuo reconocimiento de estar afrontando un conflicto “político”, lo cual es considerado un avance por la parte independentista. Pero eso no significa cesión de una u otra parte. Calificar de “político” el conflicto de Cataluña (no es “militar”, “taurino”, “sanitario” ni “artístico”, claro) es una obviedad.

El problema es determinar si se aborda dentro o fuera del vigente marco legal. Lo cual tiene que ver con la voluntad de las partes. Tan “político” es abordarlo dentro como fuera de la Constitución. La diferencia es de principio. El del respeto al orden jurídico, si previamente no se ha reformado. Eso nos libra de la arbitrariedad y de la tiranía. Y en eso está el PSOE y el Gobierno en funciones. De vez en cuando, la vicepresidenta, Carmen Calvo, nos deja una dosis de recuerdo: “El derecho de autodeterminación no existe. No pasaremos por eso”.

Calificar de "político" el conflicto de Cataluña es una obviedad. Por supuesto que es "político", no "militar", "taurino", "sanitario" ni "artístico"

Y hace muy bien, porque en este punto los silencios o las medias palabras alimentan el insidioso discurso derechista sobre la supuesta claudicación de Sánchez ante “los enemigos de España”. Los que no están en ese respeto al orden constitucional son los negociadores de ERC.

Es muy grave difundir la sospecha de que Sánchez pudiera ser investido al precio de reconocer el derecho a la desconexión de una parte del territorio nacional. Pero en la ponencia política que ERC llevará a su congreso del 21 de diciembre no se descarta un nuevo referéndum ilegal, mientras se apuesta por la movilización y la desobediencia civil. Y este fin de semana, la negociadora Marta Vilalta ha dicho negro sobre blanco que a su partido no le incumbe la gobernabilidad de España sino la solución política del conflicto. Qué pereza.

Al Grano
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